Una relación de pareja es un vínculo que se establece entre dos personas que deciden libre y voluntariamente permanecer juntas para compartir afectos, actividades y proyectos futuros.

Muchas son las razones que pueden llevar a cada uno a tener el deseo de formar pareja. Hay que tener en cuenta que la pareja se forma para ser feliz con ella. Cuando dos personas no son felices juntas o cuando una de las personas que forman la pareja no es feliz o desea otras cosas, es conveniente iniciar una separación.

Explorando las relaciones

Las relaciones de pareja pasan por varias fases. Desde el enamoramiento inicial, en el que todo es maravilloso, hasta la relación de pareja en sí, donde los problemas afloran y la pareja tiene que poner a disposición sus recursos para poder afrontarlos y resolverlos.

A medida que pasa el tiempo, las cosas respecto a la pareja cambian necesariamente. De la idealización inicial de la pareja, se pasa al conocimiento verdadero de esta. Ya no se percibe al otro como perfecto e ideal, sino que se percibe tal y como es, con sus defectos y sus virtudes. También se produce un descenso de la necesidad de “hacerlo todo con el otro”; los miembros de la pareja recuperan su individualidad, deseando también hacer cosas sin la compañía del otro.

Es posible que, con el paso del tiempo, se produzca un sentimiento de esfuerzo a la hora de resolver los problemas, es decir, lo que en el periodo de enamoramiento no costaba nada o “se resolvía solo”, ahora supone un esfuerzo por parte de los miembros de la pareja.

El deseo sexual disminuye. La habituación a determinados estímulos y el impacto de los problemas cotidianos, hacen disminuir necesariamente, el deseo sexual. No hay que percibir esto como un problema, sino como algo natural. Intentar no dejar de lado esta faceta de la pareja será necesario para el buen funcionamiento, es decir, el deseo sexual disminuye, pero no tiene que desaparecer.

El surgimiento de problemas en la relación a medida que esta se solidifica, también forma parte de un proceso natural. La pareja va formando cada vez más cosas en común, por lo que es normal que surjan diferencias a la hora de afrontar diferentes circunstancias: economía familiar, cómo compartir el ocio, educación de los hijos, etc.

Es posible que pasado un tiempo, si la pareja no tiene habilidades para afrontar todos estos “problemas”, surjan dudas respecto a la continuación de la relación.

No lo tengo nada claro

Romper una relación de pareja no es nada fácil. Depende de muchos factores que la ruptura sea más o menos traumática, como por ejemplo, el tiempo de relación, el grado de afectividad, los hijos en común o los bienes adquiridos conjuntamente.

No obstante, sean cuales sean las circunstancias, una ruptura genera una pérdida, por lo que supondrá cambios importantes a la hora de rehacer la propia vida.

Es necesario, antes de romper la relación, hacer un balance de las cosas positivas y negativas que aporta la pareja. Hay que explorar los pros y los contras que supone mantener la relación.

Acabar con una relación es una decisión muy importante, por lo que hay que meditarla de forma razonada. No se deben tomar decisiones después de discusiones o “en caliente”, no hay que dejarse llevar por la desesperación, la venganza o el rencor. Las decisiones se tomarán cuando la mente esté preparada para ello.

Cuestiones a tener en cuenta

Algunas cuestiones que hay que tener en cuenta a la hora de tomar la decisión de separarse son las siguientes:

  • Hacer un balance con los pros y contras de la relación de pareja. Esto significa anotar las cosas positivas de la relación, así como las áreas más conflictivas. Saber identificar qué es lo que supone mayor problema y plantearse si se quiere solucionar.
  • Plantearse los sentimientos que se tienen respecto a la pareja. ¿Queremos a nuestra pareja o sólo nos aporta estabilidad y compañía?
  • Asimismo, habrá que plantearse qué lugar ocupa nuestra pareja en nuestras vidas y qué lugar ocupamos nosotros en la suya; ¿vamos por el mismo camino o deseamos cosas distintas?
  • También habrá que pararse a pensar en el resto de áreas que forman la pareja: relaciones sexuales, forma de comunicarse, tiempo compartido, relaciones con amigos y familia, proyectos futuros que en el caso de ruptura no se llevarían a cabo, etc. Pensar de forma razonada qué nos aporta cada una de estas áreas, nos puede dar mucha información sobre si queremos continuar o no con la relación.
Cuando la mayoría de estas áreas son positivas será conveniente intentar salvar la relación, ya que es posible que la decisión de acabar con ella, se base en un acontecimiento puntual.

En cambio, si la mayoría de estas áreas están deterioradas o no aportan suficientes cosas positivas, se debería plantear terminar con la relación amorosa.