Marosa di Giorgio fue una poeta que nació en Salto, Uruguay. Descendiente de inmigrantes italianos y vascos, se inició en 1954 con su libro Poemas. A éste le siguieron otros, como Humo (1955), Druida (1959), Historial de las violetas (1965), Magnolia (1968), La guerra de los huertos (1971), Está en llamas el jardín natal (1975), compiladas bajo el título de Papeles Salvajes; más tarde publicó Clavel y tenebrario (1979), La liebre de marzo (1981), Mesa de esmeralda (1985), La falena (1989), Membrillo de Lusana (1989) y Diamelas de Clementina Médici (2000). Publicó también una serie de narraciones eróticas en prosa, Misales (1993) y Camino de las pedrerías (1997), además de Reina Amelia (1999), su única novela. Fue una lectora insaciable y en sus poemas, cada objeto esta ligado a una simbología espectacular; los animales y las plantas colonizan su literatura y se instalan perennemente en cada verso, en cada párrafo. Su obra es muy personal, un himno a la naturaleza y sus transformaciones, repleta de figuras etéreas y fabulosas. Murió en Montevideo el 17 de agosto del 2004.

Escritora y actriz

Según Roberto Echavarren, la obra de esta poetisa tan singular se deslinda de la poética que se consideraba válida en el Uruguay de los años setenta, ya que frente al tipo de poesía coloquial de la época, se presentaba rotunda una literatura fabulosa que podría ligarse al simbolismo y surrealismo franceses. De hecho, Di Giorgio se vio muy influenciada por estos movimientos y los autores que los conformaban, ya que una parte de su vida permaneció en Francia, donde publicó Misales en edición bilingüe, traducida por Gabriel Saad, y donde protagonizó un film cuando estuvo becada en la Casa de los Escritores. A parte de este film en el que Marosa aparece recitando, actuó en otros videos: Lobo, una producción de quince minutos dirigida por Eduardo “Pincho” Casanova y un último, Montevideo-Proust, dirigido por Hermes Millán.

La simbología, el erotismo y los animales de Marosa

Las obras de Marosa di Giorgio están llenas de contraposiciones envueltas en una magia candente, un ardor casi impúdico camuflado entre la simbología de las flores y un bestiario. Lo humano y lo animal, la realidad y la ficción, lo etéreo y lo tangible, lo religioso y lo pagano… hacen florecer esa creatividad literaria que hace tan peculiar a la autora. Existe igualmente una especial complacencia a la hora de relatar imágenes de violencia erótica: el miedo, el placer, el terror y el goce se mezclan como fuerzas que únicamente pueden existir si van ligadas. El deseo, la insatisfacción, la imagen virginal de doncellas que llegarán al éxtasis tras haber sido asaltadas por animales feroces: lobos, tigres… pero solas, se autosatisfacen en medio de la naturaleza, donde a veces habrá alguien mirando, invisible, siendo espectador de las sensaciones, del goce.

Cada una de sus obras forma un conjunto en constante mutación. Todo está en movimiento. Se perciben olores, tactos, rugidos lúbricos y un estímulo erótico constante. Dentro de su literatura, la simbología conforma un amplio abanico, desde la creación del universo a partir del Big-Bang, analogía derivada de los “Huevos” que ponen las protagonistas de sus obras, hasta la personificación del hombre-animal o del animal-hombre, pasando por un dilatado conjunto de alusiones oníricas y mitológicas, desligadas del panteón grecorromano y más cercanas a ciertas visiones de mundos paralelos que coexisten con el propio, y donde la magia de las hadas y la naturaleza salvaje prevalecen ante lo cotidiano.

Misales

Misales es el primer libro de relatos que publicó Marosa di Giorgio en 1993 y está compuesto por 35 narraciones cuyo eje central es un “planteo sexual” (1).

La sexualidad y el erotismo llevan las riendas de cada historia narrada, y aunque esta sexualidad aparece violenta y terrena, va ligada a un misticismo cercano a la mística hindú y las fases del yoga, como bien especifica Enrique Solinas en su análisis de esta obra de di Giorgio.

Para Enrique Solinas, Misales es un éxtasis constante cuya consecuencia es el éntasis, ambos indisociables en el conjunto de narraciones de la obra. El erotismo sería una representación de la unión mística y lo carnal, el sendero que llevaría a este misticismo: “salir de sí, para entrar en sí”.

La sexualidad en Misales rezuma matices violentos. Cada personaje está vinculado a la bestia y al ángel, a la violencia y al placer. Lo femenino y lo masculino aparecen distorsionados, mezclados con la animalidad. La castidad y la sensualidad también van de la mano, no pudiendo disociarse un concepto del otro, más que en el disfrute último de los personajes alcanzando la divinidad a través del éxtasis.

Misales es una obra compleja, difícil de asimilar con una sola lectura, pues llena de simbolismo, a veces consigue que se escapen ciertos conceptos y significados bajo el adorno floral con que la autora nos deleita. En dicha complejidad cabe el lleno vacío y la naturaleza floreciendo de forma perenne, las cuestiones sin resolver y los narradores omniscientes, observadores de toda acción, envueltos a su vez de un sueño mágico imposible de eludir cuando se está leyendo a Marosa.

(1) Enrique Solinas, Éxtasis y éntasis en al libro Misales de Marosa di Giorgio.