Los procesos de exploración y explotación minera generan un alto impacto en las esferas políticas y socioeconómicas de los Estados. La minería en Colombia, además de tener un rol importante en los resultados económicos del país desde hace algunos años, es objeto de amplio debate a nivel social y político, producto de los daños ambientales que la actividad genera, y de la fiscalización de las millonarias regalías que las multinacionales deben pagar al gobierno.

Para muchos países, la minería es el motor de sus economías. Chile, conocido como el milagro económico latinoamericano, le debe a la explotación minera gran parte de su crecimiento de las últimas décadas. En el país austral, la minería representa alrededor de un 48% de las exportaciones, y cerca del 8% del PIB, según un informe presentado por Fedesarrollo.

Similar, aunque con impacto a mayor escala, es el caso de Canadá, país minero por excelencia, que se destaca, sobre todo, como un ente inversionista de gran nivel. En Chile, donde hay 59 compañías canadienses operando, las inversiones de la nación norteamericana superan los USD $10.000 millones, según información publicada por Minería Chilena. En Perú, haciendo énfasis en el contexto regional, las inversiones canadienses se proyectan en USD $50.000 millones para el año 2016.

En Colombia, el panorama de la minería ha venido mejorando en los últimos años. No en vano, el Presidente Juan Manuel Santos confía en que el sector minero sea una de las locomotoras claves para el crecimiento económico colombiano. Además, ante la crisis económica que amenaza el entorno mundial, Colombia, según analistas expertos, parece estar fortalecida, factor que genera confianza para emprender un desarrollo minero ambicioso.

El entorno económico estable ha sido fundamental en los casos de éxito minero en el mundo, y de paso ha servido para vencer las visiones sociales negativas frente a la minería.

Países como Australia y Canadá, según Fedesarrollo, han logrado refutar las teorías tradicionales del desarrollo económico que ven a la minería con recelo, desde una perspectiva crítica. Las cifras del año 2008 en Canadá, líder mundial en la producción de varias materias primas, mostraron un crecimiento del 6% en las tasas de ingresos por habitante, con inflación menor al 3% anual. Este entorno económico estable, sustentado en gran medida por la minería, resultó ser la clave del éxito. Lo mismo sucede en Chile y Perú, y el presente económico Colombiano puede ser aprovechado para generar confianza por parte del gobierno frente al sector, e impulsar el desarrollo y la inversión.

En la actualidad, la minería colombiana representa un 2,6% del PIB según cifras de la Cámara colombiana de Minería, y se espera alcanzar un 7% en los próximos años.

El debate ecológico

En Colombia, así como en muchos países del mundo, numerosos son los grupos ecologistas que promueven campañas en contra de la minería. La percepción social, negativa en muchos sectores, frente al desarrollo minero requiere de estrategias sólidas en materia de comunicación e imagen para crear nuevos paradigmas.

La multinacional canadiense Greystar ya ha vivido las consecuencias de la presión social en contra de la explotación en Colombia. En Santander, miles de personas gritaron en contra de las intenciones de la empresa norteamericana en el páramo de Santurbán. Frases como “¡no queremos oro, queremos agua!” y “¡la minería acaba con la vida!” hicieron que el gobierno colombiano dudara en otorgar el permiso de explotación a la compañía, que finalmente desistió. Según el diario El Espectador, esta fue una decisión sin precedentes.

Y a nivel regional la imagen de las compañías mineras tampoco es la mejor. Según declaraciones del ecologista canadiense Daviken Studnicki-Gizbert, publicadas por el Observatorio de conflictos mineros de América Latina, 1.246 proyectos de Canadá contaminan el continente.

Por lo anterior, y por muchas otras campañas que desprestigian el desarrollo minero, amplios sectores de la opinión pública ven la minería como una amenaza. “Generalmente las comunidades enclavadas en lugares en donde se desarrollan los proyectos mineros, carecen de recursos políticos para tomar decisiones sobre la realidad que les compete”, aseguró Studnicki-Gizbert.

Regalías, política y corrupción

Un amplio debate a nivel político y regional ha generado siempre el tema de las regalías que la producción minera le entrega al estado. El mal manejo de los recursos que arrojan las regalías, contribuye a que la imagen de las compañías mineras se deteriore frente a la sociedad, que las ve como gigantes económicos que, una vez arrasan con los recursos naturales, dejan a merced de los políticos corruptos las ganancias que obtienen.

Según información de Transparencia por Colombia, de manera inexplicable, los departamentos de Casanare y Arauca que recibieron más de 50% del total de las regalías durante 1994 y 2005 ($5.630 millones de dólares), no alcanzaron las metas en salud, educación, servicios públicos y vivienda, y disminuyeron su Índice de Calidad de Vida.

Como consecuencia del uso inadecuado de las regalías, que sirvieron como caja menor de muchos departamentos en vez de ser reinvertidas, el gobierno colombiano ha anunciado una nueva política frente al tema a partir del 2012, año en el cual se distribuirán $10 billones anuales para proyectos regionales.

Con la entrada en vigencia de la Ley de Regalías, se espera hacer una distribución mucho más equitativa entre los departamentos más pobres, según el Minisro de Hacienda y Crédito Público, Juan Carlos Echeverry.

El rol de los gremios mineros ha sido importante en las nuevas medidas del gobierno frente al sector. Sin embargo, sus posiciones son casi siempre críticas. Como ejemplo, el portal Business News Américas publicó declaraciones de voceros de la Asociación Gremial de Mineros del Valle, quienes cuestionan el control minero que ejerce Ingeominas. Para el gremio, dicho control en Colombia está supremamente centralizado.

El panorama del desarrollo minero en Colombia no es muy diferente al que viven otros países. Siempre surgirán los debates ecológicos y la tendencia a cuestionar el uso de las regalías. Sin embargo, así como lo auguran los análisis económicos, la economía Colombiana está preparada para dar un nuevo impulso al sector.