La libertad de indiferencia

Sin duda, esta pregunta surge al reflexionar acerca de qué idea se tiene actualmente de la moral. Hoy hemos de percibir la diferencia entre las morales de la obligación y de la ley y las morales de la felicidad y de las virtudes. La primera corriente centra toda la moral en la decisión, considerando que esta es un puro hecho individual; en primer término se basa en una concepción de la libertad que tiene su origen ya a comienzos del siglo XIV, cuyo elaborador fue Guillermo de Ockham. Se trata de la libertad entendida por completo como aquello que da el poder de elección entre dos cosas contrarias, entre el sí y el no, realizando esta decisión únicamente a partir de ella misma (siendo así una especie de voluntad de poder autoafirmada). Es una libertad que consiste en una indeterminación o indiferencia radical de la voluntad respecto de cosas contrarias. He aquí que estamos hablando de la llamada voluntad de indiferencia, la cual queda prácticamente identificada con la voluntad como poder de autodeterminación. La libertad de indiferencia engendra, paradójicamente, una moral centrada en torno a la obligación y a la ley.

Por una moral de las virtudes. La libertad de calidad

La segunda sistematización de la materia moral que hemos mencionado, la moral de la felicidad y de las virtudes, es la característica de los Padres de la Iglesia y de santo Tomás de Aquino, y de ella encontramos también modelos en algunos filósofos del antiguo mundo griego: Aristóteles sobre todo. Posee este modo de enfocar la moral una concepción bien distinta de la libertad. Según sus enseñanzas, la libertad es el poder de obrar con calidad y perfección cuando se quiere; es una libertad que pertenece tanto a la razón como a la voluntad, esas dos potencias del ser humano. Es la denominada libertad de calidad, la cual engendra una moral basada en el atractivo de la verdad y del bien, en el deseo de la felicidad, centrada ésta en torno a las virtudes y orientada hacia la calidad y la perfección.

Definición de virtud

Y esto es lógico, puesto que la virtud no es un hábito si por 'hábito' entendemos aquello formado por la repetición de actos materiales que engendran en nosotros un mecanismo psíquico. No. La virtud es una capacidad personal de acción, el fruto de una sucesión de actos de calidad, un poder de progreso y de perfeccionamiento. Es lo que, siguiendo a Aristóteles, se llama habitus; aquí sí podemos decir que la virtud es un hábito: un hábito electivo que se define por su connaturalidad con el bien.

La pregunta moral esencial: ¿quién quiero llegar a ser?

De las dos sistematizaciones de la moral que hemos presentado solamente una está en condiciones de responder satisfactoriamente a la pregunta moral: ¿quién quiero llegar a ser? La moral de la felicidad y de la virtud, basada en la libertad de calidad, nos muestra cómo los actos humanos son considerados en la perspectiva de un fin último, donde se realiza la felicidad del hombre y dondelas virtudes aseguran un progreso continuo hacia ese fin. De este modo, los actos morales están unidos entre sí y establecidos en la duración, es decir, e una sucesión ordenada por la finalidad. Al mismo tiempo, la virtud se inscribe en la duración e incluso la produce de algún modo: la virtud constituye el progreso de la persona y de sus actos, transforma el tiempo en duración. Esta moral reposa, en fin, en la ordenación natural del hombra a su felicidad, a la percepción del bien; he aquí el fin último del hombre, al cual no puede renunciar y al cual no se le puede impedir aspirar.

Las inclinaciones naturales

Sin embargo, para una moral de la ley y para todo aquel que se guíe por ella, esta ordenación a la felicidad queda sometida a la libre elección contingente de la libertad humana. Esto supone una indiferencia de la libertad ante las inclinaciones naturales: la libertad de indiferencia las excluye del acto libre al someterlas a la elección. Puesto que todas las inclinaciones naturales están reunidas en la inclinación al bien o a la felicidad, en el momento en el que ésta queda sometida a la libre elección y su arbitrariedad se produce la ruptura entre inclinaciones naturales, libertad y moral. Y no solo eso. Esto lleva aconsiderar que las inclinaciones naturales son algo así como impulsos de origen atávico y de orden inferior. E incluso se llega al hecho de oponer inclinaciones naturales y libertad, lo cual es muy propio del pensamiento moderno. Y esto es así por la grave crisis y el fuerte ataque que sufre el concepto de ley natural. Ataque que viene sufriéndose desde Ockham. Sin embargo, la doctrina de las inclinaciones naturales −como recuerda Servais Th. Pinckaers− es constitutiva de la ley natural y suministra su base a la primera moral. En esta ruptura estaría la respuesta a la pregunta con que iniciábamos el presente artículo.

Nota. La lista de las cinco inclinaciones naturales es la siguiente: 1. la inclinación al bien; 2. la inclinación a la conservación de la existencia; 3. la inclinación a la unión sexual y a la educación de los hijos; 5. la inclinación a la vida en sociedad.