Moncho Borrajo es un actor fiel a sí mismo, a sus ideas y sus empeños. Autor de canciones, escritor de novelas, hombre de teatro en todos sus recursos, promotor del Teatro Amaya, donde actualmente se representa Historia de 2,

  • Los que viven en Madrid ya lo saben, pero si hay en la sala algunos despistados, ahí va: Si tenéis problemas con la Botella, llamad al Teléfono de la Esperanza.
  • La idiota de la alcaldesa de Madrid, esa estúpida de Ana Botella, ha querido condenar el Día del Orgullo Gay, cuando es el único gran acontecimiento que trae muchísimos turistas y muchísimo dinero, y nunca se ha roto un escaparate porque los gays festejamos con alegría, sin necesidad de hacer daño ni provocar a nadie.
  • Nunca se quitará la Ley que permite casarse a los homosexuales, y eso porque la gente nos quiere, nos respeta y comprende que somos personas como todos, que amamos y somos amados como todos.
  • El idiota del obispo de Alcalá de Henares dijo que los homosexuales somos enfermos mentales. Sí, claro, y el Vaticano el Hospital Central.
  • En este país se mete en la cárcel por robar una gallina pero tanto asqueroso corrupto, ladrón de millones de euros sigue en libertad tan campante.
  • Ahora quitan de las calles a las prostitutas porque hacen feo, pero las de alto standing salen en el Hola o les pagan por salir en la tele.
  • Soy un maricón honrado que lleva 40 años trabajando para divertirles a todos ustedes... y si vienen más, mejor que mejor.
  • Cuando me pongo furioso tengo un carácter tremendo, me encanto, me gusto, parezco un macho tremendo.
  • Los pijos son gilipollas. Todo lo repiten tres veces porque no se les queda: porfa, porfa, porfa; o sea, o sea, o sea; divino, divino, divino...
  • Franco era un hijo de p..., eso está claro, pero al menos era uno; ahora hay demasiados y no se puede abarcar a tantos hijos de la gran p... que nos roban y nos dan por c..., y si por lo menos fueran profesionales nos quedaríamos tan contentos, pero ni eso...
  • En el teatro, para unas 300 personas por función, puedo decir lo que me da la gana, pero en la televisión no me quieren, asusto al poder, nadie me llama ni promocionan mi Golfus Hispanicus, pero no hace falta, la gente me quiere y lo recomienda por todas partes: a los amigos que quieren mucho y a los enemigos también para que se jodan bien jodidos.
A Moncho Borrajo le asiste un público cómplice que comparte los exabruptos, disfruta con los tacos, y jalea el ímpetu y la emoción del actor que apenas actúa, pues está vivamente entregado al discurso personal con alma y vida, funcionando según le estimulan los espectadores. Las frases aquí apuntadas tal vez no se digan mañana, pero quizás sí pasado mañana. Imprevisible, sorprendente y siempre con un gran talento para la improvisación, a tal punto que inventa canciones con palabras sueltas del público.

Si a Borrajo le salta un "enemigo" ideológico que se molesta con lo que dice, le increpa con el respeto o la falta de respeto que el espectador merezca, pero él sigue fiel a sí mismo y la mayoría de los asistentes le siguen, le quieren, le aplauden de pie y se emocionan cuando, como siempre, se planta en su característica coda hacia el final, embargado de sincera ternura, a partir de su propia experiencia de vida:

  • Me retiré de la profesión durante cuatro años y medio para ir a cuidar a mi padre que estaba muy mayor y muy enfermo. Ya nos había dejado mi madre por un cáncer de mandíbula. No fue para mí un sacrificio, fue una obligación muy querida, y cuando él falleció me sentí muy mal, me deprimí mucho y por eso volví: les necesitaba a ustedes, y pensé que lo mismo ustedes me necesitaban a mí...
  • Tengo una pareja desde hace 31 años. Bueno, más que una pareja estable es un broche que llevo en el corazón...
  • ¿Dónde está la España aquella que a cualquier persona, sin preguntar nacionalidad, le ofrecía un poco de vino y un pan con un chorizo? Hoy todo es desconfianza y recelo.

Moncho Borrajo con Antonio Campos en Golfus Hispanicus en el Teatro Infanta Isabel: un verano amargo por la situación del país, lleno de nobles carcajadas y reflexiones profundas, sentimentales, que reconcilian con la mejor voluntad de buen vivir... aunque vengan degollando. Llegó por unas pocas semanas, pero se convirtió en el éxito del verano. Prorrogado hasta el 16 de septiembre por compromisos de programación de la sala.