El escritor francés Michel Houellebecq nació en la isla de Reunión en 1958 (o 1956, no está claro) y es una de las figuras clave de la narrativa actual. Tan adorado como odiado, le ha ido acompañando la polémica política y mediática desde 1994, momento de la publicación en Francia de Extension du domaine de la lutte (Ampliación del campo de Batalla, Anagrama, 1999).

Irrupción de Houellebecq

Irrumpió Houellebecq en ese 1994 como un auténtico terremoto en el panorama de la narrativa francesa, con una escritura inclemente y devastadora que noqueó a no pocos críticos e intelectuales del hexágono francés, algunos de los cuales se limitaron a despreciarlo o ignorarlo.

Pero en 1998, con la publicación de su segundo gran éxito narrativo Les Particules elémentaries (Las Partículas Elementales, Anagrama, 1999), que ganó el Prix Novembre y fue escogida por la revista Lire como la mejor del año 1998, el fenómeno Houellebecq hubo ya de ser atendido en profundidad, por desagradable que esto fuese para ciertos ideólogos. No tardó en desbordar el marco francés para adentrarse en las editoriales europeas y mundiales.

Las Partículas Elementales (1998)

En Las Partículas Elementales, estamos ante una novela impresionante. Los personajes son seres atormentados de final de siglo cuyas vidas transcurren en medio de la alienación sexual, la despersonalización, el hastío existencial, la incomunicación, el absurdo. Hasta aquí nada nuevo. Pero Houellebecq introduce insistentemente a un invitado algo insólito en la literatura general: la ciencia, a la que lleva a un diálogo constante con el desarrollo de la historia.

Y la obra, habitada por personajes reconocibles en la Francia de 1998 (si bien discursivos y de intelectualidad hastiada) va transformándose de modo sorprendente en brillante ciencia-ficción. Una ciencia-ficción, sí, de muchos quilates, que retrotrae a Aldous Huxley y a los clásicos de la SF antiutópica.

Esa náusea emocional marca la textura de la obra, la dificultad o imposibilidad de encontrar un sentido, un camino en el laberinto sombrío de la vida. Esto la hermana con Camus y también con Kafka. Pero la repugnancia vertida por Houellebecq es mucho más directa y atronadora. Por no haber, no hay ni salida estética, ni pacto camusiano con el absurdo.

Ni la política ni la sociedad: la ciencia

Aunque en el fondo del pozo hay no obstante esperanza para esos seres "elementales", esas partículas que se mueven en el vacío y que cual materia degenerada, no son ni siquiera átomos, ya no digamos moléculas, macromoléculas o células. Pero esa luz al final del túnel no llegará de reformulaciones de la política, la sociedad o la cultura, sino de la tecnociencia: sólo mediante la manipulación del desgraciado código genético del animal humano, alterando nuestra propia naturaleza, nos será posible salir del valle de lágrimas.

Plataforma: ¿Islamofobia y apología de la prostitución?

La desolación no acaba con Las Partículas elementales, desde luego. En el 2002, llega Plateforme (Plataforma, Anagrama, 2002), de nuevo un gran éxito de ventas. La obra, ambientada en una Tailandia habitada por turistas franceses devorados unos por el idealismo y otros por el cinismo, fue destrozada por no pocos críticos debido a su aparente defensa de la prostitución tailandesa, que según el libro contribuye a la riqueza del país y debería ser considerada como un producto o servicio, y también y sobre todo, por la supuesta islamofobia de la narración.

Unas declaraciones de Houellebecq fuertemente críticas con el Islam le valieron la denuncia de entidades islámicas por supuesta incitación al odio religioso. Aunque el vitriólico escritor logró ser absuelto de todos los cargos en el juicio resultante, el reguero de polémicas ha llevado a enfurecer y dividir a intelectualidad y crítica, y sobre todo... a disparar las ventas de los libros de Michel Houellebecq en toda Europa.

Odio al Mayo del 68 y a la izquierda política

Junto con la publicación de sus novelas, Houellebecq continúa en entrevistas y escritos con sus críticas al multiculturalismo, a la izquierda política y al legado de Mayo del 68, lo que le vale ataques brutales. En el 2005, publica su hasta ahora último éxito, La Possibilité d'une île (La Posibilidad de una Isla, Anagrama, 2005), de nuevo una narración que bien pudieran colocar los libreros en los estantes de ciencia-ficción.

La novela se va construyendo mediante un diálogo entre el presente y el futuro, abunda en las obsesiones houellebecquianas, se lee de manera absorbente y uno de sus hallazgos es la magistral descripción acerca de cómo nace una religión o una secta, a qué ambiente responde, cómo evoluciona y se agranda.

Reflexión y acaso esperanza

La devastación de los personajes en este autor es un reflejo de su propia devastación, de sus profundos déficits afectivos. Su biografía es reveladora en este sentido, y no se necesita un doctorado en Psicología para atar cabos.

Pero con esto no se liquida el asunto Houellebecq. Su novelística es un horror necesario, una inmersión en los aspectos más sombríos de nuestro mundo, y aunque parezca mentira, aparte de una reflexión profunda acerca de ese mundo, quien sabe si también una verdadera y realista esperanza.

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