La miel es una sustancia que elaboran las abejas libando el néctar de las flores. Junto al polen, la miel es el alimento de toda la colonia. La miel tiene diversas procedencias, oscilando su color del ámbar claro a un castaño oscuro. Cuanto más clara es la miel, más aporte proporciona de vitamina A, mientras que la más oscura es rica en minerales y vitaminas B y C.

Propiedades de la miel

El elevado porcentaje de hidratos de carbono procedentes de sus azúcares, convierten a la miel en un producto altamente energético, proporcionando unas 330 calorías por 100 gramos. Posee igualmente sales minerales ricas en calcio, potasio, magnesio y fósforo. Las vitaminas, aunque están presentes en menor medida que en las frutas, al contrario que en estas, se conservan mucho tiempo. La miel también es rica en enzimas y ácidos orgánicos que le confieren, esto último, sus propiedades antisépticas.

Usos terapéuticos de la miel

La miel ayuda a eliminar toxinas y activa el metabolismo del hígado. También está indicada para el cansancio, las anemias o el estrés. En este caso se recomienda la miel más oscura, como la de brezo o de castaño. Como digestivo, la miel ayuda a calmar el ardor y alivia los dolores de úlcera. Heridas y quemaduras, siempre que sean de poca importancia, pueden ser tratadas con miel –uso externo–, ya que su poder desinfectante y cicatrizante elimina las bacterias y estimula el crecimiento del tejido a la vez que reduce la hinchazón y el dolor y acelera la curación. La miel también destaca por sus propiedades antibióticas.

La miel previene las alergias y alivia el insomnio y la ansiedad. Aumenta la absorción de calcio y, por su cualidad de alimento prebiótico, mejora la salud digestiva y el sistema inmune además de ser un buen antioxidante. Los más recientes estudios sitúan a la miel como un anticancerígeno.

Producción de miel: apicultura

La historia de la apicultura se retrotrae al mesolítico. Pinturas rupestres que escenifican la recogida de miel así lo atestiguan. Otros datos históricos nos llevan del Egipto predinástico, pasando por griegos y romanos. La apicultura moderna empieza con la creación de panales y cuadros móviles a finales del siglo XIX.

La producción de la miel, así como su calidad, están asociadas tanto a la flora como al clima. En los años de sequía la producción de miel es menor, pero más concentrada y de mayor valor comercial. Al contrario, en las épocas lluviosas se cosecha más miel pero en detrimento de la calidad. La miel que se produce en primavera es más clara que la que se recoge en otoño.

Productos de la miel

Además de la miel en sí misma, las abejas nos proporcionan otros productos de gran valor, como por ejemplo el polen natural que recogen las abejas obreras, humedeciéndolo con néctar y agregándole fermentos y enzimas hasta formar unas pequeñas bolas de unos 6 mm. Otros productos son el propóleo o la jalea real, con los que se elaboran otros muchos productos de diversos usos, tanto alimenticios, medicinales como cosméticos.

Miel y canela

La miel y la canela son los únicos alimentos que no se echan a perder con el tiempo. Unidas tienen una serie de propiedades terapéuticas dignas de mención. Previenen los ataques al corazón y reducen el colesterol. Su ingesta regular ha demostrado ser efectiva en pacientes con artritis. Tomada antes de las comidas facilita las digestiones pesadas. Su consumo habitual combate los radicales libres. La combinación de miel y canela refuerza el sistema inmunológico. Su uso externo es eficaz para diversas infecciones en la piel. El mal aliento también se puede combatir haciendo gárgaras con miel y canela en agua caliente.

Miel y limón

La mezcla de miel y limón, diluida con agua caliente, es un remedio eficaz para aliviar los síntomas del resfriado común, al igual que alivia la tos, la laringitis y la faringitis. Existe la creencia que un vaso de leche caliente con miel surte el mismo efecto, sin embargo en los procesos gripales, que suelen ir acompañados de mucosidad, la leche tiene el efecto contrario al deseado, ya que aumenta dicha mucosidad y, por consiguiente el malestar.

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