Muchas personas pretenden que el matrimonio entre homosexuales se llame de otra manera, porque, según ellas, denominarlo de igual forma que los matrimonios heterosexuales es ir en contra de la familia.

Pero, realmente, lo que quieren los homosexuales es tener los mismos derechos que los heterosexuales, puesto que también tienen los mismos deberes.

El concepto de matrimonio, y su sentido, es algo internacional, con lo cual llamar matrimonio a la unión entre homosexuales les dará los mismos derechos a nivel internacional. En cambio, cambiar el nombre de su unión reducirá esos derechos a nivel nacional y eso es lo que no quieren, porque sería una forma de seguir sintiéndose discriminados.

No se puede ir contra el principio de igualdad

El hecho de ampliar los derechos del matrimonio a personas del mismo sexo no limita, ni perjudica, a la familia heterosexual.

Está demostrado que cualquier problema de discriminación es un problema cultural. La sociedad española, mayoritariamente, desea una plena igualdad para todos los ciudadanos, sean de la orientación sexual que sean, pues todos somos igualmente personas.

Y hay que pensar, además, que está en juego la felicidad de tantos que llevan sufriendo mucho por la discriminación a la que han estado sometidos hasta no hace mucho tiempo.

El matrimonio homosexual es una forma de familia más

Actualmente, existen diversos tipos de familias: heterosexuales, familias monoparentales o familias homoparentales.

Las familias heterosexuales pueden tener hijos biológicos, pero las familias homoparentales pueden adoptar o tenerlos también biológicos y hay muchos niños que se crían en contextos familiares muy diferentes, como madres y padres viudos, separados, madres solteras, o abuelos que ejercen de padres.

Niños que viven en instituciones sin padres

Bowlby psicólogo inglés, resalta la importancia del apego a una figura adulta para el desarrollo humano. Lo descubre investigando la infancia de adolescentes delincuentes en Londres, huérfanos o abandonados, como consecuencia de la postguerra.

Estos niños sin familia son los que verdaderamente sufren carencias afectivas que alteran el desarrollo de su cuerpo y su cerebro.

En ausencia de atención y cariño, y sin adultos de referencia, se producen efectos muy negativos en los niños, como retrasos de crecimiento y trastornos de estructuración, que pueden dejar secuelas tanto en el cuerpo como en la mente, las cuales, a veces, se manifiestan en la edad adulta.

Por tanto, ante la disyuntiva de adopción o institucionalización de los niños, siempre es aconsejable la primera.

Compromiso incondicional de los padres

Muchas personas todavía creen necesarias las tradicionales figuras del padre y de la madre para que niños y niñas puedan adquirir sus roles correspondientes, es decir, un rol activo, seguro y competitivo en los varones y otro más cooperativo, sumiso y sentimental en las niñas.

Sin embargo, los estudios sobre padres separados muestran que esta dicotomía de roles se modifica como resultado de dicha separación y de las tareas nuevas que asume cada cónyuge.

Asimismo, cuando se comparan grupos de niños adoptados a edades diferentes, con hijos que se crían con madres biológicas solteras, se observa que, en promedio, hay un mayor desarrollo de los adoptados a causa del mayor tiempo, afecto y energía que dedican los padres adoptivos, así como por las actividades conjuntas que realizaban con sus hijos.

En consecuencia, el factor que mejor predice el buen desarrollo de los hijos es el compromiso incondicional de los padres, independientemente del tipo de familia en la que se encuentren.

No hay desventajas en el desarrollo psicológico

Por otro lado, no existe ningún estudio científico que demuestre alguna desventaja en el desarrollo psicológico de los hijos de parejas homosexuales. Lo importante es la existencia de una pareja adulta comprometida entre sí y comprometida con el bienestar del menor.

Los datos aportados por la profesora María del Mar González, autora de la primera investigación en España sobre el desarrollo de los hijos de parejas homosexuales, coinciden con los demás estudios realizados en otros países.

"Se deduce que:

  • Los hijos de familias homoparentales no difieren de aquellos otros criados con progenitores heterosexuales en ningún área del desarrollo intelectual o de personalidad (autoestima, ajuste personal, desarrollo moral, etc.).
  • Tampoco difieren en identidad sexual, identidad de género u orientación sexual.
  • Mantienen relaciones normales con sus compañeros y son tan populares entre ellos como los hijos e hijas de padres heterosexuales.
  • Las únicas diferencias encontradas en algunos de estos estudios son que los hijos de familias homoparentales son más flexibles y más dispuestos a aceptar la diversidad entre los seres humanos que los de familias heterosexuales".
Por su parte, la Asociación Americana de Psicología sostiene “que no hay ni siquiera un estudio que demuestre que los niños de padres homosexuales tengan desventaja alguna en ningún aspecto significativo” y asegura que, hasta la fecha, las pruebas demuestran que el ambiente que estos padres procuran en el hogar es “tan adecuado”, al menos, como el de los padres heterosexuales para permitir el desarrollo psicosocial de los niños.