Neurotecnologías son aquellas nuevas ciencias que analizan y controlan el cerebro y el sistema nervioso humano. Los últimos avances permiten el uso de electrodos especiales, capaces de conectar el cerebro con sistemas electrónicos, realizar réplicas de modelos neurales, y fabricar aparatos para registrar y medir la actividad neurológica.

En la actualidad, ya no nos sorprende demasiado el uso de aplicaciones mediante las cuales podemos controlar un ordenador, o una silla de ruedas a través de la interpretación de señales emitidas por nuestro cerebro. Un sistema BCI (Brain-Computer o Brain-Machine Interface), se encarga de traducir las intenciones del usuario, permitiéndole ejecutar acciones a través de su actividad cerebral exclusivamente, esto es, sin utilizar el sistema nervioso periférico ni el sistema muscular.

Pero imaginar un entorno en el que no fueran necesarias las palabras para comunicarnos, ya nos parece un sueño la ciencia-ficción. No obstante, y pese a la incredulidad que pueda suscitar, existen tecnologías en fase de experimentación cuyo objetivo es la transmisión de pensamientos, sensaciones y emociones a través de señales neuroeléctricas.

Redes sociales telepáticas

Algunos grupos científicos han comenzado a desarrollar proyectos para crear conexiones entre cerebros que les permitan comunicarse. Michael Chorost, ofrece en su libro World Wide Mind, la proyección de una futura red de cerebros humanos conectados entre sí, lo que supondría sustituir a las actuales redes sociales, e incluso a la propia Worl Wide Web por una mente mundial o Internet neurológico, la World Wide Mind.

Los principales materiales necesarios para esta conexión telepática serían: nanocables conectados a los capilares cerebrales a través de la red arterial, que actuarían como receptores-emisores de información, y optogenética: rayos laser capaces de activar y desactivar neuronas individuales por medio de la longitud de onda de la luz. La experimentación con nanocables se ha llevado a cabo con éxito en cerebros de ratones, y la optogenética, por su parte, ha permitido activar memorias y originar determinados comportamientos en estos animales.

Chorost afirma que esta tecnología produciría sensaciones mucho más intensas que el contacto físico, por transmitir gamas emocionales y sensoriales de mayor extensión y complejidad, permitiendo incluso el acto sexual programado como una interfaz.

Todo esto sería posible través de una polémica fusión entre cuerpo, mente y conciencia.

Marshall Mcluhan y otros grandes teóricos de la comunicación, pioneros del Internet, han interpretado esta fusión como un paso más hacia la creación de una conciencia colectiva a escala planetaria, como el modelo sugerido por el teólogo Teilhard de Chardin, quien afirmaba:

“Algún día, después de dominar los vientos, las ondas, las mareas y la gravedad, el hombre logrará canalizar las energías del amor, y entonces, por segunda vez en la historia, el hombre descubrirá el fuego”.

Futuro avatar o ser humano artificial

Otras compañías han dado ya los primeros pasos hacia la creación de un avatar o clon digital consciente, capaz de recoger toda la información digitalizada de un cerebro y procesarla, con lo que se obtendría una simulación del ser humano fallecido.

La propuesta de IBM "Computación Cognitiva a través de Sinaptrónica y Supercomputación (C2S2)" desarrolla una investigación al respecto en la actualidad, en áreas que incluyen sinaptrónica, ciencia material, circuitos neuromórficos, simulaciones de supercomputación y ambientes virtuales.

El Proyecto Lifenaut realiza un registro automático de información personal (hábitos, cualidades, gustos), para archivarla. También facilita el almacenamiento y conservación de células vivas, recogidas en una muestra, y preservadas en nitrógeno líquido por un período de tiempo indefinido. Estos archivos, mentales y biológicos, podrían ser implantados en un cuerpo biónico por ectogénesis, con las futuras tecnologías. De este modo se aseguraría una existencia perpetua.

Otros investigadores se plantean la integración de constantes vitales, tales como el ritmo cardíaco, para proporcionar el entorno emocional básico.

El robot humano no es ciencia ficción

En principio, estudios antropológicos han determinado los tres puntos esenciales que esta entidad biónica debería reunir para actuar de la forma más parecida posible a como lo haría una persona viva: la apariencia humana, la capacidad de hablar, y la respuesta empática.

La apariencia física recaería en manos de los diseñadores, quienes habrán de crear una imagen atractiva, bien sea virtual o material.

Se han desarrollado sistemas de reconocimiento de voz y generación de respuestas automáticas mediante la identificación de palabras clave, que permiten al ser humano artificial simular una comprensión real del lenguaje.

Las respuestas empáticas serían las más complejas, realizables a través de una combinación de movimientos musculares, expresiones faciales y gestos corporales combinados.

Pero esto es solo el principio, pues la incorporación de conciencia a estos entes virtuales, será otro de los retos a alcanzar por las neurotecnologías. Quizás sea el momento de ser optimistas y apostar por una prolongación indefinida de nuestra conciencia y nuestro intelecto. Por ahora, este es un pequeño anticipo de un futuro quizás no demasiado lejano.