Al poeta Federico García Lorca, desde que se celebró el I Concurso de Cante Jondo* en Granada, andaba rondándole por la cabeza la fórmula estética de Manuel de Falla “de lo local a lo universal”. Con este sentir, el 7 de abril de 1924, el granadino comienza a escribir “El Romancero Gitano”.

En esa misma fecha, en el Cuartel de Las Cien Luces en Puente Genil, el Juez Municipal Fernando Cortés Gálvez va a leer un poema de Manuel Pérez Carrascosa “Las fiestas de mi pueblo”. Si Lorca hubiese tenido ocasión de leer estos versos sencillos, seguro que habrían sido de su agrado. Él hablaba así del cante jondo en sus conferencias: “Causa extrañeza y maravilla cómo el anónimo poeta del pueblo extracta en tres o cuatro versos toda la rara complejidad de los más altos momentos sentimentales de la vida del hombre”.

Manuel Pérez Carrascosa, el poeta del pueblo

Pérez Carrascosa no tiene el reconocimiento de otros poetas pontanenses como Manuel Reina, Ricardo Molina o Juan Rejano. Sin embargo, para muchos es un poeta meritorio, dueño de ese raro talento de contactar con el sentir del pueblo, tan apreciado por Lorca.

En la comida de Función de “Las Cien Luces”, se oyen por primera vez unos versos que el pueblo ha hecho suyos y pasan de padres a hijos o se recitan a los forasteros: “Pa ver prusesionej / güenaj y con grasia,/ vente, chache, conmigo a “La Puente” / pá Semana Santa…”. Conozcamos a su autor.

La obra poética de Manuel Pérez Carrascosa (Puente Genil)

Manuel Pérez Carrascosa era un artista bohemio que no se preocupó en vida por publicar su obra. Como apunta Manuel Medina, "durante su vida no dejó de hacer versos, sin pensar en aplausos, honores ni gloria; su pluma tenía el temple espiritual de la bohemia de su tiempo". De hecho, escribió muchas de sus composiciones en simples servilletas de bar, en papel de oficio de los Juzgados o en los folletos de cine que repartían en el Sebastián Linares.

Por eso, su obra completa se encuentra dispersa. Solo han llegado hasta nosotros los “Versos casi olvidados” y los poemas que José Arroyo Morillo recopiló con paciencia y publicó en el volumen VII de la Colección Anzur, en 1978. Medina alaba el trabajo de Morillo, su "labor terca, de búsqueda, archivo y selección" de los versos del poeta.

No obstante, nos consta que parte de su obra continúa inédita y en poder de algunos de sus amigos (permanentes u ocasionales), a los que sería oportuno solicitárselas a fin de darlas a conocer.

Biografía breve de Manuel Pérez Carrascosa

Nació en Puente Genil, el 14 de abril de 1892, a las cuatro y cuarto de la tarde, en la casa número 13 de la Cuesta Romero (la casa en la que después estuvo tantos años la Central de Teléfonos).

Era hijo de Manuel Pérez Rivas, profesor de Instrucción Primaria (natural de Puente Genil) y de Enriqueta Carrascosa Guerrero (natural de Sevilla).

Fueron sus abuelos paternos Manuel Pérez Cejas e Isabel Rivas Baena, naturales de Puente Genil. Y los maternos, Miguel Carrascosa Giménez, natural de Ucera (Soria) y Doña María del Valle Guerrero y Guerrero, natural de Écija (Sevilla).

Al pequeño Manuel lo bautizó Don Enrique Muñoz en la Parroquia de La Purificación de Puente Genil, un 18 de abril de 1892. Le pusieron los nombres de Manuel, Tiburcio, Valeriano del Sagrado Corazón de Jesús y de la Santísima Trinidad. Sus padrinos fueron Marcos Bajo Martínez y su hija Elisa Bajo y Daza. Actuaron de testigos Miguel Cáceres y Antonio Barcos.

Manuel hizo el Bachilllerato en el Instituto de Aguilar y Eslava de Cabra y la carrera de Leyes en la Universidad de Granada. Precisamente, es en su época de estudiante cuando se despierta su vocación poética, que lo acompañaría hasta momentos antes de su muerte.

Ejerció de abogado, con estudio abierto en Puente Genil. Prestó juramento ante el Juez de Primera Instancia e Instrucción de Aguilar de la Frontera, el día 15 de octubre de 1928. En alguna ocasión, ejerció como Juez suplente de Puente Genil. Es destacable también que prestó “magníficos” servicios como letrado asesor del Ayuntamiento de la Villa.

El poeta que escribía “¿Me caso o no me caso?” (“Oye bien que la razón/ es quien mejor te aconseja/ deja esa rutina vieja/ de la humana condición…") acabó por casarse el día 26 de un frío enero de 1963. A la edad de 70 años y en la misma Parroquia en la que lo bautizaron, contrajo matrimonio con Doña Mercedes Nieto Fuentes, de 52 años, natural de Sevilla. Los desposó el Reverendo Don Julián Sánchez, con licencia de Don Antonio Liébana Santiago, siendo testigos Manuel Muñoz Juárez y Manuel Reina de Porras.

Llevó una vida bohemia, no dando nunca valor a lo material lo que, casi al final de su vida, lo llevó a situaciones de extrema precariedad, pues vivía al día. Al crearse la Mutualidad de Previsión de la Abogacía, no causó alta en la misma, por lo que no devino en él el derecho a percibir la pensión de jubilación.

Unos abogados (a los que es de justicia nombrar: Pascual Crespo Chacón, Daría Giménez Ruiz-Matas, Manuel González Aguilar, Bartolomé Vargas Escobar, Fernando Sillero de la Rosa y Leonardo Velasco González) lograron que le fuera concedida una pensión graciable en marzo de 1972, lo que ayudó a nuestro poeta a vivir dignamente los últimos cinco años de su vida (murió el 11 de abril de 1977).

Anécdotas de Manuel Pérez Carrascosa

En una ocasión en que estaba el Juzgado en la Cuesta Borrego, tenía un juicio con un cliente huertano (en una época, tuvo mayoritariamente como clientes a hortelanos de la villa). Trató de informarlo sobre cómo contestar a las preguntas del Juez y del Fiscal. La escena tuvo lugar en el portal de la casa contigua. Como quiera que el cliente no aprendía con prontitud, tras varios intentos, optó por llevarlo a la Sala de Juicios. Con tan mala suerte que, al llegar, habían perdido el juicio por incomparecencia de una de las partes.

Sus compañeros de Los Apóstoles comentan sobre él que era “un ameno y gran conversador, dado su gran equipamento cultural. No era dado a la polémica, aunque no rendía fácilmente su opinión. Trataba de convencer y no de vencer a sus interlocutores”.

Tenía una habilidad especial para los trabajos manuales. Por ejemplo, con una cartulina de color negro y unas tijeras hacía en el acto una magnífica silueta de perfil de cualquier persona que posara para él un momento. También acostumbraba a cortar sus propios pantalones, para lo que tenía unos patrones especiales. Enrique Aguilar sonríe al recordar: “es de fácil recuerdo la altura a la que los sujetaba, con tirantes”.

Influencias en la obra poética de Manuel Pérez Carrascosa

José Arroyo Morillo detecta en la poesía de Pérez Carrascosa un fondo machadiano. En efecto, en los versos del pontanés hay un eco de la poesía de Antonio Machado, “exenta de metáforas brillantes, sonoridades hueras… y rica en formas métricas ahítas de sencillez y simpleza… versos desnudos, sobrios e impregnados de gravedad”.

Valgan estos versos de ejemplo: “Un pedazo de cielo y un pedazo de río,/ en la tierra parduzca, unos espinos secos,/ unos álamos blancos, cuyos troncos entecos/ se levantan desnudos retorcidos de frío…” (Cuadro de otoño).

El que fuera cronista de la Villa también encuentra en su obra influencias de Manuel Machado, Juan Ramón Jiménez, Rafael Alberti, García Lorca, Gerardo Diego, Luis Cernuda y Vicente Aleixandre.

Pero lo mejor de Pérez Carrascosa quizá sean esos versos leídos por vez primera en el Cuartel de “Las Cien Luces”: “Yo no sé si m´habré yo explicao, / yo no sé si la hijtoria ejtá clara/. Maj lo dicho: pá ver prusesionej/ güenaj y con grasia,/ vente, chache, conmigo a “La Puente”/ pá Semana Santa”.

Agradecimientos

Este artículo está basado una biografía breve que Enrique Aguilar regaló a mi padre, hermano del poeta.

* Una curiosidad: casualmente, el citado I Concurso de Cante Jondo (celebrado en la Plaza de Los Aljibes de la Alhambra) lo ganó Diego Bermúdez Cala, el "Tenazas", un moronense asentado en Puente Genil.

Bibliografía de Manuel Pérez Carrascosa (Puente Genil)

  • Arroyo Morillo, José (Comp.) (1978): "Toda la obra poética del pontanés Manuel Pérez Carrascosa". Colección “Anzur”, Vol. VII. Puente Genil.
  • Pérez Carrascosa, Manuel (1976): “Versos casi olvidados”.
  • Medina González, M.: "Magisterio de la poesía. Epílogo".