Un nuevo equipo de alta resolución colocado de cara al Río de la Plata permitirá realizar mediciones más precisas y constantes de las partículas presentes en la atmósfera porteña. El estudio será realizado por un grupo de investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) con apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Un sistema de última generación

El nuevo equipo está instalado en el edificio de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, dentro de la Ciudad Universitaria, en el barrio de Belgrano. Los aparatos son propiedad del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM y fueron cedidos a la universidad argentina hasta enero de 2012, fecha en que se dará por terminado el estudio.

El sistema está diseñado para medir la concentración, tamaño, composición química y propiedades ópticas de las partículas que se encuentran suspendidas en el aire, para así determinar, de modo preciso, el nivel de pureza de nuestra atmósfera. El aspecto más revolucionario de este proyecto es la velocidad de las nuevas máquinas para realizar su monitoreo.

"Las mediciones anteriores eran un promedio de 24 horas, en cambio ahora cada instrumental mide por segundo, lo que brinda más información", explicaron el doctor Darrel Baumgardner (UNAM) y la doctora Ana Graciela Ulke (UBA), al diario argentino La Nación.

Apoyo mexicano a la investigación argentina

El doctor Baumgardner, junto con su colega la doctora Graciela Binimelis de Raga, provienen del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, instituto fundamental en la investigación de la contaminación atmosférica dentro del ámbito latinoamericano.

Este es un hecho bien conocido tanto por la doctora Ulke, como por su compañera Marcela Torres. La parte argentina del estudio es consciente de la gran experiencia de sus colegas mexicanos.

Hay que recordar que México es uno de los países pioneros en el estudio y la lucha contra la contaminación del aire. La Ciudad de México, también conocida como Distrito Federal, es un caso paradigmático. Hacía 1980, el gran crecimiento industrial de la ciudad, junto a la poca circulación de aire debido a la geografía local, hicieron de la capital mexicana una de las urbes con más contaminación atmosférica del planeta. La situación, unida a otros problemas ambientales, llevó a la ciudad al borde del desastre ecológico.

Para combatir el problema se formó el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire (IMECA), un preciso sistema para medir la contaminación atmosférica de las grandes ciudades mexicanas y su impacto para la salud humana. La actividad del IMECA, alentó la toma de conciencia sobre el medio ambiente e impulsó a tomar medidas para la restauracióne ecológica del Distrito Federal.

Carbono negro, hollín en nuestros pulmones

Una de las partículas que más interesan a los investigadores es el carbono negro, conocido popularmente como hollín. Se tratan de pequeñas cantidades impuras de carbono liberadas a la atmósfera como consecuencia de la combustión imperfecta de distintos materiales. La fuente más común de hollín en el aire urbano son los escapes de auto, sistemas de calefacción y como consecuencia de incendios forestales.

Al respecto, estudios anteriores realizados por la doctora Ulke demostraron que la quema de plantas en distintos puntos de América del Sur tiene un fuerte impacto en el aire porteño. Las condiciones atmosféricas trasladan las grandes masas de humo de los incendios provocados en el Paraná, en el noroeste del país, Paraguay, Bolivia y Brasil, hasta la capital argentina.

Independientemente de su origen, las partículas de hollín pueden ser altamente perjudiciales para la salud cuando son introducidas en el aparato respiratorio. Así, estudios de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer indican que el carbono negro es potencialmente cancerígeno para los seres humanos cuando es inhalado en cantidades altas de manera continua.

Afortunadamente para los porteños, la proporción de hollín en nuestro aire parece ser relativamente baja. En sus primeras mediciones el equipo instalado en la Ciudad Universitaria determinó una medida de 5 microgramos por metro cúbico. Algunas de las ciudades más contaminadas del mundo, llegan a tener cincuenta veces ese volumen.

Un primer paso

El estudio del equipo mexicano-argentino durará un año, tras el cual sabremos un poco más sobre la calidad ambiental de la ciudad de Buenos Aires. Pero aún después de analizar estos datos sobre las partículas contaminantes, el trabajo de medición no habrá terminado.

Los investigadores de la UBA han señalado que el análisis de partículas en la atmósfera debería continuar con monitoreos sobre la presencia de gases perjudiciales para la salud, como el monóxido de carbono.

Sólo si se cumple esto comprobaremos si Buenos Aires merece semejante nombre.