La mononucleosis infecciosa puede darse en casos aislados, pero es mucho más frecuente observarla en epidemias. También se conoce como fiebre glandular o enfermedad de Pfeiffer y, más popularmente, como la enfermedad del beso, ya que se transmite a través de la saliva. Igualmente puede transmitirse bebiendo del mismo vaso de una persona infectada o compartiendo comida o bebida. De todos modos la posibilidad de contagio es relativamente baja. En la mononucleosis infecciosa se observa una prevalencia elevada en la adolescencia, aunque puede contraerse la enfermedad a cualquier edad. Su periodo de incubación oscila entre los 7 y 14 días.

Virus de Epstein Barr

La mononucleosis infecciosa está ligada, la mayor parte de las veces, al virus de Epstein Barr, un virus de la misma familia que el herpes. En algunas ocasiones también puede desarrollarse la enfermedad por la intervención de microorganismos como el citomegalovirus, y en menor medida, por el toxoplasma gondii.

El virus de Epstein Barr también se asocia a otros tipos de enfermedad, como el linfoma de Burkitt africano, el carcicoma de nasofaringe indiferenciado y las enfermedades linfoproliferativas.

En realidad el virus de Epstein Barr afecta a la mayoría de las personas en algún momento de su vida. Suele ocurrir durante la etapa infantil y sus síntomas no se distinguen de otros procesos infecciosos leves propios de la infancia. En estos casos se desarrolla una inmunidad adaptativa con anticuerpos que previenen futuras infecciones. Sin embargo, cuando sucede en la adolescencia o en la etapa adulta, la mononucleosis infecciosa puede desarrollarse en un porcentaje que oscila entre el 35% y el 69% de los casos.

Sintomas de la mononucleosis infecciosa

La mononucleosis infecciosa se caracteriza por una serie de síntomas que se presentan en un proceso más bien lento, y que se traduce en una indisposición general donde destaca la fatiga, el dolor de cabeza y un dolor de garganta que tiende a empeorar con el tiempo. Posteriormente se inflaman las amígdalas y los ganglios linfáticos del cuello, tornándose dolorosos.

El aumento en el tamaño del bazo es otro síntoma que se presenta con frecuencia. También puede aparecer una erupción parecida a la del sarampión. Los antibióticos no deben administrarse nunca en este caso si, anteriormente, no ha habido una prueba positiva para estreptococos. Somnolencia, fiebre, falta de apetito o dolores musculares son otros síntomas asociados a la mononucleosis infecciosa.

Existen, no obstante, otros síntomas menos frecuentes que también conviene tener en cuenta. Algunos de ellos son:

  • Dolor torácico.
  • Urticaria.
  • Tos.
  • Rigidez en el cuello.
  • Dificultades al respirar.
  • Sensibilidad a la luz.
  • Sangrado nasal.
  • Alta frecuencia cardiaca.

Tratamiento de la mononucleosis infecciosa

El objetivo fundamental del tratamiento para la mononucleosis infecciosa consiste en lograr un alivio de los síntomas asociados, ya que el tratamiento específico contra el virus no existe. Medicamentos como los esteroides o los antivirales se desaconsejan por su escasa o nula efectividad. Se recomienda el uso del paracetamol o el ibuprofeno para aliviar el dolor y la fiebre.

Hay actitudes que favorecen la recuperación, como la ingestión abundante de líquidos, hacer gargarismos con agua caliente con sal y procurarse el máximo reposo posible.

En los casos más graves pueden surgir complicaciones como la anemia, la hepatitis, la inflamación de los testículos, infección bacteriana secundaria de la garganta o la ruptura del bazo, por lo que en este último caso se desaconseja practicar deportes de contacto. Otras complicaciones de tipo neurológico, muy poco habituales, son las crisis epilépticas, la meningitis, el síndrome de Gillain-Barre, la parálisis de Bell o la ataxia.

Lo habitual en estos procesos es que la fiebre remita al cabo de unos diez días, mientras que la inflamación de los ganglios, al igual que la del bazo, lo hagan en un plazo de unas cuatro semanas. La fatiga también suele desaparecer al cabo de unas pocas semanas, aunque en algunos casos puede persistir durante unos dos o tres meses.

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