Dentro del ciclo del ciclo de danza contemporánea 2011 Cocoa en el Celcit, se ofrecen durante el mes de septiembre de 2011 dos obras que componen una programación de ochenta minutos en total, Meñique y Me perdí de mí.

Crítica a Meñique de Victoria Keriluk

Es la primera pieza que se ve y desde el primer momento da la impresión de tratarse de una expresión que cumple rigurosamente con los elementos de la performance con estructura fija, al sorprender desde lo conceptual al público y establecer una relación con el mismo desde el desarrollo de la acción en un ámbito que es usado de manera no tradicional.

También la música de Augusto Natale se usa de una manera diferente, ya que se la escucha en una especie de estéreo desde el teclado donde es ejecutada y simultáneamente desde una conexión informática que la emite con una resonancia tecno.

En escena y mientras transcurre la obra, la artista plástica Paola Moreno realiza una obra de la que puede verse su progreso en la proyección que se hace, cámara de vídeo mediante, sobre el escenario de este teatro, que es a nivel piso bajo.

Finalmente, integra esta fusión la danza contemporánea que bailan Rocío Antúnez, Lucía González y Victoria Keriluk, ésta última también es quien concibió la idea y puso la coreografía junto a Natacha Berezan y Lucía González.

La conformación de estas disciplinas artísticas da por resultado un espectáculo, en el que el espectador, sin tener que asimilar un mensaje directo, es atrapado por la impecable técnica de las tres bailarinas con lo que se compensan los minutos que le sobran en su desarrollo y que permanentemente lo ponen al borde de la monotonía.

Me perdí de mí. Cuestiones de identidad

La segunda pieza tiene una sinopsis argumental de una sola trama que se basa en la memoria que guarda cada intérprete sobre su identidad, un tema de absoluta vigencia por los numerosos debates sobre el mismo que se producen en la sociedad argentina.

Más allá de los datos básicos (nombre, sexo y edad) de los tres intérpretes, las actitudes que demuestran y los movimientos que realizan dan una visión al espectador de que sus cuerpos también los identifican.

Crítica a Me perdí de mí. Cuestiones de identidad de Heidi Ibet Álvarez Altuna

En un escenario sin telón, la obra comienza a oscuridad total hasta que aparece un intérprete para informar sobre sus datos básicos y se va para dar lugar a otro compañero que hará lo mismo.

Todo lo dicen parados, con algún pequeño movimiento, bajo un difuso cono de luz cálida que irradia una lamparita (bombilla) de uso doméstico que pende de un cable que ha sido extendido de manera grosera a lo largo de la escena.

Quizá no toda la información que entregan sea rigurosamente biográfica, pero no puede considerarse que esas “mentiras” sean motivo de condena porque la identidad también se compone de “lo que se quiere ser”, aunque nunca se lo sea y además existe en escena una convención artística que provoca que los espectadores “crean” lo que se les dice.

Desde el momento que el espectador escucha hablar se da cuenta de que no se trata de un espectáculo en el que la danza se desarrolle como única disciplina porque está acompañada de la palabra, aunque tampoco llega a ser teatro-danza al no tener una historia conductiva lineal.

A la platea llega la impresión, luego de ver la excelente expresión corporal de los tres intérpretes, de que se está ante una expresión performática, y en este punto podría pensarse que lo que los espectadores ven en esta función no lo verán en ninguna otra porque todas las representaciones en este género son distintas en su concepción aunque se mantenga el hilo conductor.

No hay música, solamente se escucha cantar a Jazmín Titiunik el bolero La vida es puro teatro y en el espectador se instala la idea de que la identidad se representa día a día como si fuera de función tras función, pero primero hay que reconstruirla desde lo que se heredó parentalmente para poder reconciliarse con uno mismo al encontrar una filiación propia.

A pesar de todas las fusiones, hay danza contemporánea con buenos recursos técnicos y se la disfruta desde la platea.

Luciano De Luca, Luciana Paula Martínez y Jazmín Titiunik despliegan toda su precisa técnica expresiva puesta al servicio del mensaje y con la dirección de Heidi Ibet Álvarez Altuna realizan su labor con ritmo ágil y parejo

Programación de las funciones

Meñique y Me perdí de mí, se ofrecen en la sala Cecit, ubicada en Moreno 431 de Buenos Aires los días viernes a las 21; las entradas tienen un valor de $ 50 y pueden adquirirse por boletería donde los jubilados y estudiantes abonan $ 30. También se venden por, intermedio de Alternativa Teatral y pueden pagarse con tarjetas de crédito Visa y MasterCard y con débito online en el sistema Pago mis cuentas.