Desde el psicoanálisis, el aparato psíquico se compone de diversos elementos y procesos interactuando entre ellos para dar como resultado la estructura psíquica de una persona.

De igual forma que un pastel se compone por ciertos ingredientes y un cocinero debe conocer cada uno para poder hornear un pastel, así la psique tiene ciertos componentes que deben ser estudiados cuidadosamente para entender su funcionamiento. Uno de ellos son las pulsiones.

¿Qué son las pulsiones?

El concepto de pulsión (Trieb) aparece en diversos textos a lo largo de la obra de Sigmund Freud, adquiriendo diversas acepciones. En Pulsión y destinos de pulsión, de 1915, es donde finalmente asienta y desarrolla más ampliamente el concepto. En 1920, sin embargo, sufre una modificación radical con el texto Más allá del principio del placer, cuando introduce la llamada pulsión de muerte.

Las pulsiones son inconscientes. En términos muy amplios y generales, la pulsión podría considerarse como una especie de deseo inconsciente. Se trata de un estímulo interno del aparato psíquico, una presión constante que viene desde dentro y busca una descarga.

En Pulsión y destinos de pulsión, Freud les atribuye cuatro elementos principales:

  • Esfuerzo (Drang): una presión o trabajo constante que moviliza la pulsión.
  • Meta (Ziel): a donde se dirige la pulsión. En un principio Freud habla de que las pulsiones se dirigen a la satisfacción, sin embargo, más adelante se reformula este elemento en presencia de otras características de la pulsión.
  • Objeto (Objekt): aquello con lo cual puede alcanzar su meta la pulsión, es decir, su satisfacción. Es lo más variable en la pulsión dado que no está fijado de antemano.
  • Fuente (Quelle): se relaciona con las zonas erógenas y los organismos en particular.

Diferencia entre pulsión e instinto

La pulsión no se trata de un sinónimo de instinto, sino que responde a otras características.

El instinto proviene de una necesidad biológica y tiene un objeto fijo y único con el cuál se satisface. Un animal, por ejemplo, está deshidratado y eso genera un desbalance orgánico, el único objeto que soluciona esta necesidad es el agua; una vez saciada la sed, se satisface la necesidad por completo y se extingue.

La pulsión no tiene un mecanismo tan simple. En primer lugar, el punto de partida es la psique, no un estímulo orgánico. Además, como diferencia fundamental con el instinto, en la pulsión el objeto hacia el cuál se dirige no es único y fijo, sino múltiple y variable y, sobretodo, nunca encuentra satisfacción.

Para ejemplificar lo anterior, se puede considerar esta situación: una persona tiene el deseo de ser reconocido en su campo de trabajo, ¿a qué se refiere con reconocimiento?, ¿cuál es el campo de trabajo?, ¿cómo logra el prestigio?, ¿con estudios, inventos, avances? Cada una de estas preguntas tiene una respuesta diferente dependiendo del individuo, no existe una respuesta, u objeto, único que funcione para todas las personas.

Más importante del ejemplo anterior es que, aún cuando esa persona adquiera prestigio (entendido de acuerdo a sus parámetros personales) en su campo de trabajo, siempre existirá el anhelo de tener más reconocimiento o de tener, por decir, reconocimiento en otro campo de trabajo. El anhelo siempre permanece, solo cambia de objeto.

Con las pulsiones, nunca es posible llegar a un punto donde se satisfagan totalmente y entonces se desvanezcan y dejen de ejercer presión psíquica. Funcionan de manera similar a lo descrito por Schopenhauer con respecto a lo voluntad: se satisface un deseo e inmediatamente aparece otro y otro, en eterna revolución sin posibilidad de conclusión.

Respecto a esta incapacidad de consumarse, Jacques Lacan apunta que la meta de la pulsión, es decir, su destino final, no es satisfacerse por completo y extinguirse, sino girar en torno al objeto (aquello que se supone satisface el estímulo), es decir, mantenerse en un circuito circular girando sobre sí misma.

Eros y Tánatos

Eros, así nombrada por Freud en sus escritos, corresponde a la pulsión sexual. Es la pulsión que crea un movimiento, que impulsa a un determinado individuo. Desde una mira más enfocada, Freud se refiere a la trascendencia que existe por medio de la reproducción sexual, lo cual puede traducirse, en términos más amplios, a cualquier tipo de movimiento para salir de uno mismo.

Comprender la particularidad de Eros resulta más sencillo frente a la otra pulsión: Tánatos. Aunque Freud nunca la llama Tánatos sino sólo pulsión de muerte, al remitirse a Tánatos en la mitología griega, como la representación de una muerte no violenta sino suave y sutil, se entiende mejor lo característico de esta pulsión.

La pulsión de muerte, uno de los conceptos más rechazados del psicoanálisis, se relaciona con la compulsión a la repetición en el sentido de que se trata de un impulso constante de regresar al estado anterior. Freud la designa pulsión de muerte ya que, de acuerdo a sus razonamientos, el estado anterior de todo ser vivo es un estado inorgánico, un estado de muerte. Tánatos no se refiere en forma alguna a la agresión.

La pulsión de muerte, al ser una presión de retorno a lo anterior, choca con la idea de progreso y avance, inclusive de perfeccionamiento, que se supone presente en todo ser humano. La pulsión de muerte es el anhelo de regresar a un estado de satisfacción primaria y total, a una especie de nirvana donde haya la menor excitación, o acumulación de libido, posible dentro del aparato psíquico.