Con unos versos de Miguel Aguilar Carrillo y la petición de un minuto de silencio llegó Javier Sicilia este lunes al Zócalo de la capital mexicana, de donde partió junto a catorce autobuses hacia el sur el pasado 9 de septiembre.

En su recorrido, la Caravana al Sur del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que lidera el poeta ha atravesado nueve estados, manteniendo encuentros con víctimas de la violencia y organizaciones sociales que reclaman el cambio ante una situación que califican de "emergencia nacional" y que se ha cobrado la vida de 50.000 personas, a las que se suman 10.000 desapariciones, además de refugiados y desplazados.

El recorrido no ha estado libre de incidentes y, a su paso por Veracruz, la organización se vio obligada a pedir un refuerzo de la seguridad ante la alerta de una posible emboscada, según explicó el Movimiento por la Paz.

La organización pacifista anunció que, tras recorrer el norte y el sur del país, prepararán una tercera marcha hacia los estados del Pacífico.

El modelo económico, culpable

Para Sicilia la situación que vive el país es de "emergencia nacional", una emergencia que "hemos visibilizado a lo largo del país en los dolores de sus víctimas de la guerra, en las injusticias estructurales del sistema, en la corrupción y la impunidad del Estado", aseguró en su discurso.

El poeta, muy crítico con las políticas contra el crimen organizado del actual presidente Felipe Calderón, culpa también de la situación al "modelo económico". "Durante estos once días hemos visto que la herida abierta en Ciudad Juárez –a causa de la fallida estrategia de guerra del presidente Calderón– se ha ido extendiendo como una gangrena hacia el sur del país para juntarse con los dolores ancestrales que viven los pueblos indios y las comunidades del sur –Guerrero y Veracruz se han convertido hoy en día en réplicas de Ciudad Juárez, Monterrey y Tamauliupas–. Ambos agravios, que llevan a cuesta sus dolores y sus muertos, son el producto del modelo económico".

El desmantelamiento del campo, caldo de cultivo para el narco

A las palabras de Sicilia le precedieron las de Gabino Gómez, un campesino que advirtió: "Hace 30 años empezamos a luchar en contra del desmantelamiento del campo mexicano; estuvimos en este Zócalo peleando por que el campesino no desapareciera y no nos hicieron caso; hoy cuántos campesinos están sepultados en los desiertos de Sonora, de Arizona y Nuevo México que tuvieron que irse del campo mexicano, cuántos jóvenes campesinos son caldo de cultivo del crimen organizado".

Para Gómez, la situación actual es producto de las políticas que se implantaron hace treinta años. Y es hora de decir basta: "Hoy el crimen lo tenemos en todas partes. No podemos aceptar que sigan matando a nuestros jóvenes, secuestrando. Creíamos que habíamos visto todos los horrores, y qué sorprendidos nos quedamos cuando cada vez vemos nuevos horrores".

Gómez quiso hablar del caso de Emma Veleta, una mujer de Chihuahua que vio cómo "hombres armados vestidos con chamarras de la Policía Federal y acompañados por policía municipal" se llevaron a ocho miembros de su familia mientras celebraban un encuentro familiar el pasado agosto.

"¿Cómo podremos permanecer indiferentes?", se pregunta Gabino Gómez, que se reconoce "derechohumanista". "Estos relatos los escuchamos todos los días; en Chihuaha ya no sabemos si se trata de criminales o de policías porque se visten igual, ya no los distinguimos".

Movimiento de unidad

'19 de septiembre no se olvida' fue una de las consignas más repetidas en la plaza. Porque en el mismo día en el que la Caravana Sur finalizaba su recorrido, el Distrito Federal conmemoraba el terremoto que en 1985 acabó con la vida de 3.692 personas según el recuento oficial, pese a que las autoridades reconocen que podrían ser muchas más.

En ese recuerdo, el Movimiento por la Paz no estaba solo. En la plaza, al menos una decena de pancartas de diversas organizaciones sociales apoyaba a los caraveneros, entre ellas Central Unitaria de Trabajadores, Patria Nueva, Barzón Federación, Uprez Centro, Frente Amplio Contra la Supervía Poniente y Movimiento Alternativa Social, además del Sindicato Mexicano de Electricistas que protesta por el despido de 44.000 trabajadores. Su líder, Martín Esparza, recordó cómo tras aquel sismo se logró recuperar el 80 por ciento del suministro eléctrico en 24 horas.

"1985 representa el nacimiento de esa sociedad civil que se hermanó con los pueblos, que se tendió la mano frente a la incapacidad y la corrpción de los gobernantes", aseguró un portavoz de Movimiento por la Paz. "26 años después estamos de nuevo en una emergencia nacional" ante la cual "nos declaramos un movimiento de unidad en contra de Calderón".

"Una víctima más"

Tras las principales intervenciones, ya de noche, tomaron la palabra algunas de las víctimas de la violencia que han acompañado a la caravana, todos ellos presentados de la misma manera: "una víctima más". Así, dieron testimonio Gustavo Castañeda y Amada Fuentes, cuyo hijo desapareció en 2009, o Rosa Cano, madre de Mario Alberto Morales, privado forzasamente de su libertad desde el 2 de julio de 2010.