Las relaciones entre el mito y la filosofía han ido variando a lo largo de la historia no siempre, como podría entenderse desde la perspectiva del progreso racional del conocimiento humano, a favor de la preponderancia de la segunda sobre el primero. De hecho, una perspectiva de la evolución de la relación entre ambos nos plantea la necesidad de que los discursos que ambos plantean estén, hasta cierto punto, interrelacionado.

El mito, un sistema conceptual

Un mito es una narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y que, independientemente de por quién esté protagonizada, con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad. Asimismo, tal narración puede condesar alguna realidad humana de carácter universal. El componente alegórico de los mitos, su referencia a esa otra realidad, hace que el mito adquiera dos aspectos igualmente necesarios: lo ficticio y lo real; así, mientras el primero de ellos nos indica que tal relato no ha sucedido nunca, el segundo nos dice que éste, de algún modo, corresponde a la realidad. El mito, en definitiva, se constituye como un paradigma de la misma.

Es la existencial radicación del ser humano en la realidad, su obligada comprensión de ésta la que hace que el mito tenga una importancia significativa en la estructuración de la conciencia: el discurso mítico ofrece un sistema conceptual, de la misma manera que lo hacen el científico, matemático o el filosófico, que permite al ser humano interpretar la realidad. Es esta función primordial de los mitos la que a lo largo de la historia ha sido sometida a debate, de tal manera que la importancia de éstos, respecto de otras formas de conocimiento, ha ido variando a lo largo de la misma.

Particularmente interesante es la connivencia del mito con la filosofía hasta el punto de poder ser confundidos ambos en el mismo discurso. De alguna manera, mythos y logos se complementan en el acceso a la comprensión de lo real.

Grecia clásica

Los textos y las referencias que han llegado hasta la actualidad de los filósofos presocráticos presentan un tratamiento ambiguo por parte de estos de ambos conceptos. Por regla general, la actitud del pensamiento anterior a Sócrates respecto del mito fue el del distanciamiento del mismo a partir del cada vez mejor estructurado discurso racional. Sin embargo, los presocráticos fundamentaron éste último en los componentes básicos de la mitología anterior, no ya sólo la griega, sino la egipcia y la de Asia Menor. El resultado es un discurso en el que mythos y logos se

complementan para ofrecer una explicación del origen del universo, una cosmogonía.

La separación entre el mito de la filosofía se hace efectiva de una forma consciente por los sofistas, aunque no para desterrar el primero en beneficio de la segunda, sino para envolver la razón, la verdad filosófica, siempre con fines pedagógicos, en algún discurso mítico.

Esta concepción relación sería retomada por Platón al considerar le mito como un modo de expresión de ciertas verdades que escapan al razonamiento humano. De esta manera, el filósofo ateniense toma el relato mítico para acceder al mundo de las Ideas, al cual no se puede llegar mediante la dialéctica de la razón, de tal manera que su filosofía no sería tal sin su utilización: sin el mito desaparecerías las doctrinas platónicas sobre el mundo (el demiurgo), el alma (el carro alado) y parte de su ontología y epistemología (la caverna)

Del renacimiento al siglo XIX

Si bien durante la Edad Media se mantuvo la relación entre mythos y logos de acuerdo a las coordenadas implantadas desde la filosofía griega, siempre se mantuvo latente, de la misma forma que en aquélla, el problema de la realidad de los mitos. Tal cuestión tomó un lugar central a partir del Renacimiento al empezar a ser tratada la historia desde unos parámetros de racionalidad, de un modo científico. La historiografía, el conjunto de métodos utilizados en el estudio de sucesos históricos, obliga la historiador a depurar su relato de mitos y leyendas.

Es, sin embargo, a partir de esta clara diferenciación desde donde el mito adquiere una nueva conceptualización. Para Giambattista Vico (1688-1744), uno de los más notables filósofos de la historia, el mito deja de estar en el plano de la realidad, ocupado éste por los hechos históricos, para asentarse en el de la epistemología: el mito es un modo de pensar que tiene sus propios caracteres y que condiciona, o expresa cuando menos, ciertas formas de vida humana. Schelling (1775-1854), por otro lado, estimó la mitología como una forma de pensamiento que representa uno de los modos como se revela el Absoluto en el proceso histórico.

Filosofía contemporánea

En el siglo XX, y tras el impulso que adquiere el interés por los mitos en el Romanticismo del XIX, estos centran la atención de filósofos, lingüistas y sociólogos. Ernst Cassier (1874-1945) los conceptualiza como un modo de ser de la conciencia, añadiendo que, más allá de la variada fenomenología que presentan los mitos, la creación e institucionalización de estos responde a una necesidad inherente a la cultura. Sin embargo, fue Claude Levi-Strauss (1908-2009) quien los colocó en el centro de atención de los estudios antropológicos, dedicándoles la práctica totalidad de su extensa obra; ejemplos claros, El Pensamiento Salvaje (1962) y Antropología Estructural (1958). Los mitos, para el pensador belga, esconden una estructura lógica compuesta por elementos, mitemas, perfectamente relacionados entre sí con el fin de transmitir el mensaje. Profundizando sobre las estructuras de los mitos se llega a la configuración innata de la mente humana.

En la actualidad, mito y filosofía han vuelto a darse la mano; el discurso racional, ante la revolución conceptual que supone la todavía no superada crisis de la metafísica occidental, ha vuelto a recurrir al mito con el fin de expresar, de evocar, los conceptos para los que la semántica tradicional no ofrece unas repuestas adecuadas

Interrelación necesaria

La historia de la filosofía, aun cuando el tronco central de la misma se fundamente en el desarrollo del discurso racional, el logos, ha necesitado del mythos para aprehender conceptos inasibles con la única utilización de aquél. Asimismo, el discurso mítico por separado del racional se convierte en un mero relato fantástico que puede llegar a ser tomado por real por el individuo, incapacitando su potencial de raciocinio. Una correcta mezcla entre ambos enriquece el sistema conceptual utilizado en nuestro acceso a la realidad y en nuestra práctica cotidiana. Desechar el mito es dejar de lado nuevas posibilidades de compresión y de acción; es deseable, por tanto, una utilización racional del mismo, si bien, para eso, es necesario seguir profundizando en la estructura del mismo, intentando responder a las preguntas que lo hacen por su porqué.