Tras el largo periplo de La cena de los idiotas junto a Josema Yuste, aterriza con una antología de monólogos de primera línea. Actor grande, cómico fuera de serie, capaz de seguir sorprendiendo.

Cuando ya las luces de los teatros se han apagado, cuando Madrid se queda aterida, todo el mundo a refugio o alargando la juerga del viernes hasta lo inconfesable... Agustín Jiménez entrega con una hora y media de risas como una inyección de ilusión y esperanza de larga duración: Antología en el Infanta Isabel, tras largo éxito en febrero y marzo, a partir del 26 de marzo, todos los lunes a las 20,30, un auténtico show magistral del aquí y ahora auténtico rey de la comedia made in Spain, donde comparte cartel con Tócala otra vez, Sam, otro gran acierto dentro del buen humor.

Primera parte electrizante

A medida que la sala se va llenando, el cómico está en el escenario recibiendo con chascarrillos simpáticos y cariñosos. Jamás esgrime bromas pesadas con el público, siempre lo mantiene de su lado, como uno más de la pandilla. Un acierto colosal porque logra adeptos en ambos sexos, pues para todos hay material abundante para reírse de uno mismo sin dañar los sentimientos de nadie.

Cuando el jefe de sala le da el OK, que ya están las butacas ocupadas y puede comenzar su espectáculo, entonces Agustín Jiménez asume los personajes de sus monólogos. Si no se le hubiera aplaudido en La cena de los idiotas podría pensarse que es el "clásico" cómico que se aferra a cuatro cosillas que provocan gracia, y punto.

Pero no, Jiménez es un actor con mucha formación y suficiente cultura como para arrancar con su admirable monólogo sobre los países, en el que no se salva nada ni nadie de su ironía y su combinación tan particular de ingenuo sarcasmo y cariñosa burla. Desde luego muchas veces a lo largo del espectáculo, apostilla: "sin ofender, con cariño".

Segunda parte insuperable

Ya en este recorrido pilla un poco de todo de sus diez años "hablando solo": el mundo gira, España se detiene, la vida deja de andar a tumbos con sus crisis y sus preocupaciones y con un público muy variado, donde se dan cita varias generaciones, aunque prevalezcan los más jóvenes,

el actor se encarama en cualquier tema, busca la complicidad de los espectadores y según se entrometan, así actúa.

Utiliza su enorme capacidad de improvisación para mezclarla con lo que su público le diga. El apoyo es incondicional, pero nunca se sabe con qué le van a salir. Nada le atemoriza. Se burla de sí mismo y —como dicen las maravillosas chirigóticas— "de ti mismo también". Y lo aprovecha todo hasta que en el momento adecuado continúa con su guión.

Un momento estelar es la Fábula del clítoris con el clítoris encarado como portero de discoteca: se pone las manos a la cabeza y "es" el adorado y complejo órgano femenino que no quiere dejar entrar a un pene que también interpreta en un diálogo fantástico con aplausos y ovaciones entremedias. No entro en detalles. Hay que verlo y escucharlo y no parar de reír dentro de un contexto en el que se reflejan perfectamente las difíciles relaciones sexuales hombre-mujer: "por aquí no pasas y no se te ocurra intentar entrar por la puerta de atrás, que te conozco".

Agustín Jiménez: el rey de la comedia

El broche de oro es su célebre monólogo acerca del Macho Ibérico, un poco reducido o completo, según vaya la noche, porque es tan intensa la relación con el público que el espectáculo puede durar una hora y cuarto o casi dos horas. La fiesta es continua, el gozo del actor muy grande y el placer de los espectadores ilimitado; desde el primer momento no hay nadie que no quiera recibir el generoso baño de risas y solidaridad, porque, al fin de cuentas, Agustín Jiménez, como perfecto rey de la comedia, logra demostrar que nuestro aliento es limitado, que nuestras virtudes son poca cosa y qué mejor que reírnos de nosotros mismos "y de ti mismo también".

Atención: gran comunicación con el público, pero nunca abusa de ese poder; no se mete con nadie, a nadie le pide que suba al escenario a hacer monerías ni nada parecido. Un cómico, un actor, un amigo, un hermano.

Hasta el 25 de febrero, sólo los viernes y sábados a las 23,45 horas, luego sólo los lunes a las 23,30 horas. Desde el 26 de marzo, todos los lunes a las 20,30. El singular universo de un actor potencialmente ingenioso y divertido con una técnica superior para la interpretación, impúdico y encantador, capaz de hacerse querer por hombres y mujeres.