Desde hace milenios, la meditación ha sido considerada como el arte supremo de conocimiento del yo interior y del supra yo (o conciencia universal).

Practicada adecuadamente, nos permite relajarnos y liberarnos de tensiones, agotamiento y estrés.

Además, mediante la meditación podemos acceder a niveles más profundos en nuestro "ser", de manera directa y concreta y, así, darnos cuenta de nuestra naturaleza profunda y original, directamente y sin intermediarios.

Conciencia, espíritu y armonía en la meditación

Tal y como afirmó el filósofo chino Lao Tse (inspirador del taoísmo y contemporáneo de Confucio y Buda): “en una batalla se puede derrotar a miles de hombres, pero el que se vence a sí mismo es el más valeroso de los conquistadores”.

Podríamos decir que la meditación es el arte de escalar lúcidamente los distintos niveles de la conciencia. Y unir amónicamente esos planos en una sola corriente espiritual.

Durante mucho tiempo, sus técnicas estuvieron reservadas a los iniciados, quienes luego transmitían sus secretos a los alumnos que se consideraban dignos y preparados. Hoy en día, su práctica se ha popularizado y es objeto de numerosos estudios e investigaciones.

Estos tratados y libros sobre la meditación recomiendan los siguientes consejos y técnicas a la hora de practicar correctamente la meditación.

Normas básicas en el arte de meditar

En primer lugar, hay que señalar (al contrario que la denominada relajación meditativa o pasiva) que se ha de realizar en posición vertical (sentados) y con la espalda recta (a semejanza de la imagen tan conocida que tenemos de Buda).

Esta postura simboliza la elevación del ser hacia lo superior y divino.

Es preciso adoptar una posición firme y confortable. En la meditación uno ha de ser consciente de cada rincón de su cuerpo. Por ello, la firmeza y la comodidad son muy importantes para que podamos estar inmóviles durante mucho tiempo y no experimentar sensaciones desagradables.

También se deben mantener rigurosamente derechas la columna vertebral y la cabeza, pero sin crispación. Esta recomendación se vincula al mayor riego sanguíneo que, con la columna y la cabeza rectas, recibe nuestro cuerpo a través del canal que se inicia en el coxis (donde se ubica el primer chakra o chakra raíz).

En una correcta meditación, se produce un menor gasto de energía y el corazón y los pulmones ralentizan su actividad. De esta manera, el espíritu y la mente están prácticamente sustraídos a las distracciones del entorno físico.

Las posturas o asanas en el Yoga

Las asanas (en sánscrito) son las distintas posturas en la meditación yogui. Existe una gran variedad de ellas y a la hora de meditar habrá que escoger la que mejor se adapte a nuestras condiciones personales, siguiendo las recomendaciones anteriormente expuestas de firmeza, comodidad y columna y cabeza rectas..

Las más conocidas son:

  • Posición sencilla o sukasana. Se realiza sentándonos sobre las nalgas y cruzando las piernas.
  • Posición de roca o vajrasana. Sentándonos sobre los talones.
  • Posición perfecta o siddhasana. Se realiza doblando la pierna izquierda y poniendo el pie en el lugar entre el órgano sexual y el recto, luego doblando la pierna derecha y poniendo el pie en el lugar detrás de la rodilla derecha .
  • La posición del loto o padmasana. Situamos el el empeine derecho sobre el muslo izquierdo y viceversa. Esta asana requiere mucha flexibilidad y no todas las personas consiguen ejecutarla correctamente. Existe una variante más sencilla que es la del medio loto, donde sólo doblamos una pierna sobre el muslo contrario.

La posición de las manos en la meditación

En lo que respecta a las manos, estas pueden disponer se distintas maneras. Por ejemplo, reposando el dorso de una sobre la palma de la otra.

Otra forma es sobre los muslos, con el pulgar y el índice tocándose en los extremos para facilitar la circulación de energía.

Por último, la mano izquierda en la mano derecha, con las palmas hacia el cielo y contra el abdomen, y con los pulgares en contacto por sus extremos y en posición horizontal (como se hace en la meditación zen).

En cuanto al momento idóneo para meditar, en Oriente se consideran al alba, al mediodía y al crepúsculo como los mejores periodos del día.

En cualquier caso, se elija el momento que se elija, es muy importante establecer una misma rutina, para que cuerpo, mente y espíritu adquieran disciplina.

En este sentido, también es mejor realizar ejercicios de meditación cinco minutos diarios, que quince minutos cada dos o tres días.

Un buen momento para iniciarse en la meditación es durante los periodos de vacaciones y asueto, en los que disponemos de más tiempo libre y, en general, nos encontramos más descansados y relajados.