La instalación temporal, presentada al público a partir del 7 de febrero hasta el 6 de mayo de 2012 por el Museo Thyssen Bornemisza, forma parte de una actividad expositiva que presentará periódicamente un novedoso montaje de obras procedentes de la pinacoteca con el propósito de establecer un diálogo entre pintura antigua y moderna.

De Stijl, origen de un movimiento

En 1917 el artista Van Doesburg dio vida a un antiguo proyecto: la fundación de una revista, titulada “De Stijil “, con una tirada inicial de 1.000 copias y con una condición dictada por él mismo: “La revista se ocupará de artes figurativas e industriales, si tendrá éxito la ampliaré enormemente con música y literatura.” El editor, Harms Tiepen de Delft, era el alma mater y quienes aportaron las energías fundamentales que dieron vida al proyecto, como el mismo Van Doesburg dijo, fueron Mondrian y Van der Leck.

Uno de los pilares de la revista fue la correlación entre las artes figurativas y la arquitectura, de hecho entre los colaboradores de “De Stijil” había tantos arquitectos cuantos representantes de las artes figurativas.

Desde el principio, pero, no faltaron las divergencias de opinión entre el grupo de Laren, representado por Mondrian y Van der Leck y el grupo de Leida y Voorburg, representado por Van Doesburg, Huszár, Oud y Wils.

Divergencias entre los colaboradores de “De Stijil”

Los primeros dos números de “De Stijil” salieron con dos artículos de Van der Leck, donde el artista definía la arquitectura como una disciplina constructiva y plástica, mientras la pintura moderna se proponía el objetivo de destruir lo naturalmente plástico. Si la pintura hubiera sido empleada en la arquitectura de forma correcta, las formas y el carácter material del edificio hubieran sido visualmente anulados, según este autor.

Van der Leck, que había colaborado con arquitectos de la talla de Berlage, aparecía escéptico en su disponibilidad de conceder al pintor un papel tan destructivo. Visión que compartía también Mondrian. En cambio, Van Doesburg y Huszar no perdían ocasión para colaborar con los arquitectos.

El uso del color

El uso del color más adecuado para las composiciones abstractas era otro tema fundamental de debate entre los pintores de “De Stijil”. Mondrían defendió siempre el uso de los colores primarios, por ser muchos menos reales con respecto a los colores naturales. Bart Van der Leck utilizó desde el principio de 1916 solamente los primarios puros, sin mezclarlos en el lienzo. Van Doesburg, de su parte, actuó siempre libremente en las elecciones de los colores.

Durante los años veinte las divergencias entre Van Doesburg y Mondrian, determinadas por el contraste entre la filosofía estática de Mondrian (teosofía) y la filosofía dinámica de Van Doesburg se acentuaron tanto que provocaron finalmente una rotura entre los dos artistas.

En el arte de Piet Mondrian se refleja un ideal metafísico sin tiempo, donde reina la paz y la armonía, basado en el concepto del eterno inmutable.

Theo Van Doesburg, en cambio, estaba convencido que el arte tenía que expresar el principio dinámico de la realidad.

El cierre de “De STijil”, el fin de del neoplasticismo

El 1928 fue el último año que apareció la revista “De Stijil”, fundada por Theo van Doesburg. Con la desaparición de la revista, considerada un laboratorio de ideas y de realizaciones artísticas de suma importancia para el arte del siglo XX, también el movimiento de Vanguardia, que giraba en torno a ella, es decir, el Neoplasticismo, terminó de existir.

Lo que acomunó el trabajo y la investigación artística de van Doesburg, Piet Mondrian, Vilmos Huszàr, J.J.p. Oud, Bart van der Leck, Jan Wils, Robert van’t Hoff y Georges Vantongerloo, fue el tentativo de eliminar del arte el legado de las formas históricas, expresión de un condicionamiento cultural impropio para el desarrollo de la civilización moderna, y la exigencia de promover la geometría espacial al rango de principio fundamental del arte.

La exposición temporal del MuseoThyssen, comisariada por Paloma Alarcó, ofrece la ocasión para poder disfrutar con este mundo de comienzos del siglo XX y cuyos rasgos se han convertido en elementos cotidianos de nuestro entorno visual, desde las complejas trazas arquitectónicas de muchos edificios contemporáneos hasta las referencias de algunas conocidas marcas de champú.

Un conjunto de imágenes que nos hacen entender lo equivocado de aquella frase tan aterradora y que tanta veces hemos oído delante de los cuadros más celebres de Mondrian: “esto lo hace también mi hijo”, no solo está profundamente equivocada, sino que es incapaz de comprender la apuesta sencilla y visionaria de aquel artista, quizás el más grande del siglo XX.