Los acontecimientos que habían forzado la abdicación y la cautividad de la dinastía borbónica en España en favor de los Bonaparte generaron amplios movimientos locales por los que los criollos pensaron que podían cambiar los gobernantes que enviaba España. Si bien los patriotas pensaban desde años antes de 1810 que España no estaba en condiciones de gobernar el Virreinato tampoco quisieron forzar una separación absoluta; esta situación surgió con los años, debido a las imposibilidades de la Corona en armar ejércitos para recuperar el gobierno. Los acontecimientos de Mayo 1810 fueron un momento en un proceso de sucesos anteriores y posteriores, que implicaron un cambio en la concepción de la ejecución de los actos de gobierno, pero no un cambio respecto de en nombre de quien se gobernaba: el Rey de España. Por eso se habla de la “máscara de Fernando VII”. Esto se comprueba cuando los integrantes de la Junta Patria que juraron el 25 de mayo de 1810 por Santos Evangelios mantener los dominios para Fernando VII. Para estos patriotas esta era una manifestación honesta, pero los acontecimientos posteriores cambiaron esta inicial orientación política.

Comprensión de la idea emancipadora por el pueblo

La idea de la independencia no estaba al alcance de la masa del pueblo. Esta idea subyace en también en los patriotas cuando consideraban que la separación total era prematura, si bien algunos criollos inquietos que se reunían clandestinamente antes de 1810, seguramente anidaron esa idea, y esperaban que el pueblo la comprendiese con el tiempo. Esta misma idea, la de mantener la figura del rey como garantía de las acciones, se mantuvo en todos los movimientos revolucionarios de la época. Chuquisaca en mayo de 1808, La Paz en julio de 1808, Montevideo en septiembre de 1808, Quito en agosto de 1809, Colombia en julio de 1810, Caracas en septiembre de 1810 y Santiago de Chile, también en septiembre de 1810. La única Junta que pudo dar continuidad a la independencia fue la de Buenos Aires, las demás, por uno u otro motivo, volvieron a estar bajo el régimen de la corona española, interrumpiéndose al menos por unos años el gobierno propio que querían los criollos. Recordemos que todas estas Juntas estaban constituidas a imitación de las españolas y los mismo que estas, gobernaban en nombre del rey cautivo; pero como el rey en este estado no podía gobernar, de hecho, las juntas no dependían de autoridad alguna. La posterior política desacertada de Fernando VII movilizó e impulsó la independencia total de España.

Participación de españoles en los movimientos emancipadores

A veces actuaban como grupos antagónicos, españoles y criollos, pero hubo muchos casos en los que los españoles apoyaron los movimientos emancipadores. Tal es el caso de Domingo Matheu, que llegó incluso a integrar la Junta Patria del 25 de mayo de 1810 y donó considerables cantidades de dinero para la causa. Es que se puede inferir que muchos deseaban una separación de lo que consideraban una “España napoleónica” y en esto actuaban de la misma forma que las juntas peninsulares. En definitiva todos se vieron arrastrados por el impulso independentista, lo que tampoco parecía alejado de la realidad a tenor de lo que sabían que había pasado en Estados Unidos con su separación dela corona inglesa. Tampoco adherimos a la tesis de que españoles y criollos formaban castas separadas; la realidad seguramente los encontraba juntos en todas las actividades políticas y de hecho esa separación sería generada por el mito del discurso del Obispo Lué en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, por el que se expandió por décadas la idea de que “mientras hubiera un español en América debería gobernar las tierras de la Corona” cuando en realidad dijo que “mientras hubiera un español designado por alguna autoridad central, debería tomárselo como la soberanía”, supuesto que no se interpretaba como posible en el Virreinato del Río de la Plata.