En la República Bolivariana de Venezuela los derechos indígenas están consagrados en la Constitución aprobada por el pueblo mediante referéndum, durante gobierno del presidente Hugo Rafael Chávez Frías en el año 1999. Además, tal como lo consagra la ley todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a tener su propia vida cultural, a profesar y practicar su propia religión o creencias y a emplear su propio idioma, especialmente aquéllos pertenecientes a minorías étnicas, religiosas, lingüísticas o indígenas.

Conocer las tradiciones y formas de vida de las distintas familias indígenas existentes, es un modo de acercarnos, entenderlos y respetarlos. Los warao, población originaria que actualmente vive en el Delta del Río Orinoco, son "gente de canoa", por lo cual el agua tiene una alta influencia en sus costumbres y forma de vida.

El número de lunas (waniku) indica el momento del alumbramiento

Las mujeres warao deducen que están embarazadas cuando no les llega el ciclo menstrual por dos meses consecutivos. Luego de esto, comienzan a contar las lunas para determinar el momento de dar a luz.

En cuanto al sexo del futuro hijo o hija, lo pueden determinar según la posición del embrión. Si se coloca hacia la izquierda de la madre es varón, mientras que hacia la derecha es hembra. En caso que la mujer embarazada se encuentre amamantando a un hijo o hija anterior, también puede utilizarse la actitud del lactante para determinar el sexo del hijo por venir. Cuando son de sexos diferentes la leche enferma al lactante produciéndole diarrea, mientras que si son del mismo sexo no le afectará negativamente.

Las mujeres waraos conocen el número de embarazos que tendrán por el cordón umbilical del primer hijo.

Prohibiciones en los embarazos waraos

Las mujeres waraos no tienen un cuidado especial durante su embarazo. Las mujeres continúan su trabajo normal incluso hasta el mismo día del nacimiento del hijo o hija. A excepción de las carnes y frutas ácidas, tales como la piña o el mango verde, la alimentación es prácticamente la misma que tenían antes del embarazo. La carne se limita en la dieta de las waraos por considerar que puede afectar al desarrollo del niño o niña y hacer más difícil el parto.

Las mujeres warao no miran directamente a una persona o animal con defectos físicos, por considerarse que la mirada podría influir en el desarrollo del hijo o hija pudiendo nacer con la misma deformidad.

Por la estrecha relación y respeto que tienen los waraos hacia el agua, conservan la creencia que en el fondo de los ríos habitan espíritus llamados nabarao que podrían llevarse el alma del niño o de la niña que aún no ha nacido. Por ello, evitan bañarse en el río.

El jebu, alma compañera del niño o niña warao

Los waraos consideran que el alma del niño o de la niña que está en gestación tiene un espíritu compañero que también se está desarrollando. La travesura principal de los jebu es que hablan mucho, por lo que en ocasiones pueden atraer a otros espíritus. Esta alma, compañera del niño o niña en desarrollo, puede viajar fuera del vientre y acompañar al padre en la cacería o en otras faenas.

En ocasiones, dado el ruido que hace el jebu puede hacer que los animales se espanten y que la cacería o pesca fracase. Para evitar que esto ocurra, a modo de juguete que entretenga al jebu el padre se amarra al brazo un manojo de yerbas.

El parto vertical, tradición indígena

La mujer embarazada warao sabe que ha llegado el momento del parto cuando la barriga se le pone bajita y siente que el niño o niña está pujando. De manera tradicional el parto en las familias warao puede darse en la propia casa (janoko) donde habitan, pero también es tradicional parir en una casa aparte especialmente construida para el parto.

Algunos consideran que la sangre derramada por la mujer parturienta es impura y puede traer consecuencias negativas, por lo que evitan parir en sus casas. Otra manera de alejar los malos espíritus es dejar dentro del janoko un fogón encendido.

Al momento de parir, la mujer warao se sienta sobre un tronco bajo una palmera de la cual pueda sujetarse. Del mismo modo, si el parto se produce en la casa, se prepara un rincón limpio donde se guinda una estera o un mecate para que la parturienta pueda agarrarse. Otra técnica es que el esposo u otra persona, se coloque a espaldas de la mujer y la agarre por debajo de los brazos para que pueda pujar. De la limpieza del lugar y los preparativos del parto se encarga el marido.

Una vez que sale la cabeza del hijo o hija, la mujer se acuesta en una estera o manta.

La placenta usada como anticonceptivo

Una vez que se expulsa la placenta, ésta es examinada con sumo cuidado para determinar si ha salido íntegramente o no. Cuando no es así, se realizan cantos rituales acompañados de masajes que ayuden a expulsar el resto de la placenta.

Si la mujer no quiere tener más hijos, amarra la placenta en un envase y la entierra para evitar un nuevo embarazo. Al momento que quiera volver a quedar embarazada, desentierra el envase y pone a la placenta en contacto con la tierra, lo cual la hará nuevamente fértil. Nunca es lanzada al río porque se considera que al ser comida por los peces el niño o niña podría enfermarse.