Mercè Rodoreda (1908-1983) es una de las dos o tres escritoras españolas más sugestivas del último siglo. Usando la lengua catalana como herramienta, su obra consta de novelas, poesía, relatos y artículos.

Se la conoce esencialmente como narradora y, sobre todo, como la autora de la célebre La Plaza del Diamante (1962), traducida a una veintena larga de idiomas (versión inglesa Time of the doves). Fue llevada al cine en 1982 por Francesc Betriu, que se encargó también de una adaptación televisiva para RTVE (1983) de cuatro capítulos, usando los mismos actores (Silvia Munt y Lluis Homar) como protagonistas.

Primeras obras

Merce Rodoreda nació en 1908 en Barcelona, de padres con una verdadera afición a la música, al teatro y a la literatura. Empezó a escribir hacia 1929, logrando publicar su primera novela (Soc una dona honrada?) en 1932. De las obras primerizas, por cierto, tan solo Aloma (1938) que además fue rescrita años más tarde, fue salvada de la quema por la autora y “aceptada” como obra suya, ya que nunca quedó demasiado satisfecha con sus primeros títulos. Las novelas de Merce Rodoreda (en especial las iniciales) pueden ser consideradas como “psicológicas”, su estilo más característico, aunque esto irá cambiando más avanzada su carrera literaria.

Exilio en París y Ginebra

Trabajará como correctora de catalán en el Comisariado de Propaganda de la Generalitat de la Cataluña Republicana. Colabora también con publicaciones izquierdistas. Estas actividades harán "aconsejable" que abandone España en 1939 al menos durante una temporada, a pesar de no haber participado en Política. Su intención era “exiliarse” durante unos meses, más que nada para ver cómo evoucionaban las cosas y qué cariz iba tomando el asunto.

Incluso dejó a su hijo en Cataluña con su madre, Montserrat Gurguí. Pero los meses iban a convertirse en años, y aun décadas. Vivirá en Francia (París) y en Suiza. Fue precisamente en Ginebra, hacia 1960, donde redactaría La Plaza del Diamante. No volvería a Cataluña hasta 1972, estableciéndose en Romanya de la Selva (Gerona). Alli escribiría sus últimas obras, incluyendo Mirall Trencat.

"Mirall trencat" (Espejo roto)

Mirall Trencat, considerada con la Plaza del Diamante la segunda de sus dos grandes novelas, había sido empezada en los años 50, pero en un determinado momento la Rodoreda hubo de abandonarla. Hacia 1959 (en Ginebra) la escritora se vio creativamente “poseída” por una nueva historia, la de las peripecias de la Colometa. Mirall Trencat tardaría en ser retomada, y no se publicaría hasta 1974.

Además de La Plaza del Diamante (1962, traducida al castellano ya en 1965), Espejo Roto (1974), y la temprana Aloma (1938), otros escritos de Mercè Rodoreda son las recopilaciones Semblava de seda i altres contes (1978), Tots els contes (1979) y Viatges i flors (1980); y las novelas El carrer de les camelies (1966), Quanta, quanta Guerra (1980) y La Mort i la Primavera (póstuma, 1989).

"La Plaza del Diamante"

En primera persona se nos cuenta la historia de Natalia, muchacha sencillísima en la Barcelona de 1928 o 1929, muy poco antes de la proclamación de la Segunda República. Natalia es desde luego un arquetipo literario de la sumisión de muchas mujeres de la época.

El novio (rápidamente marido) Quimet es un personaje más bien espeluznante, que consigue cambiarle a Natalia hasta el nombre. Colometa ("Palomita") se llamará a partir de ahora, irrevocablemente bautizada por el ingenioso Quimet. La Plaza del Diamante es también un reflejo de las propias infelicidades conyugales de Mercè Rodoreda, que se casó en 1928 (a los 20) con un tio suyo catorce años mayor, con lo que no faltan elementos autobiográficos.

Pero su gran interés radica en la técnica utilizada, el apasionante monólogo interior de Natalia, la poesía de ese reguero de pensamientos en los que todo va quedando reflejado: la relación con el desconcertante Quimet (que la lleva a mandar a paseo al anterior novio, el bondadoso Pere), la compatibilidad "física" con Quimet, el callado horror tras la muerte de éste en la Guerra Civil, el hambre y las estrecheces de la postguerra, la lucha por sostenerse a sí misma y a sus dos hijos. La insinuación de la locura (Natalia fantasea con la posibilidad de aniquilarse y aniquilar a los niños) o la aceptación de un matrimonio “blanco” con el droguero Antoni, incapacitado en la Guerra .

El espectáculo de un cambio

Natalia-Colometa cambia ante nuestros ojos, su psicología cambia. Va “endureciéndose”, al menos hasta cierto punto. Desarrollando un mayor sentido práctico, aposentándose más decididamente en la vida. En el marco de una época muy poco complaciente, su identidad va afirmándose.

La exposición de la transmutación, del cambio, es uno de los grandes espectáculos de la Literatura, pero la Rodoreda nos lo sirve además de una manera lírica y original.