Desde la antigüedad en Rusia y Grecia, se empezó a invocar a la Virgen María, como Auxiliadora, los griegos la llamaban Boetéia. San Juan Damasceno uno de los Padres de la Iglesia, defensor de las imágenes y escritor de la obra la Fuente de la sabiduría, fue el primero en repetir y extender la jaculatoria: “María Auxiliadora ruega por nosotros”. San Bernardo, destacado mariólogo planteaba que con el auxilio de María se llegaría al cielo. Mientras que santo Tomás de Aquino, decía que la virgen es auxiliadora de los hombres.

Los orígenes de la devoción a María Auxiliadora

El 7 de octubre de 1571 se efectuó la batalla de Lepanto, entre católicos y musulmanes ganando los primeros. Al mismo tiempo del combate el papa dominico Pio V, rezó con una multitud el Rosario, en agradecimiento del triunfo, creó la fiesta de Nuestra Señora de la Victoria, que se transformaría en la fiesta del Rosario. Es precisamente en las letanías lauretanas, que forman parte del rezo del Rosario y que fueron aprobadas por Clemente VIII, donde se dice: "María auxilio de los cristianos ruega por nosotros". En 1683 los católicos obtuvieron una importante victoria contra los mahometanos en Viena, después del triunfo se formó una asociación que se llamó de María Auxiliadora.

En el siglo XIX el papa Pío VII fue aprehendido por Napoleón y estuvo mucho tiempo preso. El papa le prometió a la virgen decretar una nueva fiesta, en honor a ella, si lo liberaba. Napoleón fue a Rusia con su ejército y perdió, además a su regreso fue derrotado por sus enemigos, quienes lo enviaron a una isla. Entonces el papa Pio VII pudo ser liberado y regresó a Roma el 24 de mayo de 1814. Decretó ese día dedicado para la fiesta de María Auxiliadora. En 1815 se celebró por primera vez y en ese mismo año nacería el gran promotor de esta devoción, san Juan Bosco.

San Juan Bosco gran promotor de la devoción de María Auxiliadora

Juan Bosco fue un hombre de origen humilde, que con muchos sacrificios llegó a ser sacerdote y dedicó su vida a la atención de la niñez y juventud desamparada. Él recomendaba que la verdadera devoción a María implicaba en primer lugar el mejoramiento de la vida, luchando contra los defectos, venciendo tentaciones y alejándose de las malas amistades; en segundo lugar la imitación de las virtudes de María y seguir ciertas acciones externas como portar el escapulario o llevar una estampa, escribir en los libros la frase: María Auxiliadora o colgarse una medalla. Bosco decía que la tristeza y melancolía debían quedar fuera de la vida, ya que quien ama a Dios y a la Virgen, siempre debe estar contento.

El 9 de junio de 1868 se llevó a cabo la congregación de la basílica de María Auxiliadora en Turín, la gente le preguntaba a san Juan Bosco, que cómo lo había logrado con sólo unas monedas y en tan poco tiempo, sólo cuatro años: él contestaba que cada ladrillo había sido un milagro logrado por la intercesión de María Auxiliadora. San Juan Bosco recomendaba si quieres saber qué son los milagros, o cuando tengas alguna angustia o necesidad, simplemente se debe repetir durante todo el día: “María Auxiliadora rogad por nosotros” y veréis lo que son los milagros. San Juan Bosco seguía la misma tesis que san Luis María Grignion de Montfort, que María era un acueducto que ayuda a encontrar a Dios. Bosco en esa línea decía que los seres humanos tienen dos columnas para enfrentar la vida que a la vez son dos alas para llegar al cielo: la devoción a la Virgen María y la Eucaristía. San Juan Bosco junto con santa María Mazzarello fundaron en 1872 la congregación de María Auxiliadora, que es la rama femenina de los salesianos.

Iconografía de María Auxiliadora

La fiesta de María Auxiliadora se celebra el 24 de mayo. Su iconografía es la siguiente: La Virgen María aparece cargando al Niño Dios. Ambos portan corona, que simboliza el triunfo. En la otra mano lleva un cetro, que simboliza el poder, esto es la omnipotencia suplicante de María, ya que ella lo que quiere se lo pide a su hijo que es Jesucristo y Él se lo concede.

La aureola de María lleva 12 estrellas, como lo menciona el Apocalipsis. Colores rosa y azul, que representan el amor materno y la sabiduría respectivamente. En Turín la virgen aparece junto con los 12 apóstoles, para simbolizar lo importante que es la predicación.