La mielitis transversa es un trastorno neurológico debido a la inflamación en ambos lados de un segmento de la médula espinal. El término mielitis hace referencia a la inflamación de la médula espinal; mientras que transversa indica la posición de la inflamación. Este trastorno puede provocar la destrucción de la mielina e interrumpir la comunicación entre los nervios de la médula espinal con el resto del cuerpo.

La mielitis transversa afecta a niños y adultos de ambos sexos sin distinción de razas. Hay una mayor incidencia en las edades comprendidas entre los 10 y 19 años y entre los 30 y 39 años. En Estados Unidos hay diagnosticados 33.000 casos y aparecen unos 1.400 casos cada año.

Etiología de la mielitis transversa

No se conoce con exactitud la causa de la mielitis transversa, aunque todos los estudios apuntan a un proceso autoinmune. O lo que es lo mismo; el sistema inmune del afectado ataca la médula espinal causando la inflamación y dañando los tejidos.

La mielitis transversa tiende a desarrollarse en condiciones en las que prolifera algún tipo de infección bacteriana o viral, como el sarampión, la varicela, la rubeola, la influenza, la viruela o las paperas. Aproximadamente una tercera parte de los afectados presenta un cuadro febril. En otros casos se produce una invasión directa y daño a la médula, como sucede con el sida. La poliomielitis o el herpes zóster. También puede desarrollarse un absceso bacteriano dentro de la médula y dañarla.

Enfermedades asociadas a la mielitis transversa

  • Enfermedad autoinmune sistémica.
  • Lupus eritematoso sistémico.
  • Esclerosis múltiple.
  • Síndrome de Sjögren.
  • Síndrome paraneoplástico.
  • Sarcoidosis.
  • Trombosis de arterias espinales.
  • Malformación arteriovenosa espinal.
  • Herpes simple y herpes zoster.
  • Citomegalovirus.
  • Poliomielitis.
  • Leucemia.
  • Virus Epstein-Barr.
  • Influenza.
  • Rabia.
  • Sífilis.
  • Tuberculosis.

Sintomatología de la mielitis transversa

Los síntomas de la mielitis transversa van desde la pérdida de la función de la médula espinal durante algunas horas o incluso durante semanas. Suele iniciarse con un dolor repentino en la parte inferior de la espalda, debilidad muscular o sensaciones extrañas en los pies y las piernas, como ardor, pinchazos u hormigueo. Los síntomas progresan con rapidez y se vuelven más severos, causando parálisis, retención urinaria y falta de control del intestino. En ocasiones aparecen espasmos musculares, cefaleas, fiebre y pérdida de apetito. Algunos afectados se recuperan con apenas daños invalidantes o incluso ninguno, mientras que otros sufren daños permanentes. Es infrecuente que se produzca una recaída.

Los síntomas aparecerán en función del segmento afectado de la médula espinal. Así pues, los nervios de la zona cervical afectarán cuello, brazos, manos y los músculos respiratorios. Los de la zona torácica el torso y partes de los brazos. Los de la región lumbar las caderas y las piernas. Y los nervios sacros la ingle, los dedos de los pies y partes de las piernas. La mielitis transversa suele afectar la región torácica. Los casos en los que no se puede identificar la causa se denominan idiopáticos.

A pesar de la variedad de los síntomas, puede concluirse que las características más comunes de la mielitis transversa se reducen a cuatro: debilidad en brazos y piernas, dolor, alteración sensorial y disfunciones en la vejiga y el intestino.

Diagnóstico y tratamiento de la mielitis transversa

El diagnóstico de la mielitis transversa empieza con el historial médico y un examen neurológico completo. No es fácil diferenciar una mielitis transversal idiopática de otra que obedece a una causa concreta, de ahí que el médico deberá ir eliminando las causas tratables, cada una de ellas con el procedimiento o examen pertinente. Si ninguna de las pruebas efectuadas sugiere una causa específica, habrá que concluir que se trata de una mielitis transversal idiopática.

Tal y como sucede en muchas de las afecciones en que se halla implicada la médula espinal, no existe un tratamiento eficaz para curar la enfermedad. Los tratamientos están orientados a aliviar los síntomas y su aplicación dependerá de la severidad con que se presenten. En principio se procede a una terapia de corticosteroides para disminuir la inflamación. Para el dolor se administrarán analgésicos generales, aconsejando al paciente una temporada de descanso total en las fases iniciales de la enfermedad. Tras la terapia inicial, según sea el estado del paciente, se procederá en consecuencia. Los pacientes con los síntomas más agudos, como puede ser la parálisis, requerirán un periodo de rehabilitación que llevara a cabo un equipo médico especializado.

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