Para iniciarse en algo se debe conocer; para cumplir uno debe querer; para querer realmente hay que atreverse y para recoger en paz los frutos de la propia audacia hay que mantener silencio. (Filósofo Eliphas Levi, en su obra "La clave de los misterios").

En efecto, enredados con frecuencia en la propia maraña de la rutina, la falta de ilusión cuando no el exceso de cobardía, fomenta la inútil verborrea que no conduce a nada valorable y sí al desasosiego y escasez de ética, presumiendo de todo aquello que, por simple educación, debería ser desconocido o al menos silenciado. Aunque la presunción no es una virtud, enrarece más el ambiente si el vociferante presuntuoso esgrime las armas de la chabacanería, del mal gusto y de ser el propio animador de sus desaciertos.

Es necesario creer, tener fe

Está claro que siempre debemos buscar el lado positivo de la vida y cambiar la excesiva preocupación hacia el yo y hacia las cosas del terreno egoísta por el interés y el bienestar de la otra persona, en todos los sentidos, convirtiéndose en nuestra primera y más permanente consideración, máxime cuando está en juego la felicidad de una familia.

Salvador Freixedo, sacerdote y jesuita durante treinta años, en su libro "Extraterrestres y religión" dice que "cuando los ovnis aterrizan ... los dogmas vuelan" y ocurre porque las personas necesitan creer, porque están sedientas de esperanza, sumidos en la profunda crisis ideológica por la que está pasando la humanidad.

Muchos no tienen el privilegio de creer, bien por desoir a la propia conciencia que nunca le va a engañar, o por dejarse llevar hacia el pseudomodernismo teledirigido tan en boga.

El matrimonio, escuela de fe y de ilusión

El matrimonio es el conjunto de dos seres, hombre y mujer, unidos por el amor y que se prometen devoción mutua en interés de los hijos que de ellos van a nacer, los cuales serán el comienzo de una bonita y prometedera generación.

El amor basado en la sexualidad es una emoción, divina sin duda, pero accidental, involuntaria y transitoria, pero la promesa de devoción recíproca es la esencia del matrimonio y el principio fundamental de la familia.

Por ello, la promesa de los recién casados debe constituir una garantía de confianza absoluta para toda la vida. Sin duda requiere un enorme grado de valentía mantener la fe conyugal. Es un pacto de heroísmo que sólo las grandes almas pueden comprender en toda su extensión.

El matrimonio cuando existe realmente es agradable e indisoluble, es con certeza digno para las personas inteligentes y de noble corazón. Por el contrario, cuando sus promesas sólo se quedan en intentos o imitaciones, cuando parece que anhelan pero nunca pueden, cuando inician su andadura pero jamás la completan ... esas personas poseerán un lecho pero nunca tendrán una familia.

Más protección para la infancia

En palabras de Larry Jacobs, como director ejecutivo del Congreso Mundial de las familias "no hay un lugar tan seguro para un niño como una familia natural, es decir, la formada por un padre y una madre casados, a pesar de que siempre hay excepciones; pero si miramos las estadísticas, las tasas de abuso físico o sexual se duplican en hogares monoparentales, donde el padre o la madre tienen una relación sentimental con una tercera persona, siendo los niños el primer objetivo y los primeros perjudicados".

Cuando la separación o el divorcio se ha convertido en algo tan fácil y rápido como ir a una notaría e incluso hacer un simple trámite por internet, sin recibir consejo alguno ni tener tiempo para meditar una decisión tan importante, es lógico que se esté creando una sociedad deforme en la que, por desgracia y como parte más débil, los niños van a crecer en familias rotas, dando lugar a problemas de fracaso escolar, desconcierto psíquico, tristeza permanente, actitud introvertida, agresividad, alcohol, drogas, embarazos juveniles y un largo etcétera, de los que resulta como medida más fácil derivar siempre la responsabilidad a los menores.

El diálogo sosegado y el sentido común, también en el matrimonio

Con sólo pensar que los hijos se asemejan a sus progenitores porque la convivencia les proporciona un inconfundible aire familiar, el sentido común debería estar siempre en los dos responsables, únicos y tan especiales por igual, que siempre serán el padre y la madre. Y así, el permanente diálogo con serenidad y cordura, será de vital importancia en el crecimiento y formación psíquica de los hijos en el hogar perfecto formado por padres que se quieren.

El sol sale cada día, volvamos a verlo de nuevo, más brillante aún, si hablando hoy con respeto, reflexión y deseos de armonía se nos descubre esa nueva oportunidad para acometer juntos y para siempre el bonito sendero de la vida, y sin más demora como entonaría el admirado cantautor Alberto Cortéz " ... a partir de mañana".