Marshall Berman conceptualiza a la modernidad como una forma de experiencia vital; la experiencia del tiempo y el espacio, de uno mismo y de los demás, de las posibilidades y los peligros de la vida. Si bien la modernidad une a toda la humanidad, se trata de una unidad paradójica, la unidad de la desunión, ya que ser modernos es formar parte de un universo en el que, como dijo Karl Marx, "todo lo sólido se desvanece en el aire".

Esta manera de definir la modernidad se contrapone a un concepto histórico, e insuficiente por sí solo, en el que la misma es remitida a un tiempo y un espacio particulares, especialmente delimitado por las grandes revoluciones (las revoluciones americana y francesa le brindarían el entramado político e institucional, y la revolución industrial británica su fundación económica).

Definiciones analíticas de la modernidad

Las intenciones de definir la modernidad analíticamente se han centrado en la presencia de rasgos fundamentales y de sus combinaciones únicas, y en el caso de las vías negativas, particularmente a través de un contraste entre la sociedad tradicional y la sociedad capitalista.

Estas vías han sido adoptadas por la mayoría de los sociólogos y se encuentran reflejadas, en su forma más sistemática y completa, en los tipos ideales weberianos. Este tipo de definiciones son propias de períodos de estancamiento, decadencia o crisis económica, política o cultural, como el contexto del surgimiento de la sociología como ciencia.

En contraposición a las definiciones negativas de la modernidad, presentada como opuesta al tradicionalismo, también se han vinculado a ésta determinados rasgos o propiedades fundamentales, pero de una connotación positiva. Krishan Kumar destaca entre ellos el principio del individualismo, la diferenciación en la esfera del trabajo, las modificaciones en el ámbito económico, la remodelación de la estructura de clases, y los cambios políticos y culturales.

El principio de individualismo

El principio de individualismo, como tendencia característica de la época moderna, implica una emancipación del individuo respecto a las obligaciones impuestas por el grupo y con ello un pensamiento más liberal, no sólo ante los colectivos sociales sino también, por ejemplo, ante las intervenciones divinas, permitiendo la recuperación del sujeto, la construcción del yo, y con ello su autodeterminación.

Diferenciación y racionalidad en la esfera del trabajo

La diferenciación se vuelve significativa en la esfera del trabajo, con una creciente especialización, y en la del consumo, con un abanico más amplio de opciones. Vinculada a este principio, la racionalidad se hace presente en el cálculo y despersonalización del trabajo, eje de la teoría weberiana de la burocracia. El economicismo reinante da cuenta de una sociedad moderna orientada hacia fines económicos, los cuales dominan toda la vida social, y colocan al dinero como medida común y medio de intercambio.

Nuevos fenómenos económicos

La penetración de las transformaciones se ve reflejada en nuevos fenómenos. En el ámbito económico, el crecimiento, pleno de innovaciones tecnológicas, supera el de períodos anteriores, y la industria se constituye como el sector central de la economía, en donde el trabajo, libre y competitivo, se nuclea. La concentración de la producción económica, producida en las ciudades, refleja como la tendencia expansiva de la modernidad penetra también en el mundo urbano, implicando profundos cambios.

Con un sistema económico de estas características, se produce necesariamente una remodelación de las estructuras de clases y de las jerarquías de estratificación, en que grandes segmentos de población sufren la proletarización y pauperización, propietarios capitalistas se enriquecen en detrimento de estos grupos, y se expande a su vez una clase media, en marco de la determinación de estatus a partir de la propiedad y la posición en el mercado.

Cambios políticos y culturales

Los cambios alcanzan también el dominio político, principalmente con la aparición de nuevas formas de poder, más centralizadas, de las cuales el Estado Moderno es su máxima expresión. Su papel creciente y nuevas funciones, la difusión del imperio de la ley y la creciente inclusividad de la ciudadanía son características de un contexto marcado por la organización burocrática.

En el campo de la cultura, disminuye la importancia de las creencias y de los valores mágicos y religiosos, con un papel preponderante de la ciencia como proveedora del verdadero conocimiento, propio de prácticas productivas. Por otra parte, se producen la democratización de la educación y el surgimiento de la cultura de masas.

Conclusión

La modernidad se constituye como un conjunto de rasgos y combinaciones únicas que no se remiten únicamente a un período histórico determinado, sino que han influido y modificado radicalmente la vida de hombres y mujeres hasta nuestros días.

Las perspectivas sobre su evolución y sus consecuencias provienen de posturas contrapuestas que incluyen variadas explicaciones a los fenómenos que conlleva. Más allá de sus connotaciones, la integración de los distintos enfoques permitirá superar las limitaciones de los estudios realizados sobre la modernidad y abrirá las puertas a nuevas interpretaciones que nos ayudarán a comprender el mundo en que vivimos.