Mientras salir del closet para algunos puede ser como salir de una cárcel, para otros sería mejor entrar en una.

Que un hijo decida ser honesto al compartir su orientación sexual con sus padres es una señal de lo mucho que los ama. Significa que él o ella se ha asumido como homosexual y no quiere que eso sea un problema en la familia.

Bases preliminares

Primero que nada, es preciso dejar en claro que la homosexualidad no es una enfermedad. Quizás para muchos suene innecesario empezar desde este lugar, pero la realidad es que muchos padres consultan con algún sacerdote al respecto en busca de una solución.

Si bien hoy en día muchas iglesias muestran flexibilidad en cuanto a la sexualidad de sus feligreses y pueden ayudarlos a pasar por este difícil proceso, hay muchas otras que no. Más allá del rechazo que pueden llegar a sufrir los familiares o la misma persona que está saliendo del armario, el peligro real se encuentra en las llamadas terapias de conversión, un tipo de terapia sustentada en bases dogmáticas expresamente no recomendadas en distintos comunicados por profesionales de la psicología.

¿De tal palo tal astilla?

Los padres suelen pensar que sus hijos son el resultado de sus capacidades educativas y tienden a poner expectativas sobre ellos, que pueden ser tan particulares como que cumplan el sueño frustrado del padre de ser un abogado, o tan generales como hacerlos abuelos.

Es normal que cuando un hijo no responde del modo que se espera haya una crisis familiar, sobre todo cuando se trata de un tema tan delicado como la sexualidad. Por más que quieran, siempre habrán variables incontrolables que influyan en la vida de su hijo/a, por lo que no pueden asumir total responsabilidad de su identidad, sobre todo en un área tan particular como la sexualidad.

Los miedos

Una preocupación constante en los padres es la estigmatización de la homosexualidad en la sociedad actual. Sus miedos se pueden resumir en temor a que no consigan un trabajo o sean despedidos por su orientación sexual, contraigan el sida, sean insultados o, peor aún, víctimas de un crimen de odio, que pasen una vejez en soledad y no formen una familia.

Es comprensible que los padres se preocupen por todas estas cuestiones y quieran ayudar. En principio, la mejor forma es simplemente tratando de aceptar la situación y, a pesar de las diferencias, hacerles saber que su amor es, verdaderamente, incondicional.

Una de las más grandes contradicciones que suelen sufrir los padres es el amor que sienten por sus hijos pero el rechazo que les produce la homosexualidad. Este rechazo no necesariamente llega a la homofobia, pero sí se nutre de desinformación y prejuicios.

En estos momentos de susceptibilidad los padres necesitan un soporte. Puede que se sientan solos y que no quieran acudir a sus amigos o familiares, es por eso que muchas personas encuentran redituable ir a sesiones de PFLAG (Padres, Familiares, Amigos de Gays y Lesbianas) o de alguna otra ONG.

Tiempo al tiempo

En general toma unos cuantos años a la persona asumirse como homosexual, lo lógico es que los padres tengan su tiempo para digerirlo.

Al recibir la noticia, lo más común es que ambos padres reaccionen con disgusto y enfado o que no crean lo que su hijo/a les dice. Sólo en contadas ocasiones aceptan el hecho al instante. Muchos padres tratan de persuadir a sus hijos de que están confundidos buscando responsabilidades externas a él o ella. Otros padres niegan el tema y no hablan al respecto.

Después de un tiempo, llegan a convivir con la idea y empiezan a reflexionar seriamente al respecto. Algunos se culpabilizan por el modo de crianza, o por “no haberse dado cuenta a tiempo”, mientras que otros intentan llevar a sus hijos/as a sacerdotes, sexólogos, psicólogos e inclusive a realizar análisis de hormonas u otros procedimientos.

Si bien no hay nada de malo en lo precedido, los padres deben considerar que no todos los hijos están dispuestos a cooperar de este modo, y que eso puede afectar seriamente la relación.

Lo más democrático es que él o ella acepte una cita con un psicólogo, y que después los padres lo/a acompañen a donde decida.

Idealmente, los padres concluirían el proceso al aceptar o tolerar la sexualidad de su hijo/a. Pero lamentablemente, la realidad no siempre es ideal, cabe la posibilidad de que los padres tengan reacciones violentas hacia sus hijos.

Los padres son los padres, los hijos son los hijos

Para terminar, en caso de hijos adolescentes nunca hay que olvidarse que los padres son quienes deben guiar y cuidarlos. Bajo ningún punto de vista los hijos deben comportarse como padres, su sola experiencia de vida se lo impide.

Esto no da luz verde a que los padres se comporten de modo autoritario, pero sí a que tomen un rol comprensivo en la relación con su hijo/a. Al tratarse de adolescentes, siempre hay que escuchar lo que tienen para decir con la mente abierta.

Si se aborda esta situación desde el respeto mutuo y la comprensión, será un viaje que los unirá como familia y como personas.