En realidad es un monumento al discurso más famoso del activista por los derechos civiles y orador más reconocido de los EEUU, Martin Luther King, pronunciado durante los años de lucha por la igualdad de la minoría negra. El discurso denota desde el mismo título, “Tengo un sueño”, su estilo de reverendo, su prosa llena de referencias espirituales, de una lírica moral que pretende llegar no sólo a las mentes y a los ideales de quiénes le escuchan, también a sus almas o espíritus, a la intimidad de sus pensamientos.

El reverendo King

No en vano, Luther King fue pastor de la Iglesia Bautista; siguió los pasos de su padre, Martin Luther King Sr., reverendo baptista, y se convirtió en el pastor más joven de Montgomery (Alabama) con tan sólo 25 años. Los altares resultaron una buena escuela para su oratoria política, empleada en los numerosos discursos que dio durante los años de batalla por los derechos civiles.

El autor de la gran estatua, mide 9 metros, más que las cercanas de los memoriales a Lincoln y Thomas Jefferson, es un reputado escultor chino, Lei Yixin, y ha querido principalmente captar los valores de igualdad y libertad que King pronunció, precisamente, en esa explanada de Washington conocida por el conjunto de monumentos, un 28 de agosto de 1963. Alrededor de la escultura habrá relieves con referencias al discurso, pero en el semblante de la estatua del reverendo se ha querido captar también “el sueño universal de igualdad”.

La larga marcha por los derechos civiles

El incidente que sirvió a Martin Luther King para estar en la primera fila de la lucha por los derechos civiles y la igualdad fue “el caso del autobús público”. El 1 de diciembre de 1955, Rosa Parks, una mujer negra vecina de Montgomery, la localidad donde Luther King era reverendo, se negó a sentarse en los asientos reservados a los “negros” cuando el conductor, alertado por un viajero de raza blanca que no encontraba asiento, le pidió que se levantara de la zona reservada a los“blancos” donde se había sentado.

Después hubo otros muchos incidentes, pero el de Rosa Parks y su negativa a ceder el asiento a un hombre blanco se considera el detonante, el primer paso en la larga marcha del Movimiento por los Derechos Civiles y la participación de King como cabecilla del boicot a los autobuses (no usarlos), su inicio como líder moral de la nación. Así le presentan a su llegada a la escalinata del Lincoln Memorial el 28 agosto de 1963, casi diez años después del incidente del autobús.

El 28 de agosto de 2011 un huracán de palabras

Ironías de la madre naturaleza, un huracán pretendía este pasado domingo 28 de agosto llevarse las palabras del discurso de King al viento desaforado de su fuerza. El presidente Obama por cuestiones de seguridad, así como el comité organizador de la inauguración han tenido que suspender todos los actos conmemorativos previstos.

En verdad el monumento lleva abierto al público desde el pasado lunes 22 de agosto, con el propósito de iniciar una semana de celebraciones que no han podido culminarse este pasado domingo. La celebración oficial queda postergada, según los promotores del monumento, hasta una fecha sin determinar de septiembre u octubre. La agenda de Obama manda.

Ni el más bello sueño se libra de polémica

Se ha tardado quince años en materializar un proyecto que fue aprobado por el Congreso de los EEUU en 1996. No sin polémicas, lo que recuerda la amarga decepción que tras la euforia del discurso embargó a la minoría negra del país, que veía con impotencia como pasaban los años y no llegaban las leyes de igualdad y derechos civiles. Del talante moderado y pacifista de King se pasó al liderazgo de posturas más radicales, a posiciones de reafirmar la cultura negra frente a la blanca como única forma de igualdad.

Es el discurso violento que tras la muerte de Luther King acaba con la creación de los “Panteras Negras” y del llamado Black Power. Para muchos activistas negros, hasta que no ha llegado un negro a la Casablanca, el presidente Obama, la lucha por los derechos civiles no había acabado. Es más, aún hay rescoldos de lucha y polémica. Las fuerzas ultraconservadoras norteamericanas han criticado el monumento al estar realizado por un escultor comunista, Lei Yixin, autor de esculturas al líder chino Mao Zedong.