La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), con sede en Francia, agrupa a 34 países y buscan conciliar la economía de mercado con la democracia.

Entre todos estos países México encabeza un problema social grave, la violencia física, abuso sexual y homicidios de menores de 14 años. Le siguen en el mismo problema EEUU y Portugal, miembros de la OCDE.

Las frías estadísticas de los asesinatos de niños en México

De acuerdo a los datos que se manejan:

  • Entre 2006 a 2008 se registraron en México 2305 homicidios de niños y niñas de cero a 17 años de edad.
  • Chihuahua es el Estado con mayor caso de abusos. Entre 2000 a 2008 se reportaron 40 asesinatos a pequeños de cero a cuatro años y 161 de los que tenían entre 15 y 17 años de edad.
  • El total nacional es de 2.442 asesinatos de niños de 15 a 17 años, y 956 de 0 a 4 años.
  • En el período 2006-2008, los Estados con mayor índice de muertes por homicidio en población menor de 18 años fueron el Distrito Federal, Jalisco y Michoacán que concentraron el 77,7% del total de casos.
  • En el año 2009 se reportaron un total de 14.937 denuncias de maltrato infantil. Del total denunciado sólo pudo comprobarse algún tipo de maltrato en 7.798 (52,2%). Sin embargo, de ese total, sólo 1.667 casos (21,4%) fueron presentados ante la justicia.
Estos datos sólo están basados en las denuncias directas y casos confirmados, eso implica que hay un número gris que no se conoce conformado por los menores que sufren violencia, pero sus casos son caratulados sólo como accidentes o no se llegan a conocer.

Una definición del maltrato infantil

La Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) define al maltrato infantil como: "El maltrato o la vejación de menores que abarca todas las formas de malos tratos físicos y emocionales, abuso sexual, descuido o negligencia, o explotación comercial, u otros tipos que originen un daño real o potencial para la salud del niño, desarrollo o dignidad en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder".

El trasfondo cultural tras el maltrato a menores en México

La problemática deja al descubierto un vacío no sólo legal sino educativo, puesto que no se entienden los derechos de los menores, por lo tanto se los maltrata como parte de una cultura que considera que los menores son propiedad y bienes, sin derecho como individuos.

Un menor es un individuo que tiene derechos. Los padres no son los dueños, sino los responsables de que los derechos del infante sean respetados, por lo tanto, cada vez que se lo agrede o maltrata, se está transgrediendo un principio básico del derecho fundamental.

Ese componente cultural que considera a los niños como propiedad, con frases como "es mi hijo y hago lo que quiero con él", no admite un examen serio y debe ser atacado con educación, formación en derecho y claras señales de la autoridad que debe vigilar que aquello no ocurra.

No obstante, es preciso también educar a los agentes policiales y otras autoridades que son parte del mismo sistema cultural, por lo tanto, actores pasivos frente a la violencia infantil al considerar que es un derecho paterno o está en el ámbito de la privacidad.

Secuelas del maltrato infantil a largo plazo

En otra investigación presentada en México, sobre el mismo tema deja en claro que los menores que experimentan cualquier tipo de violencia en la infancia luego desarrollan conductas destructivas que ponen en riesgo su vida y su salud, tales como:

  • El hábito de fumar.
  • El abuso del alcohol.
  • Uso de estupefacientes.
  • Inactividad física.
  • Obesidad.
Por su parte, estas conductas generan enfermedades y consecuencias nefastas para los individuos tales como:

  • Cáncer.
  • Depresión.
  • Suicidio.
  • Problemas cardiovasculares.
Por lo tanto, es una cadena, que se corta cuando se soluciona el fondo del problema que es el maltrato y violencia contra menores.

El componente educativo de la violencia infantil

Las leyes por sí mismas han resultado ser ineficaces para solucionar el problema. La mayoría de las recomendaciones de los investigadores que han indagado el tema, es que es preciso cambiar un patrón cultural, y el único medio posible es educar a la población en relación a los derechos de los niños y a formas de educar sin tener que recurrir a la violencia.

La educación sin violencia implica entregar otro tipo de herramientas a los individuos para que puedan aprender a ejercer como padres sin tener que usar violencia. Este esfuerzo no debería comenzar cuando las personas tienen hijos, sino antes, en la adolescencia, cuando se adquieren los valores que guiarán a los individuos.

No es fácil cortar siglos de una cultura que ha utilizado la violencia como un medio "educativo" o de "disciplina paterna". Sin embargo, a menos que se haga algo, no se terminará el problema que año a año arroja estadísticas de horror que lejos de disminuir, aumentan.