La mastitis, que puede derivar en absceso subareolar, ectasia ductal o inflamación periductal, es una infección debida a la obstrucción de los conductos lactíferos, a la congestión de las glándulas mamarias o debido a la infección de una grieta en el pezón, siendo esta última la más frecuente. Aunque puede afectar a ambos senos, lo común es que solo afecte a uno. Y tampoco es extraño que el problema se presente en más de una ocasión.

Se estima que 1 de cada 20 mujeres que amamantan padecen mastitis. Por lo general, aunque puede aparecer en cualquier momento, es entre los 10 y los 28 días después del parto cuando hay un mayor riesgo de padecer una mastitis.

Cuando se trata de madres lactantes la denominación correcta es mastitis puerperal; para el resto de los casos hay que hablar de mastitis no puerperal. La mastitis en raras ocasiones afecta a los hombres.

Causas de la mastitis

Existen dos causas principales que pueden provocar una mastitis; la infección y la estasis de la leche. La infección, en la mayoría de casos se debe a microorganismos como el Staphylococcus aureus, el Mycobacterium (especies no tuberculosas) o Streptococcus del grupo B. La estasis de la leche, término para referirnos a un conducto obstruido o a una ingurgitación (congestión), es por lo común la causa primaria, lo que no quita que vaya acompañada de infección o que progrese hacia esta.

Síntomas de la mastitis

Los síntomas que más caracterizan a una mastitis son el dolor y una hinchazón en la mama, pudiéndose apreciar zonas enrojecidas, calientes y duras. Con el progreso de la infección también pueden aparecer escalofríos, cansancio, dolor de cabeza, absceso y fiebre que, en algunos casos, puede ser alta.

Diagnóstico de la mastitis

Cabe señalar que los síntomas de la mastitis pueden confundirse con los de cáncer de mama, de ahí la necesidad de un diagnóstico precoz. Ante los primeros síntomas, cuando solo hay retención de la leche, se debe acudir al médico, ya que el diagnóstico de la mastitis en sus primeras fases evitará problemas mayores. En este caso se colocarán paños calientes, se permanecerá en reposo y se extraerá la leche retenida. No deberá suspenderse la lactancia, sino todo lo contrario, ya que conviene vaciar el contenido de la mama.

Tratamiento de la mastitis y la lactancia

Cuando la infección es un hecho será necesaria la administración de antibióticos. Para la mastitis puerperal y abscesos y cuando hay resistencia a la penicilina, suelen emplearse la oxicilina o la dicloxacilina, que se administrará en dosis de 250-500 mg. 4 veces diarias durante 7 a 10 días. En caso de contraindicación, la alternativa será la clindamicina, con dosis de 300 mg. 4 veces al día.

Entre los antibióticos orales empleados habitualmente esta la amoxicilina + ácido clavulánico con dosis de 875/125 mg. 2 veces diarias, la cefalexina 500 mg. 4 veces al día, o el ciprofloxacino 500 mg. 2 veces al día.

Si la naturaleza de la bacteria causante de la infección es anaeróbica se administrará metronidazol o una combinación de clindamicina y gentamicina. Deberá suspenderse la lactancia del seno afectado hasta transcurridas 48 horas de la toma de los antibióticos, no obstante hay que tener en cuenta que debe vaciarse el seno, por lo que se deberá recurrir a algún método a tal efecto, bien sea manual o mediante un sacaleche.

La mastitis, como ya se ha apuntado, provoca dolor e incluso fiebre. Para tratar estos síntomas puede administrarse paracetamol.

Aunque no es muy frecuente, la mastitis puede evolucionar hacia la formación de un absceso, circunstancia que provocará la aparición de pus y que requerirá un drenaje quirúrgico. En este caso deberá suspenderse la lactancia en el seno afectado hasta la total cicatrización del mismo. Igualmente habrá que recurrir a la extracción de la leche por algún método alternativo.

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