Cualquiera se ha preguntado en multitud de ocasiones cómo consolar a un amigo que está triste por alguna razón. Lo cierto es que en la mayoría de casos, no llaman para pedir consejo porque ya saben la cruda realidad o sencillamente ya han tomado la decisión equivocada y lo saben perfectamente, son muy conscientes de ello. Sólo quieren llorar en los brazos de alguien que les diga “Todo va a ir bien”, porque vaya como vaya, ya no tiene arreglo.

He aquí el sufrido mundo de la "prostitución emocional". En realidad hasta podría ser un gran negocio “Hola, soy Brenda. Abrázame fuerte y llora, te diré todo lo que quieres oír ”.

Palabras gentiles para que la verdad duela menos

Por ejemplo, Maria Jesús acaba de romper con su novio, Ginés. Ha estado llorando como una magdalena durante una semana y ahora de repente, Ginés la vuelve a llamar.

María Jesús, después de haber dado la brasa y jurar y perjurar el consabido “me importa un bledo”, ahora llama para decir “a ver si quedamos para tomar un café que tengo algo muy importante que contarte”. La gran noticia es que Ginés la ha llamado, quiere saber donde estará este sábado. Una se muere de ganas por contestar “Vamos a ver, María Jesús, tú qué te crees que quiere Ginés, ¿es que no lo sabes?, en una semana todavía no le ha dado tiempo de triunfar como soltero”. Pero la ilusión de ella es que él quiera volver. Pues bien, en estos momentos entra en juego el ejercicio de la prostitución emocional. María Jesús preguntará “sé sincera, ¿tú que piensas?” y mirará con ojos suplicantes.

En realidad por extraño que parezca quiso invitar al café para que le dijeran lo que ella quiere oír, en el fondo no es tonta, sabe lo que quiere Ginés pero quiere imaginar que es otra cosa, así que habrá que responderle “Cuanto me alegro María Jesús, eso es fantástico”, al fin y al cabo el golpe se lo va a dar igual y encima no quiere escuchar la verdad porque ya la conoce.

No decir las verdades bruscamente

¿Y si fuera al contrario, si fuese María Jesús la que dejó a Ginés? Entonces Ginés se pasaría una semana sin afeitarse y enviaría una solicitud de amistad por facebook. Caramba Ginés que simpático se ha vuelto de repente con lo estirado que es. Entonces volverá a enviar otra invitación, esta vez para un evento que se celebra el viernes en un bar cercano. Pues sólo para averiguar qué demonios se trae Ginés entre manos, una acude a la fiesta y le divisa al fondo de la sala algo borracho diciéndole a una chica que se llama Manolo. Ginés se acerca con una sonrisa luminosa y se ofrece a invitar, uy, qué raro. Ya en la barra confiesa por fin “Ya no estoy con María Jesús” y después de un par de chistes le pasa un brazo a una por encima de los hombros y va y suelta “Ahora necesito sexo” ¡Anda, será sinvergüenza! En ese momento a una le apetece contestar “Pues ya sabes, ráscate el bolsillo”, pero hay que comprenderle, no se le debe romper el corazón, puede que sólo necesite una prostituta de verdad, pero una meretriz emocional tampoco le irá mal. Lo mejor será decirle “Mira, a mí es que esa historia de los follamigos no me va nada” La verdad es que Ginés en la vida le gustó a una, aunque no es necesario ser cruel, qué importa eso ahora.

El tiempo lo cura todo

En realidad existe esa preciosa coletilla con la que todos rematan las frases románticas u optimistas “Nunca se sabe”. Sin ilusión y optimismo este mundo no existiría, pero en realidad, siempre se sabe, por duro que parezca. Cuando Loles empezó a salir el año pasado con un estudiante italiano, decía, “A lo mejor estamos juntos para siempre, nunca se sabe”. Por supuesto que se sabe, al finalizar el curso la relación se rompió porque la beca Erasmus terminó y él tuvo que volver a Italia. Todo el mundo sabía que esa relación tenía un tiempo de duración limitado y Loles también, pero quería vivirla con optimismo, aunque se engañara a sí misma.

De todas formas esos pequeños males inevitables se superan con el paso del tiempo. Loles lloró durante un mes pensando en cómo haría para ir a visitarle, mientras su amiga Rosa la consolaba diciéndole “Tranquila Loles, que a lo mejor vuelve”, al final Loles conoció a Ginés en una fiesta y terminó el drama, y aunque sigue creyendo que se llama Manolo, ya se le pasaron los llantos.