Desde tiempos antiguos el ser humano encontró en algunos animales la oportunidad de amansarlos con distintos fines. Sin embargo, los reyes de la domesticación con la intención de dar compañía son los perros y los gatos. Siglo tras siglo se ha ido posicionando el gusto de los amantes de las mascotas generando la popular división de canes contra felinos.

A pesar de esto son muchos los animales que sufren la discriminación por parte de un supuesto ser superior (el Homo sapiens); situaciones como el maltrato, el abandono y el descuido de los irresponsables amos para sus acompañantes han generado en países como México una sobrepoblación de perros callejeros que día a día tienen que lidiar con las suertes de las ciudades que no están hechas para ellos.

De igual forma sucede con los gatos, quienes a pesar de ser más aptos para las hostilidades de las grandes urbes no dejan de ser criaturas para hogares donde se les aporte el cuidado que necesitan y merecen, con personas que entiendan la responsabilidad que significa tener una mascota.

La diferencia entre comprar y adoptar

Hay un selecto grupo de personas que comprenden el valor de un animal; son aquellos que les ven como un semejante, como lo que son, un ser vivo con emociones e inteligencia que sin la capacidad de habla que ostenta el ser humano es tan capaz como nosotros de transmitir y generar emociones increíbles. La gran mayoría son los que adoptan.

Sin embargo esto no es general, también están aquellos cuya primer mascota en la vida fue comprada pero entendieron lo que significa recibir una lealtad como la que son capaces de brindar los perros y los gatos.

Entonces, ¿dónde radica la diferencia? Es fácil la respuesta. Se encuentra en países específicos donde la población de estos peludos compañeros es muy alta y al verse en situación de calle los gobiernos locales optan por recogerlos de la vía pública y llevarlos a albergues sobreocupados, donde de no ser reclamados en un específico plazo de tiempo no tienen una oportunidad más y son sacrificados.

Para y por esto existen varias asociaciones civiles comprometidas en salvaguardar en lo posible la vida de los animalitos abandonados, rescatarlos de complejas situaciones, darles asilo y ponerlos en adopción con personas que realmente se comprometan y entiendan lo que ellos representan para su nuevo amigo: una segunda oportunidad de vivir en condiciones adecuadas.

Y es ahí donde radica la gran diferencia. Comprar un perro o un gato no es malo, ya que esos cachorros son criados especialmente para su venta, son cuidados y tienen su vida garantizada porque tarde o temprano serán intercambiados por dinero y de no ocurrir así serán utilizados como sementales, pero también hay otros miles esperando un chance más en la vida para poderle dar todo el cariño que son capaces de generar para con un ser humano, sin importarle absolutamente nada más que el hecho de ser su amo.

Adoptar es igual a responsabilizarse

Las asociaciones civiles que brindan en adopción a las potenciales mascotas siempre asegurarán que los nuevos “padres” sean personas con las posibilidades de brindar una buena nueva oportunidad.

Es aquí donde entra la concientización, el hecho de entender que todos los perros y todos los gatos sin importar raza o aspecto tienen el derecho de volver a empezar en un hogar que le reciba amorosamente. Es normal que todos tengamos un prototipo de perro o gato especial, pero también podemos ayudar a otros tantos que no supieron ser valorados por sus dueños anteriores.

Se menciona esto ya que de los humanos hacia las mascotas (antes de que lo sean) ocurre un fenómeno de discriminación ya sea por su tamaño, su color, su aspecto, su raza, si tiene o no pedigrí, su edad y muchos otros “defectos” que pueden encontrar los que se hallan en busca de un nuevo amigo.

Esto no ayuda para ayudar a los animalitos, al país en cuestión ni mucho menos a nosotros mismos. Ellos no pueden elegir a un amo, sin embargo cuando este los elige le aman incondicionalmente. ¿El ser humano con qué derecho les discrimina? Ambos son seres vivos.

Es por eso que no vendría mal pensarlo bien y considerar la adopción de perros o la adopción de gatos como una alternativa si es que se está en busca de una mascota que dé alegría a un hogar.

Podría verse de la siguiente manera: si un día se pierde todo lo que se creía que era para siempre, si un día se pierde la familia y el techo, si un día se halla en la calle, perdido sin saber a dónde ir y teniendo que huir de cualquier parte porque parece un ser digno de desprecio, ¿a quién no le gustaría que la vida le regalara una segunda oportunidad?