Los dos grandes grupos que conforman los ansiolíticos son los barbitúricos y las benzodiacepinas. Sin embargo, en la actualidad, los barbitúricos están prácticamente descartados como agente ansiolítico a causa de los efectos secundarios que provocan, motivado en buena parte por su estrecho margen de seguridad.

Antes de que aparecieran las benzodiacepinas, los barbitúricos constituían el tratamiento ansiolítico generalizado, pero los numerosos casos de sobredosis unido a la aparición de estas, relegaron a los barbitúricos para aquellos casos que no responden al tratamiento convencional, como puede ser su alto potencial como anticonvulsionante.

Los ansiolíticos, a día de hoy, se dividen en benzodiacepinas y no benzodiacepinas. Las benzodiacepinas, a su vez, se tipifican como de acción prolongada, de acción intermedia y de acción corta, mientras que las no benzodiacepinas se dividen en azapironas e imidazopirindas. Las benzodiacepinas, además de sus efectos ansiolíticos, tiene otras tres propiedades terapéuticas; como hipnótico, anticonvulsionante y como relajante muscular.

Indicaciones y contraindicaciones de los ansiolíticos

Los ansiolíticos están indicados para el tratamiento de cuadros en los que aparezcan ataques de pánico, insomnio, convulsiones, estrés, angustia o nerviosismo. Los trastornos de ansiedad más habituales, como el trastorno de ansiedad generalizada, la fobia social, el trastorno bipolar, la epilepsia o los trastornos de pánico, suelen ser tratados con ansiolíticos, sobre todo a corto plazo.

Antes de administrar un ansiolítico conviene analizar el historial de paciente, sobre todo en los casos donde hay enfermedades hepáticas, abuso de alcohol, glaucoma, hiperactividad, enfermedades renales, cerebrales o de pulmón, miastenia, porfiria, embarazo o apnea del sueño.

Efectos secundarios de los ansiolíticos

A lo largo del tratamiento pueden surgir algunos síntomas indeseables, entre los que destacan las taquicardias, convulsiones, fiebre, sensación de ahogo, hipotensión, debilidad muscular o sequedad de las mucosas, entre otros. Los síntomas asociados a los ansiolíticos varían en función del trastorno que se trate.

Otro de los efectos secundarios de las benzodiacepinas reside en su potencial adictivo, tanto en lo que respecta al plano físico como al psicológico, razón por la que su administración se lleva a cabo durante periodos cortos. Y por ello, también, la adquisición de ansiolíticos debe hacerse con receta médica, evitando siempre la automedicación y contando con la supervisión de un profesional de la salud.

Ansiolíticos naturales

La fitoterapia consiste en utilizar las plantas o algunas partes de las mismas para fines terapéuticos. En este sentido, la medicina natural constituye una alternativa a los ansiolíticos a tener en cuenta.

Existen varias plantas que han demostrado su eficacia para tratar la ansiedad o el estrés. El espino blanco resulta especialmente efectivo como sedante para el sistema nervioso simpático, estando por tanto muy indicado para el tratamiento de las personas afectadas por taquicardias, angustia y otros trastornos. El agua de azahar también tiene un efecto sedante que incluso puede utilizarse con seguridad cuando se trata de niños. Las infusiones de tilo están indicadas para el nerviosismo, mientras que la valeriana es una de las plantas más reconocidas por sus propiedades relajantes, al igual que la manzanilla. La pasiflora es otra de las plantas para tratar la ansiedad sin efectos indeseables, así como los problemas de insomnio.

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