
- Cancion de amor, Giorgio de Chirico - Wikipedia
El “desencantamiento” con la modernidad ha sido inevitable. Pero la deshumanización y el carácter fragmentario del mundo moderno percibidos por Walter Benjamin y otros teóricos influidos por Karl Marx y su crítica de la sociedad industrial-capitalista no han sido las únicas consecuencias observadas.
Si bien existen líneas de crítica que discurren en una concepción completamente desalentadora, como un callejón sin salida en la historia de la humanidad, según lo expresara Herbert Marcuse; como un momento de decadencia de la comunidad, debida a sus efectos socialmente desintegradores; como la causante de diversos efectos negativos sobre la ecología; e incluso como la causante de fenómenos bélicos sin precedentes en el pasado; las consecuencias de la modernidad son más bien ambiguas, ambivalentes, dando lugar a diversos puntos de vista teóricos acerca del futuro de las sociedades.
Perspectivas progresistas
Dentro de la perspectiva optimista y progresista, propia de la sociología clásica y del evolucionismo, las tendencias positivas continuarían evolucionando en la misma dirección, hacia formas más perfectas. Por otra parte, el aumento de una conciencia acerca de los aspectos menos positivos de la modernidad ha conducido a perspectivas alternativas, centradas en la idea de que la sociedad moderna no puede ni debe seguir aquél camino, manifestando una nostalgia por ciertos aspectos benéficos de la sociedad tradicional.
Así, Marshall Berman propugna un retorno a formas anteriores que han sido abandonadas o destruidas por la emergencia de la modernidad, apelando especialmente a una reconstrucción de las comunidades y de los grupos y relaciones básicas: “Podría resultar que el retroceso fuera una manera de avanzar: que recordar los modernismos del siglo XIX nos diera la visión y el valor para crear los modernismos del siglo XXI. Este acto de recuerdo podría ayudarnos a devolver el modernismo a sus raíces […] Apropiarse de las modernidades de ayer puede ser a la vez una crítica de las modernidades de hoy y un acto de fe en las modernidades de mañana y de pasado mañana”.
Posmodernidad
Desde otra perspectiva, se ha sostenido que las transformaciones sociales producidas como consecuencia de la modernidad serían irreversibles, conduciendo hacia un nuevo tipo de sociedad surgido de sus cenizas. Entre otras denominaciones, se ha llamado a esta nueva época “posmodernidad”, definida negativamente a partir del concepto de modernidad y susceptible por ello de numerosas críticas.
Anthony Giddens y la modernidad tardía
Finalmente, existe otra perspectiva, propuesta por Anthony Giddens, que según Piotr Sztompka “se limita a una disección analítica detallada de la modernidad tal como se presenta a finales del siglo XX en sus formas más maduras, sin prejuzgar la dirección en la que la sociedad humana se moverá o se ha de mover”.
Desde esta perspectiva, centrada en la teoría de la “alta” modernidad, o de la modernidad “tardía”, sería prematuro hablar de posmodernidad, ya que en realidad las sociedades se encontrarían más bien en un movimiento no hacia un período completamente nuevo, sino hacia uno en que las tendencias anteriores se verían remodeladas por fenómenos novedosos y en que las consecuencias de la modernidad se harían más universales y radicales.
La “alta modernidad” se caracterizaría por los rótulos de confianza, riesgo, opacidad y globalización. En cuanto a la confianza, la predominancia en la vida moderna de “sistemas abstractos” constituiría su origen, y de la fiabilidad de éstos dependería la vida cotidiana. Uno de los fenómenos cualitativamente nuevos sería el del riesgo, entendido como un rasgo al margen de las experiencias anteriores, cuyo significado radicaría en la incertidumbre acerca de las consecuencias de las acciones propias, más allá de la propia voluntad.
Esta incertidumbre, esta “opacidad” o carácter errático de la vida social, tiene entre sus fuentes a la reflexividad del conocimiento social, la cual al explicar la sociedad y mostrarla más previsible podría influir en el curso de los procesos sociales de manera imprevisible. Por otra parte la globalización favorecería una tendencia hacia la reaparición de los lazos sociales más primordiales y de las lealtades de grupo, suprimidas durante mucho tiempo por los estados-nación.
Según Christopher Bryant, gran parte del análisis de Giddens podría generalmente encuadrarse en un paradigma weberiano pesimista de una modernidad radicalmente desencantada y desencantadora. Sin embargo, hay otro aspecto igualmente importante de su pensamiento que lo separa de cualquier otro teórico de la modernidad.
Él hace hincapié en que a pesar de las dificultades y de las dudas que engendra, su reflexividad puede ser radicalmente potenciadora para las personas modernas. Enfatizando en que ni los individuos ni los grupos son meramente pasivos en la esfera opresora de las fuerzas sociales, la reflexividad de la modernidad nos ofrece muchas oportunidades nuevas, liberadoras, tanto en un plano colectivo como en uno individual.
Así, la idea de «modernidad tardía» parece, como señalara Sztompka, el instrumento más fructífero para el enfoque analítico, distanciado de las amenazas así como de las promesas que nos ofrece la época, a un tiempo fascinante y horrible, que nos ha tocado vivir.
