Me habría gustado ser etnóloga es el primer libro editado en España de la ilustradora francesa Margaux Motin, que se ha labrado una merecida reputación partiendo desde su blog, en el que cada pocos días cuelga una nueva peripecia que ha vivido o imaginado. Mediante viñetas más o menos individuales, Motin traza un retrato divertido y realista sobre la vida de una mujer de treinta y tantos años, emparejada y madre, sobre esas pequeñas cosas que suceden a diario y sobre cómo se mantiene la ilusión por la vida, a pesar de los cambios que va experimentando.

Biografía de Margaux Motin

Dibbuks publica Me habría gustado ser etnóloga al precio de 18 euros. Es el primer trabajo de Margaux Motin (nacida en 1978) que llega a España, pero en Francia, su país de origen, tiene bastante fama y una larga trayectoria que comenzó en 2002, en el mundo de las revistas, para trabajar después en otros campos, como la publicidad o Internet. Precisamente en la red es donde se asienta buena parte de su fama actual. En 2008 creó su blog, en el que publicó originalmente la mayoría de las ilustraciones que recopila este libro (de 2009), el primero de los tres que ya ha editado en el mercado francés.

A lo largo del centenar de historias cortas que se recogen en las 168 páginas del libro, cuyo éxito en Francia se resume en los 70.000 ejemplares que ha vendido, Motin habla de sí misma. O, al menos, de una mujer que se parece mucho a la autora, porque hay que contar con la dramatización de la anécdota real. Y lo hace con concreción (los episodios duran entre una y cuatro páginas), desparpajo y buen humor, buscando la identificación del lector con lo que le sucede en todas y cada una de las historias que presenta.

Para mujeres y para hombres

Este tipo de libros, a primera vista, parecen más indicados para mujeres que para hombres, pero, en el fondo, son anécdotas y pequeñas historias tan divertidas que pueden atraer a lectores de ambos sexos. No es un libro sobre la guerra de sexos, aunque alguna viñeta sí bucea en este divertido asunto, sino una historia cotidiana, a través de detalles, sensaciones y momentos, narrada por una mujer. No es feminista, es, simplemente, un libro de humor con una alta dosis de cotidianeidad. La identificación es la baza que juega para captar la atención de quien se acerque al libro.

En contra de Me habría gustado ser etnóloga juega que, en un primer vistazo, muchos pensarán que no tiene un enfoque completamente original. En el cómic francés y también en otros mercados (la argentina Maitena es un claro referente), es un tipo de viñeta que ha encontrado un público importante desde hace algún tiempo gracias a la ayuda de periódicos y revistas. Internet ayudó a consolidar esta tendencia gracias al blog como herramienta de difusión del trabajo de ilustradores. Motin, eso sí, sabe explotar lo que tiene entre manos con inteligencia y un gran sentido de la comedia.

El dibujo de Margaux Motin

Los guiones son frescos, y a esa sensación contribuye el desenfadado estilo de dibujo de Motin. De trazo claro y limpio, con personajes claramente identificables, la francesa hace crecer sus simpáticas ilustraciones gracias a otros dos elementos: el color y los rótulos. Juega con ambos para expresar sensaciones de una forma muy natural, lo que da la capacidad de comprender al momento el tono de cada viñeta casi sin necesidad de leer el texto, también gracias a un gran dominio de la expresión corporal de sus personajes.

Me habría gustado ser etnóloga es un libro muy divertido sobre la vida real. O habría que decir que sobre la vida real de un tipo de mujer y de familia que, en realidad, encaja con la mayoría de los potenciales lectores. Detrás de una aparente sencillez y una ligera sensación de déjà vu, se esconde una obra que se lee con una gran facilidad y que deja con ganas de más viñetas, de más personajes y de más situaciones que recuerden a las que ha vivido el propio lector o que guardan gran parecido con las que protagoniza alguna amiga o familiar.