Una puesta ágil que refleja la impresionante capacidad creativa y esa extraña habilidad para plasmar la realidad sin vueltas (pero de una forma amena) de Sol Pavéz (autora, directora y actriz). Una Sol que incluso se luce en escena. Los sábados a las 20 en el Centro Cultural de la Cooperación (Avenida Corrientes 1543). Entradas a $60. (Importante: desde el 31 de agosto las funciones serán los viernes a las 20:15.)

El argumento

Cuatro amigos, la mudanza y una lucha descabellada por vencer a un enemigo que solo existe para darle sentido a la absurda necesidad de ser.

Dominique (Paula Carruega) acaba de comprar su departamento y decide pasar su primera noche sola en el reducto, luego de la mudanza en la que la ayudaron sus amigos Boris (Pablo Cerri), Amílcar (Lucas Merayo) y Candelaria (Sol Pavéz). Segundos antes de rendirse a la maravillosa vida en solitario, se siente un sonido en el baño: ¡intrusos! ¿Había alguien atrincherado en aquel cubículo?.

El movimiento estaba. Ellos sentían los ruidos. Aquellos entrometidos pretendían ocupar su espacio, incluso desatando una suerte de guerrilla que se mostraba hasta casi “militarmente” organizada. Pero estos jóvenes, dispuestos a conservar bajo cualquier circunstancia aquel lugar, ese tan propio, les iban a dar batalla.

Y así, Amílcar se pone al mando de la operación que alejará a los usurpadores de lo que no les pertenece, ideando entre todos mecanismos de lo más descabellados, que los llevarán a enfrentarse con la más cruda de sus miserias: el miedo a perder.

¿Realidad o ficción?

Una historia donde no escasean amores no correspondidos, celos ni el afán de protagonismo y liderazgo que tiene aquel amigo, tan clásico como el que existe en casi todos los grupos de amigos.

La trama armoniza lo absurdo con la inclemente verdad de los prejuicios que un estereotipo impecablemente logrado (Dominique) tiene sobre los que son diferentes - prejuicios que comparte con los otros “soldados” improvisados.

Un recorrido por la inseguridad, esa “sensación” tan veraz como contemporánea, los miedos y la discriminación a la que todos estamos sometidos, e incluso, en algún punto ejercemos.

Crítica de “Un lugar tan pequeño o un pequeño lugar”

¿Divertida? Es poco. Si hay algo que no brilla por su ausencia son las risas en la platea, una platea mixta y diversa en edades como la sociedad. La leve lentitud en contadas ocasiones produce un contraste con el dinamismo de la puesta en escena en general. Y aunque el sonido no destaca, se opone radicalmente a las magníficas personificaciones logradas por Mariano Ron (vestuario). Actos que se suceden dándole sentido a la oscuridad (iluminación de Pablo Calmet) con buena fluidez.

Las actuaciones son acordes al tenor de la obra, brillando la naturalidad con que se desenvuelven los cuatro.

Así es como Sol (en la armónica dirección) pone en escena otra puesta que compite cabeza a cabeza con aquella exitosísima Quizás. Muy buena.