El cancionero popular español de posguerra fue denostado por muchos antifranquistas, ciegos de justa rabia, hasta que sabios hombres de la izquierda como Vázquez Montalbán empezaron a poner las cosas en orden y a la poesía popular en su lugar, donde los grandes poetas reflejan alegrías y padecimientos de la vida cotidiana. Joaquín Sabina, poeta popular por excelencia, restituye su justo homenaje en su canción/poema Más de 100 mentiras a quienes firmaron las mayores coplas de amor, dolor y desamor de la vida cotidiana: "Tenemos Quintero, León y Quiroga".

"Tenemos costumbres, pudores, jadeos"

Hoy, con este musical de enorme trabajo de producción, de enorme y generosa entrega por todos sus componentes, la rompedora y conmovedora poesía de Joaquín Sabina logra ser cantada por voces jóvenes en un contexto de espectáculo teatral donde nunca había entrado: sainete, comedia musical, pena honda de canallas entrañables en un mundo gobernado por canallas feroces. Hombres y mujeres jóvenes interpretan con su estilo y su coraje la poesía de quien es baluarte de quienes sufren cotidianamente un ansia fiera de vivir:

"Tenemos zapatos, orgullo, presente,

tenemos costumbres, pudores, jadeos,

tenemos la boca, tenemos los dientes,

saliva, cinismo, locura, deseo".

Ya no se trata del estilo peculiar, la voz rota y la sonrisa triste o irónica bajo bombín del hombre que canta para millones de admiradores de España y América. Ahora, a partir de su debut en el teatro, con más de 10 millones de discos vendidos, su cancionero pasa a la voz, el cuerpo, el dolor y la inocencia de todo el mundo. Se rompió la frontera entre el artista y el público, todo está mezclado en una fiesta emocionante y a la vez divertida en busca de un lugar mágico "donde el amor cuando no muere mata y donde amores que matan nunca mueren".

Un gran espectáculo lleno de aciertos

El espectáculo comienza con la voz de Samuel, un muerto, el amigo ido para siempre que abre el show vestido de payaso brillante, de tipo cínico y buenazo a la vez. Es guía y a veces partícipe de la acción, muy bien interpretado por Víctor Masán, quien se permite la osadía de decir algunos sonetos del maestro, sonetos que hilan la acción de un argumento con ese aire ingenuo característico de muchos musicales y zarzuelas. La ingenuidad de los barrios bajos, de los barrios al margen donde putas, chorizos, villanos e inocentes buscadores de imposibles se reúnen como si nada sucediera aquí y ahora, sino en "el callejón de las noches perdidas".

"Tenemos el sexo y el rock y la droga,

los pies en el barrio, y el grito en el cielo,

tenemos Quintero, León y Quiroga,

y un bisnes pendiente con Pedro Botero".

Más de 100 mentiras dura tres horas, intenta aprehenderlo todo del maestro en un más difícil todavía que a medida que se desarrolla se fortalece gracias al gran talento de todos sus componentes; es tanto el material utilizado, las canciones adaptadas a voces y personajes que muchas de ellas parecen escucharse por primera vez: otro estilo, otro ámbito en manos de jóvenes y algún veterano como Juan Carlos Martín que luce notable personaje secundario, baile de claqué y dos canciones con una interpretación especialmente conmovedora de Una canción para la Magdalena.

Bajo la dirección de David Serrano, gran despliegue escenográfico (de Ricardo Sánchez Cuerda), brillantes efectos, estupendas coreografías y una orquesta en vivo que a menudo pone los pelos de punta; el aire jazzístico de los arreglos colabora para crear el ambiente preciso donde compartir a sala llena un mundo de ilusiones y angustias pasajeras, pues aquí la "Virgen de la Amargura" se convierte en un gran final de esperanza y manos tendidas: mensaje final de la larga trayectoria del propio Sabina.

Un ambicioso proyecto con mucho futuro

Los jóvenes protagonistas cantan, bailan e interpretan, y cada uno tiene su momento de mayor brillo: Alex Barahona (Tuli) y su Pirata cojo, el temazo salsero-aflamencado de 19 días y 500 noches de Juan Pablo di Pace (Juan) o Yo quiero ser una chica Almodóvar y Ganas de por Guadalupe Lancho (Magdalena). Lucimientos abundantes en un contexto de notables y sobresalientes con la feliz idea de despedir al público cantando; en el saludo final, bajo aplausos y vítores, canta toda la Compañía y la orquesta sigue tocando hasta que se vaya el último espectador... con su última sonrisa.

"Más de cien palabras, más de cien motivos

para no cortarse de un tajo las venas,

más de cien pupilas donde vernos vivos,

más de cien mentiras que valen la pena".

Más de 100 mentiras nace para perdurar largo tiempo, para tener vocación de eternidad como el propio mundo musical y poético de Joaquín Sabina. De hecho, este gran esfuerzo de producción que ha contado con 3 guionistas, 9 arreglistas (bajo la admirable dirección musical de Daniel García) y 8 coreógrafos, se acaba de estrenar en Madrid con fechas de largo alcance: 2013, estreno en Buenos Aires; 2013/2014, estreno en México D.F., y 2015, película.

"Tenemos proyectos que se marchitaron,

crímenes perfectos que no cometimos,

retratos de novias que nos olvidaron,

y un alma en oferta que nunca vendimos".