Sylvie Fainzang, antropóloga francesa experta en sanidad y autora del libro Medicamentos y Sociedad, se ha ocupado de estudiar la relación que existe entre las prácticas médicas y la religión; y cómo el comportamiento de los pacientes es influenciado por el origen cultural y religioso de cada individuo.

La prescripción médica es sagrada

Católicos y musulmanes no discuten el contenido de la receta médica, la aceptan como es. La razón se encuentra en cómo estos dos grupos religiosos asimilan las sagradas escrituras.

Para los hebreos, al contrario, los escritos sagrados no deben ser nunca pasivamente asimilados, deben ser cuestionados, interpretados y criticados.

En la sociedad islámica del África negra, la palabra escrita es asimilada en todos sus términos y no es puesta en discusión.

Los protestantes se muestran molestos con los médicos que escriben en modo poco claro, dado que tienen en cuenta el principio de Martín Lutero, el cual decía que las sagradas escrituras debían ser accesibles a los fieles.

Qué hacen con las recetas médicas las distintas religiones

Los protestantes destruyen las recetas, como queriendo eliminar la enfermedad. Existe una relación con el concepto calvinista de no desperdiciar; el papel de la receta es reutilizado para encender el fuego.

Los católicos tienden a conservar la receta: puede servir en un futuro para mostrarla a otros médicos.

Los judíos también la conservan, para no olvidar la terapia. En ellos, la memoria juega un rol importante.

Los musulmanes tiran las recetas cuando sanan, como si quisieran exorcizar la enfermedad.

En dónde conservan los fármacos, musulmanes, católicos, judíos y protestantes

Es muy común que los católicos y musulmanes compren los medicamentos, aunque no se consuman; como si el solo hecho de poseerlos pudiera curar la enfermedad.

Los católicos, más propensos a la complacencia colectiva, conservan los fármacos en el baño o la cocina; mientras que los protestantes los conservan en la oficina o en la mesa de noche, acostumbrados a un uso más privado de ellos.

Católicos y musulmanes confían en el médico

El contenido de las píldoras no preocupa mucho a católicos y musulmanes, porque confían en el médico.

Con respecto a la posología, los protestantes tienden a reducir la dosis prescripta, en línea con la doctrina de Calvino: es el exceso el que produce el vicio.

Los musulmanes toman las dosis indicadas, pero a menudo no terminan el tratamiento. Durante el Ramadán los fármacos están permitidos.

Los hebreos y católicos, con frecuencia, se “automedican” en cuanto a las dosis y duración del tratamiento.

Tranquilizantes: ninguna religión confía

Los católicos, explica Vittorio Sironi, médico y antropólogo, director del Centro de estudio de la historia del pensamiento biomédico de la universidad de Milán, “desconfían de los psicofármacos, temen que los hagan dormir ”.

Los musulmanes sienten el mismo miedo, sobre todo las mujeres, de perder el control, especialmente en público.

Los protestantes detestan los tranquilizantes por miedo a renunciar al libre albedrío, mientras que los hebreos temen perder la memoria.

Cómo se eligen los médicos, según la religión

Los protestantes buscan médicos que demuestren no amar tanto el dinero; los católicos prefieren visitar al médico de base; para los musulmanes es fundamental que el médico no sea demasiado joven; mientras los hebreos prestan atención al rostro, que debe ser comunicativo y expresivo.

Según Fainzang, “el uso de los fármacos es un importante parámetro para analizar el comportamiento de los individuos”.

El factor cultural y el religioso influyen claramente sobre las prácticas médicas y las conductas sanitarias, demostrando como la utilización de fármacos cambia radicalmente en una sociedad multiétnica.