En una canción del cantautor español Ismael Serrano, un hombre teme que Peter Pan vuelva y descubra que la niñez humana se desfiguró y que la inocencia infantil se esfumó entre el humo de la droga y el dolor del trabajo. Para millones de pequeños en el mundo, lo que debería ser la etapa más feliz de la vida se está convirtiendo en un calvario del cual algunos no salen jamás.

En Latinoamérica muchos padres tienen como costumbre cultural y arraigada, castigar a sus hijos de forma física o psicológica. Países como Argentina, Uruguay, Chile, Nicaragua o Costa Rica, el porcentaje de niños golpeados durante su primera infancia, oscila entre el 40 y el 80 por ciento de los casos consultados, según un estudio realizado por la Comisión Económica Para América y el Caribe (CEPAL). Los maltratos van desde un cachetazo o insulto, hasta una paliza y otros castigos más serios como la penitencia o la prohibición de comer o jugar.

Asimismo, el trabajo infantil, en algunas zonas latinoamericanas, es la única forma de subsistencia familiar, atacando por millones de individuos. Aunque es ilegal, los niños trabajan en lugares en donde no poseen las mínimas normas de seguridad, muchas veces hacinados y bajo constante presión.

El caso de México

Aunque esta terrible situación ataca a la mayoría de los países en desarrollo, el caso de México se volvió paradigmático ya que los índices evolucionan en sentido creciente desde hace tiempo. Durante el año 2008, el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) recibió cerca de 60 mil denuncias de maltrato infantil, de las cuales sólo la mitad se comprobaron y apenas 4 mil llegaron a la justicia.

Sin embargo, el problema de la violencia familiar en México parece ser de larga data. Cecilia Landerreche, titular del DIF, aseguró que la mayoría de las madres que fueron castigadas físicamente durante su niñez, castigan a sus hijos de igual manera. La funcionaria mexicana advirtió que para revertir esta situación, se debe concientizar a la familia sobre los derechos de los niños y las consecuencias nefastas de la violencia física como forma de corregir a los hijos.

No obstante, los hogares mexicanos no son los únicos ámbitos en donde los niños son maltratados de alguna manera. El paidopsiquiatra mexicano José Luis Vázquez Ramírez explicó que los menores son frecuentemente castigados de forma física en las escuelas por parte de sus maestros. El psiquiatra explica que “lo que se le ocurre a los maestros y otros adultos que intervienen en el sistema educativo es hacer uso de su poder. Marginan al chico, lo etiquetan, maltratan, reprueban, expulsan o humillan delante de los demás, inclusive lo golpean”.

Vázquez Ramírez advirtió que una cantidad significativa de los niños golpeados en sus hogares o en las escuelas, sufren graves trastornos que pueden derivar en conductas violentas como la autoagresión, el desprecio por el prójimo, el consumo de drogas e incluso el suicidio.

Violencia y trabajo

Según estimaciones oficiales, 3.6 millones de niños mexicanos trabajan en condiciones de precariedad absoluta. La crisis económica mundial, que golpeó particularmente a Latinoamérica, llevó a miles de mexicanos a vivir en un nivel de subsistencia, en donde el trabajo infantil se hace cotidiano y necesario para ayudar a sus familias y solventar sus propias necesidades. Muchos de estos niños obtienen ingresos con actividades tales como los quehaceres domésticos, las ventas callejeras o tareas rurales.

Por otro lado, muchos niños que viven en la pobreza extrema, son buscados y utilizados por los carteles de las drogas, quienes los usan como correos o para la distribución de los estupefacientes. Esta situación, advertida por la Red por los Derechos de la Infancia, se debe a la grave crisis económica que atraviesa México y a la falta de programas oficiales para combatir esta situación. Albania González, activista de la Red, advirtió que “ha aumentado la utilización de niños en el traslado de drogas, así como el rapto y el convencimiento de menores, mediante engaños o falsas promesas, para que se integren en las redes de trata con fines de explotación sexual”.

El problema del maltrato infantil, si bien se intensificó en México, en toda Latinoamérica sigue siendo un flagelo. Este mes en Argentina resonó el caso de un niño de 12 años asesinado por su madre adicta, porque éste no había traído suficiente dinero para pagar su dosis; en Bolivia, niños de 14 y 15 años trabajan todos los días a los socavones de las minas en Potosí, poniendo en riesgo su salud y su futuro; en Costa Rica patear, pellizcar, golpear o insultar a los niños, no son consideradas acciones lesivas por parte de los padres.

Tal vez, alertado por el llanto de los niños maltratados, Peter Pan regrese y retorne a la niñez a su estado original: el del juego, el de las risas y el de la fantasía.