
- The invisible man, 1933, James Whale - classicmoviemonsters.com
En este artículo no abundaremos en la polémica acerca del momento exacto en que nace la Science fiction, sobre si empezó con Luciano de Samosata en el siglo II o con Mary Shelley en el comienzo del XIX. Simplemente vamos a comentar seis narraciones fantacientíficas retro, anteriores a la moderna ciencia-ficción del XX y el XXI, que arrancaría con los pulps, Hugo Gernsback y la armada de John W. Campbell.
La Guerra de los Mundos (1898). HG Wells
Marte es un mundo más viejo que la Tierra, sus habitantes nos observan desde hace tiempo y anhelan nuestros recursos, pues a pesar de lo avanzado de su tecnología, Marte es un mundo agotado. Los marcianos de Welles son una especie de réplica malévola de las potencias coloniales europeas, esas que en el XIX se repartieron de un modo bastante desvergonzado la práctica totalidad del continente africano.
Aunque el summum de la maldad, el rey Leopoldo II de Bélgica, propietario de un enorme trozo de tierra africana, el Congo, casi empequeñece a los despiadados visitantes interplanetarios de Wells. Y en cierto modo, La Guerra de los Mundos es también una premonición de la Primera Guerra Mundial. Más de un primerizo lector de 1899 a 1910 debió sentirlo así.
El hombre invisible (1897). HG Wells
Griffin, el héroe, o más bien antihéroe, de la novela usa la Ciencia Natural (la Química) con propósitos de dominación. Wells emborrona algo la imagen de la Ciencia en una época, finales del XIX, en que era percibida todavía como una fuerza esencialmente benévola, del lado de la civilización y de los intereses del hombre.
Percepción que sería bruscamente revertida tras 1945, fecha a partir de la cual la Science fiction iba a transmutarse (literatura, cine, TV) en reiteradas profecías de desastre. La invisibilidad de Griffin y su colapso moral son una pincelada premonitoria de lo que llegaría en sólo medio siglo.
La máquina del tiempo (1895). HG Wells
Otra fantasia of possibility del primer (y mejor) Wells. El vertiginoso futuro al que accede el narrador (el viajero) con su maquina, ese año 802701 (se supone que de nuestra era) y la brutal bifurcación biológica de sus razas humanas en Eloi y Morlocks, son una imagen especular de la propia sociedad victoriana de Wells, donde la "bifurcación" (aquí social) entre las clase altas ociosas y el proletariado extenuado solo puede acabar mal.
2000-1887: mirando atrás (1888). Edward Bellamy
Un tipo, un tal Julian West, es proyectado 113 años en el futuro desde el 1887, tras un profundo sueño hipnótico. Bellamy imagina para nosotros un tedioso 2000 muy bien estructurado en lo social, impecablemente ordenado, y lo compara de manera indirecta con las injusticias y la desigualdad de ese 1887 desde el que escribe.
Utopía socialista ingenua (y algo espeluznante ya que prefigura los totalitarismos del Este en la segunda mitad del XX), pero de interés sociológico, si no fantacientífico. Asi soñaban la "justicia futura" los bienintencionados caballeros con ínfulas socialistas en los países, como Inglaterra o Norte América, más avanzados del mundo en el último tramo del XIX.
De la Tierra a la Luna (1865). Jules Verne
Verne es el gran anticipador, el cantor máximo en lo literario de la Ciencia y la Técnica decimonónicas, en esa su mejor y más impecable época de expansión y percepción social. Hiroshima quedaba muy, muy lejos en el futuro. La Ciencia en el escritor y divulgador francés es una fiesta, una constante bienaventuranza.
En 20.000 leguas de viaje submarino, en Viaje al Centro de la Tierra, o en este De la Tierra a la Luna, Julio Verne y sus lectores se dan un auténtico atracón de aventuras técnicas y de un optimismo positivista que tal vez nunca más se repita.
La Tierra nocturna (1912). William Hope Hodgson
Una novela alucinante que el librero concienzudo puede colocar tanto en el estante de Horror como en el de Sciencie fiction. La Tierra Nocturna mereció el nada fácil elogio de HP Lovecraft en su ensayo Supernatural Horror in Literature (1927), aunque con unos cuantos matices.
Redactada en un lenguaje arcaizante bastante farragoso (al que mejoran bastante las traducciones, por cierto), es una de las visiones más poderosas que se hayan puesto nunca por escrito (y aquí coincidimos con el misántropo de Providence): dentro de millones de años, con el Sol “apagado” (de acuerdo con el modelo defectuoso de evolución estelar de 1912, cuando escribe Hodgson), y en una Tierra gélida y horrible, la humanidad vive recluida en una gigantesca pirámide, protegida por campos de fuerza.
Allende la pirámide, en el infinito reino de las Sombras, moran entidades de desconocidas vías evolutivas, criaturas pavorosas que anticipan a las de Lovecraft. Una misteriosa voz, procedente de una segunda pirámide humana de la que no se tiene noticia, llevará a a los protagonistas a adentrarse en La Noche.
