La literatura de James Ellroy está marcada por un hecho crucial que, como una guía, cambia y orienta su vida desde su más pronta infancia: El asesinato de su madre. Desde entonces, Ellroy entra en una espiral de crimen y violencia, más imaginaria que real, que le acaba conduciendo a una irrevocable necesidad de escribir.

El trauma inicia su vocación

James Ellroy pasa un tercio de su vida perdido entre la indigencia, el alcoholismo y las drogas. Tras años de pérdida, de inconsciencia y de un odio racional hacia su madre, llega a la conclusión de que la abstinencia y la moral recta producen más placer que todos los vicios, puesto que permiten al cerebro viajar por sí mismo (es notoria la facilidad que Ellroy tiene para imaginar) y centrarse en unos pensamientos concretos. La renovación le permite entregarse a la escritura, que representa una purga para sus miedos.

En “Mis rincones oscuros”, el autor disecciona su vida y pensamientos, más para dilucidarlos y formar una realidad concreta en su mente que por la mera necesidad de escribir. Se confiesa sin embellecer un ápice de toda la realidad que vivió.

Íntima y personal

Predomina la descripción sobre las pulsiones violentas y sexuales de Ellroy como una valoración de sí mismo, como una forma de encontrarse, y no por el mero hecho de provocar la revulsión o llamar la atención. Sin dichos instintos, al autor se le haría difícil justificar el porqué de sus tramas y de la profundidad de sus personajes.

Así, “Mis rincones oscuros” es el conductor para entender a James Ellroy y su obra, y no una descripción de las acciones y pensamientos que abastecieron su mente hasta convertirlo en escritor de profesión.

Con un floreciente afán detectivesco, Ellroy saca a la luz las circunstancias que rodearon la muerte de su madre, asesinada, violada y finalmente abandonada en una cuneta. El autor desnuda su intelecto y alterna la investigación policial que inicia junto a Bill Stoner (antiguo sheriff de Homicidios de Los Ángeles) con sus más profundos instintos.

Mientras ambos recopilan datos y se van conformando una idea real sobre la muerte de la pelirroja (apelativo con el que Elroy se refiere a su madre), gracias a la revisión de las viejas pruebas y a las declaraciones de los antiguos testigos que aún siguen con vida, Ellroy guarda un rincón en su mente para seguir relacionándose con su madre y así lograr entenderla.

La inclinación sexual hacia Jean Ellroy parte de la visión que su padre, que acaba con la custodia de James tras la muerte de su progenitora, tiene de la misma, y del desconocimiento del autor. El odio que siente hacia ella, sin duda fruto de la ignorancia, se va transformando a lo largo de las páginas de “Mis rincones oscuros”, para acabar convirtiéndose en una profunda sensación de pérdida, de culpabilidad y de amor perdido.

Jean y Betty: Hitos fundamentales

James Ellroy relata su experiencia sin ceder al uso de determinados recursos que pudieran camelar al lector. La infructuosa investigación policial y la propia vida de Ellroy conforman una cruda lectura que, dada su brutalidad y el detalle con que cada hecho es tratado, no deja indiferente a nadie.

Con numerosas referencias a otros casos sin resolver, Ellroy hace especial incapié en el caso de Elisabeth Short, también conocida como Beth o Betty Short, o como la dalia negra. Íntimamente relacionado con el caso de Jean Ellroy, el de Short juega un papel fundamental en la vida del autor, que llegará a marcarlo tanto como para dedicar una novela a lo que supone, fue la investigación sobre el asesinato y la mutilación de Betty Short.

A través de rasgos claramente diferenciales entre la personalidad de ambas, James Ellroy forma un perfil de la mujer de la década de los cincuenta, unos años en los que se adivinaban cambios en la sociedad (se autoriza el divorcio, por ejemplo), pero que no permitieron que la mujer fuera tan libre como pretendía.

El lector debe leer sin prejuicios

Si Jean Ellroy intentaba aparentar ser una madre responsable, una buena enfermera, familiar y vecina, Beth Short aplicaba otras pautas en su forma de vida. Más joven, sin hijos ni nadie a quien dar explicaciones, la joven Elisabeth jugaba a inventarse una vida más acorde a sus sueños. Sus muertes fueron radicalmente distintas.

Geneva Ellroy fue abandonada como un ser sin importancia, como algo ya usado, utilizada como calmante y desposeída de su dignidad. La muerte de Short no sólo la privó de su integridad, sino que la despojó de todos sus atributos humanos, animalizándola, embruteciéndola, conviertiéndola en un experimento y en un reflejo de la realidad de los hombres.

Partiendo de estas premisas, el porqué de los crímenes y la necesidad de perjuicio hacia las mujeres son analizados en profundidad por James Ellroy. Lo que en un principio interpreta como una profunda misoginia, lo acaba conviertiendo en un hermano de sangre de todas las mujeres asesinadas; se transforma en alguien que siente una intensa empatía por las mismas.

En “Mis rincones oscuros”, Ellroy las ama y las odia con la misma intensidad. Si bien, al final, las justifica y defiende por lo que sabe de ellas y por lo que suponen para su propia mismidad.