El dos de Noviembre de 1755 nace en Viena la que sería Reina de Francia desde 1774 hasta el día de su muerte, el 16 de Octubre de 1793. Bautizada como María Antonia Josefa Juana de Habsburgo-Lorena, pasará a la historia como María Antonieta, la reina guillotinada.

Desde el día de su llegada a Versalles Francia odió a esta austriaca, se la consideraba frívola y caprichosa. Las grandes fiestas que organizaba, las timbas en las que se apostaban exageradas cantidades de dinero y sus gustos caros la otorgaron fama de despilfarradora, y más si se tiene en cuenta que el pueblo francés pasaba hambre, mucho hambre.

Mujer reina y reina mujer

Casada con un hombre (Luis XVI) amante de la caza y poco preocupado por las realidades de su País, fue una mujer inteligente, educada estrictamente y aleccionada para ser la esposa de un rey. Podría decirse que esta muchacha aprendió a ser reina antes que a ser mujer.

La psicología de las personas se basa en gran medida en su educación, así que si se nace en 1755 en la corte austriaca y además se es mujer hay muchas probabilidades de creerse una diosa y de actuar como lo haría una divinidad.

Tenía 15 años cuando contrajo matrimonio, con 19 años fue coronada reina consorte de Francia, con 23 tuvo a su primera hija, tres años después tuvo a su primer hijo varón, al que siguieron dos hijos más, la última, Sofía, murió con sólo un año de vida.

Pero Maria Antonieta no sólo no era odiaba por el pueblo francés, desde su llegada a Versalles suscitó críticas entre los nobles de la propia corte. Además constantemente se la acusaba de influir políticamente sobre su marido y beneficiar así los intereses austriacos.

Siempre se la consideró una espía extranjera más interesada en asuntos carnales (se la suponen varios amantes) y en despilfarrar las arcas reales en beneficio propio, que en ocuparse de alimentar al pueblo francés. Francia se moría de hambre y sus reyes vivían ajenos a la realidad.

Morir como una reina

Pero lo que verdaderamente llama la atención de todo esto, entre otras cosas, porque pocos reinados existen a los que no se les haya calificado de absolutistas, tiranos y frívolos; es la forma en la que Maria Antonieta se enfrentó a la muerte.

El juicio fue una pantomima, los dos abogados que la defendieron, Tronçon-Ducoudray y Chauveau-Lagarde, jóvenes inexpertos, expusieron un alegato muy pobre basado en las pocas notas que pudieron redactar.

Durante el juicio se le acusó de mantener juegos sexuales con su hijo Luis XVII, y en ningún momento se tuvo en cuenta que fue ella la que intercedió e hizo que su marido Luis XVI aceptara la Constitución, aunque para lo único que realmente le valió fue para morir el 21 de enero de 1793 despojado de todos sus títulos por el gobierno republicano (cuestión de formas, es de suponer).

El 16 de agosto de ese año es condenada a muerte.

Seis meses después de la muerte de su marido, Maria Antonieta pasó de la prisión del Temple a la Conciergerie, lugar que hoy en día se puede visitar y donde el guía muestra el pequeño habitáculo donde pasó los últimos meses de su vida.

Disponía de una minúscula ventana como única vía de comunicación con las otras damas detenidas y a las que sí dejaban pasear por el patio exterior. Esta celda estaba separada de sus dos carceleros únicamente por un biombo.

Cuenta la leyenda, que el día de su ejecución, el 16 de Octubre de 1793, después de sufrir la muerte de un hijo, la de su propio marido, la separación de sus otros tres hijos y la humillación de ser insultada y menospreciada por toda Francia, tenían reservada para ella una última degradación. Debía de atravesar la puerta de salida de su celda, que no llegaba al metro de altura, supuestamente agachada, con la cabeza mirando al suelo en señal de sumisión al pueblo que la había condenado. Ella no aceptó esta última humillación y se colocó de cunclillas, traspasando la minúscula salida con el tronco erguido y la cabeza bien alta. En cierto modo demostro al pueblo francés, muy dado a simbolismos de este tipo (Napoleón Bonaparte tiene también una anécdota similar) el significado de una frase que ella misma sentenció: “Ama muy poco el que teme morir”.

Analizando su lado negativo seguramente fuera una joven caprichosa, frívola y despilfarradora, a la que educaron para vivir rodeada de lujos. Que probablemente no se preocupara por las calamidades que sufría el Pueblo. Pero de lo que no cabe duda es de que su muerte simboliza el final de un época y el principio de otra y que, quizás, pedir a una adolescente ciertas responsabilidades, en cualquier época de la Historia es, simplemente, un error.