Cuando el ordenador acapara la mayor parte del tiempo de una persona, perjudicando su cotidianidad, podríamos encontrarnos ante un caso de dependencia o adicción a las nuevas tecnologías. Descuidar el aseo personal y las relaciones sociales, sufrir ansiedad, sentir obsesión por los mundos virtuales o alterar los ciclos del sueño constituyen algunos de los síntomas más comunes de una conducta cada vez más extendida, especialmente desde la expansión de Internet en los hogares.

"Duermo una media de siete horas cada dos días y dedico casi todo mi tiempo en la Campus a descargar archivos. Cuando me retiro a la tienda a dormir, me conecto al Messenger desde el móvil aprovechando la banda ancha", comentaba uno de los asistentes a la Campus Party en Valencia, donde miles de aficionados a la informática se conectan cada año en red a velocidades vertiginosas.

España frente a Corea del Sur

Según un estudio médico citado en el diario El País, un 8,8% de los internautas españoles sufre síntomas de un uso problemático de alguno de los servicios de Internet. En Corea del Sur, donde el 90% de la población tiene acceso a la banda ancha de alta velocidad, el problema se multiplica, con casos de usuarios que han empezado a morir de agotamiento después de pasarse días enteros jugando en línea desde el ordenador.

Causas y perfil de la adicción

En un artículo publicado en 1997, el psicólogo británico Mark Griffiths se refería a las "adicciones tecnológicas" como "adicciones no químicas que involucran la interacción hombre-máquina", pudiendo resultar pasivas (como la televisión) o activas (como los juegos de ordenador o Internet). No obstante, éstas podrían suponer, en la mayoría de los casos, sólo un medio donde alimentar otras parafilias o trastornos, como la adicción al sexo, la ludopatía o diversas fobias, generalmente derivadas de un profundo sentimiento de soledad.

De hecho, el perfil psicológico de los adictos a la red suele coincidir con personas solitarias, de baja autoestima y con dificultad para establecer relaciones, que esquivan el riesgo y persiguen una recompensa inmediata. La red de redes les proporciona una máscara para evitar la confrontación con el mundo real.

Soluciones

La doctora Kimberly Young, psiquiatra de la Universidad de Pittsburg (EE UU) y creadora del Center for On-Line and Internet Addiction, propone una serie de herramientas para evitar que el uso de Internet se convierta en compulsivo. Cambiar los hábitos de conexión, cultivar actividades alternativas o fijarse unos límites realistas constituyen algunos de los consejos. En los casos más extremos puede resultar necesaria la ayuda profesional.

Realidad virtual

Según Pedro de Alzaga, experto en medios de comunicación digitales, "el éxito de Internet se basa en su posibilidad de insertarse en una cultura audiovisual capaz de edificar otras realidades". La neurosis en que vive la sociedad de consumo empuja a muchos ciudadanos a sumergirse en realidades paralelas, difuminando progresivamente las fronteras entre realidad y ficción. ¿Dónde se encuentra el límite? ¿Uso o abuso? ¿Mundo real o virtual? Y es que, como decía Foucault, "la ficción no consiste en hacer ver lo invisible, sino en hacer ver cuán invisible es la invisibilidad de lo visible".