El Modernismo aparece como una respuesta a la búsqueda de identidad en los pueblos latinoamericanos y la base de su unidad es dada por el idioma español. Gutiérrez Nájera y su poema “La duquesa de Job” fusiona tradición europea con características de la nación mexicana.

La ambición del Modernismo

Los poetas modernistas comparten no sólo el lenguaje sino una serie de características que los distinguen de otras corrientes, aun cuando, ciertamente, el Modernismo como tal no tuvo nunca un manifiesto que describiera sus formas o sus parámetros. Como un movimiento que busca obtener una identidad, misma que se logra, quizá paradójicamente, con el individualismo de cada uno de los poetas del movimiento, existen muchos detalles específicos en la poesía modernista, que la llenan de un toque puramente personal y auténtico.

Manuel Gutiérrez Nájera nace en 1859. Múltiples estudios lo han colocado como iniciador del Modernismo; José Emilio Pacheco en su Antología del Modernismo 1884-1921 habla del autor así: “relegado durante mucho tiempo al modesto sitio de precursor Gutiérrez Nájera es visto hoy como uno de los iniciadores del Modernismo.” Aunque este título de precursor quizá se refiera más bien a la prosa pues se ha recalcado que es esta la que es de hecho más lograda y reformada que su poesía. La huella de Gutiérrez Nájera se puede buscar, así, en producciones famosas posteriores a él, como lo dijera Henríquez Ureña en su Breve historia del Modernismo: “La prosa de Azul... más elaborada y profusa en adornos, procedía, en buena parte, de la Gutiérrez Nájera.”

Influencias

El Modernismo en realidad estaba muy nutrido de la influencia del Simbolismo y Parnasianismo francés, movimientos en los que se buscaba un retorno a los clásicos, por un lado, al tiempo que se pretendía un culto a las formas y símbolos implícitos en los textos. Los modernistas veían a Europa como una especie de paraíso ideal al que todos querían pertenecer de alguna manera.

Gutiérrez Nájera, en efecto, manifiesta en sus poesías muchos ideales europeos, ve a París como la ciudad más elegante y hermosa. Los estudios literarios de Gutiérrez Nájera abundan en escritores franceses: Victor Hugo, Lamartine, Musset, Gautier, Baudelaire, Copée y Verlaine. Como parte de su educación, el pequeño Gutiérrez Nájera hablaba un excelente francés al llegar a la adolescencia, a pesar de que nunca tuvo la oportunidad de hacer un solo viaje a París.

"La Duquesa de Job"

El poema más representativo de Gutiérrez Nájera y que vino a convertirse en referencia central del modernismo es precisamente “La Duquesa de Job”; este poema fusiona los ideales parnasianistas fusionados con la realidad mexicana de entonces; habla de una muchacha bastante peculiar; no es aristócrata ni moza, sino una modista que es de algún lugar de la ciudad de México y cuya belleza es espectacular pero no parece típicamente mexicana:

"Ágil, nerviosa, blanca, delgada,

media de seda bien restirada,

gola de encaje, corsé de ¡crac!,

nariz pequeña, garbosa, cuca,

y palpitantes sobre la nuca

rizos tan rubios como el coñac."

Esta duquesa tiene rasgos físicos que recuerdan la fisonomía típicamente europea, esto dentro de un ambiente más bien mexicano, donde se recuerda la calle de Plateros y Chapultepec.

Temas del Modernismo

Hablar de temas propios del Modernismo en cualquiera de sus etapas puede resultar quizá muy aventurado, ya que debido a que se buscaba primordialmente dar una identidad y una individualidad al poeta, el espectro tiende a hacerse muy amplio; sin embargo es posible destacar características muy concretas que Gutiérrez Nájera presenta en sus poemas.

El uso de los colores es un elemento fundamental en su poesía. El Modernismo buscó adaptar las artes plásticas a la literatura, haciendo que la descripción hecha en poesía se asemejara al retrato o a la pintura.

Nájera también tiene la sensibilidad de captar los colores y describir las imágenes para que adquieran realidad en el espectador, un fragmento de “Mi casa blanca” puede ilustrar el manejo de los colores, casi como en una pintura:

"En medio de agreste, feraz hondonada,

cubierta de acacias y flores de Abril,

mi blanca casita se mira rodeada

de huertos floridos, de ameno pensil.

Los céfiros pasan rosando sus muros

y un beso de amores temblando la dan;

y forman en torno boscajes obscuros

los blancos rosales y el verde arrayán.

Trepando en sus tapias el musgo y la yedra,

la esmaltan y cubren de fresco verdor

y brillan las aguas en taza de piedra

cascadas de perlas lanzando en redor".

Otro tema de importancia es la melancolía de la vida a la par de la tristeza de la existencia. Gutiérrez Nájera en “Pax Animae” se enfoca más en que la vida es demasiado efímera y se debe de vivir sea como sea:

"¡Ni una palabra de dolor blasfemo!

Sé altivo, sé gallardo en la caída,

¡y ve, poeta, con desdén supremo

todas las injusticias de la vida!"

Es importante cómo en su visión de la vida incorpora la idea de la esperanza vista como algo efímero, como si uno no pudiera tener esperanza siempre ya que la realidad es demasiado dura como para soportarla. La condición del hombre queda expresada como una irremediable existencia en la que todo lo bueno desaparece y sólo queda la soledad aun después de haber tenido una leve esperanza, pues esta también se va.

Tradición e innovación

Gutiérrez Nájera siempre recurre a los colores y al paisaje; en busca de la renovación lingüística, le es imposible negar la tradición de la que viene. Escribe con una métrica ceñida a los modelos de retórica que lo anteceden, quizá con algunas innovaciones en verso libre, muchos de sus poemas tienen presente los elementos de forma y fondo que recuerdan al Romanticismo europeo y a la poesía del Siglo de Oro.

Un vistazo general a la estructura de su poesía, en cuanto al aspecto técnico, demuestra el uso de rimas sencillas y generalmente asonantes cuyo encanto radica en el ritmo espléndido de que gozan. La poesía de Gutiérrez Nájera está más bien distinguida por la originalidad de sus imágenes; a la posteridad, fue muy imitado y sus obras fueron punto de partida para otros poetas en el futuro.

Es indudable que con Gutiérrez Nájera se abre paso toda una generación de poetas geniales que innovaron forma y métrica en el lenguaje y cuya creación literaria permanece hasta la actualidad formando parte de lo que estaría conformando la tradición literaria latinoamericana.