Editor's Choice

Marjane Satrapi

Los matices de una identidad en blanco y negro.

Marjane Satrapi - passionforcinema
Marjane Satrapi - passionforcinema
El trabajo de la historietista iraní Marjane Satrapi nos muestra un mundo de intimidades femeninas, memorias personales que se enlazan con su contexto histórico-político

1979. El año de la revolución islámica en Irán. El año en que una Marjane Satrapi de 10 años de edad tiene que llevar el velo tradicional cubriéndole la cabeza. Veintiún años después, esa situación queda impresa en las primeras páginas de Persépolis, la memoria en historieta de esta autora nacida en Rasht en 1969, y que vive en Francia desde 1994. A través de sus viñetas en blanco y negro, Satrapi nos lleva de la mano por los conflictos políticos y sociales del Irán de principios de los ochenta y al mismo tiempo nos deja ver sus reacciones, actitudes y cambios personales de una manera clara, sin disfraces y sin victimismos.

El espectro del blanco y negro.

Quizá ahí radique el gran éxito de las obras de Satrapi (Persépolis, Bordados, Pollo con Ciruelas): en que con dibujos aparentemente elementales nos permite ver complejidades de todo tipo. Nos deja ver que no existen bandos definidos de buenos y malos; que incluso alguien que pertenece al sistema opresor puede mostrar humanidad, y que alguien que vive con miedo puede tener reacciones que en circunstancias normales lo avergonzarían. Nos hace ver cómo una niña y posteriormente una mujer van construyendo su identidad en entornos hostiles. Nos permite presenciar las conversaciones femeninas sobre el sexo y el amor. Nos permite conmovernos hasta las lágrimas ante el violinista que ha perdido la ilusión de vivir junto con su instrumento.

Que imágenes creadas en blanco y negro absolutos sean capaces de generar una visión tan compleja y completa de las situaciones que narran, no deja de ser sorprendente. Y citando un perfil que le hacen, que igualmente podría referirse a sus obras, Satrapi “es exigente y terminante con sus principios, pero hay algo encantador y humilde acerca de ella que le quita aspereza a sus palabras.”

Ahí están, sobre el papel, los bordes bien definidos de las superficies negras o blancas que conforman sus imágenes; están las palabras sin eufemismos y las situaciones crudas por las que pasan las personas sobre las que escribe. Y todo ello se presenta sin pretensiones pontificadoras, sin sentimentalismos fáciles; con humor cuando es el caso, con ternura y con tristeza, sin palabras cuando no se necesitan.

La relación que se hace de Persépolis con Maus, de Art Spiegelmann no es gratuita, pues en ambos casos se trata de recuentos familiares que nos permiten vislumbrar momentos históricos más amplios, sin el filtro grandilocuente de las versiones oficiales generadas por alguno de los bandos en conflicto.

Hacer política de lo personal

Resulta fascinante poder acercarse a una historia que a la vez nos es cercana y lejana: los lugares en los que ocurre pertenecen a lo que desde la antigüedad ha sido "el Otro" para los occidentales. Y al mismo tiempo, los conflictos de Satrapi y su familia son dolorosamente, graciosamente, bellamente reconocibles. Las experiencias que nos parecerían impensables por su circunstancia geográfica resuenan con ecos de familiaridad en la memoria del lector. La adolescencia, la familia, la tristeza. Y en un movimiento lógico y hacia el otro lado, nuestra familiaridad con los dolores, risas y gestos de los Satrapi nos hace percibir lo que tiene de terrible su entorno político; lo que tiene de terrible vivir con miedo en casa o lejos de lo que la entraña reclama como su hogar.

A partir de sus dibujos y sus palabras, Marjane Satrapi hace política en el mejor sentido que puede tener este término tan denostado últimamente. Hace política recuperando su historia y dejándonos ver qué pasa cuando dejamos que el miedo nos venza, personal y socialmente. Hace política porque no pierde las ganas de seguir luchando con sus imágenes y sus textos para que la mayor cantidad de gente sepa qué es Irán y por qué lo ama.

Este compromiso con su trabajo y su visión la hizo buscar un equipo en quien ella confiara para trasladar Persépolis al cine, así como participar en la creación de ésta película para que su historia y la de su amado país llegaran a más personas. Y también hace política cuando, a pesar de llevar años viviendo en Francia, aún sueña con regresar, no a morir, sino a vivir en un Irán más justo.

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