Manuel Gómez Cantos está considerado como uno de los más terribles criminales de guerra que hubo en Extremadura durante y después de la Guerra Civil. Sus métodos y tácticas fueron tan expeditivos y salvajes que hasta sus propios mandos renegaron de él.

Apuntes biográficos

Nació el 25 de marzo de 1892 en San Fernando (Cádiz). Militar, su hoja de servicios antes de la Guerra Civil fue cualquier cosa menos un modelo. En febrero de 1936 es trasladado a Villanueva de la Serena (Badajoz) donde se le pone al mando del destacamento de la Guardia Civil. El 18 de julio procedió a desarmar y detener a los militares fieles a la II República, aunque se vio obligado a abandonar la localidad y dirigirse con sus hombres hasta Miajadas (Cáceres). Existen evidencias que hacen suponer que ordenó ejecutar a un número indeterminado de vecinos de la zona.

El 2 de agosto fue cercado en las proximidades de esta localidad y, simulando una falsa rendición, mando disparar a discreción sobre las confiadas tropas republicanas que se acercaban causándolas 213 bajas.

Fue nombrado Jefe de Policía del 2º Cuerpo de Ejército interviniendo en la toma de una serie de pueblos de Badajoz donde los fusilamientos y la represión alcanzaron cotas difícilmente inimaginables. A finales de 1936 es nombrado Delegado de Orden Público en esta ciudad, a pesar de que fue acusado de la desaparición de numerosos bienes materiales pertenecientes a civiles.

Fue doblemente propuesto para el ascenso a comandante de la Guardia Civil y para la concesión de la medalla militar individual en diciembre de 1938 y, más tarde, desde 1942, Jefe de la Comandancia de Cáceres con el cargo de teniente coronel.

Una vez finalizada la guerra la lucha contra la guerrilla en Extremadura se convirtió en su obsesión. Según recoge el historiador Secundino Serrano, el 8 de diciembre de 1940 ordenó la detención y posterior ejecución de 28 vecinos de las poblaciones cacereñas de Cañamero y Logrosán.

Estos hechos, junto a los acaecidos en Alía y Castilblanco y el fusilamiento de tres guardias civiles en Mesas de Ibor marcan un hito difícilmente superable de odio y sangre.

Sucesos de Alía

El día 25 de agosto de 1942, tras confeccionar una lista de nombres escogidos al azar, envió a sus guardias civiles a Alía (Cáceres) y a una pedanía cercana llamada La Calera. Esta vez el pretexto fue el de sospechar que gran parte de la población de estos dos núcleos apoyaba a los "maquis". 31 personas fueron ejecutadas en los cinco días posteriores tras sufrir salvajes interrogatorios.

Por estos hechos le fue concedida a Gómez Cantos la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco en atención a sus "muy relevantes servicios".

Sucesos de Castilblanco

El 1 de septiembre de 1942 Gómez Cantos intentó otra matanza similar en Castilblanco (Badajoz), aunque de dimensiones más espeluznantes. Presentó a las autoridades locales una lista de 90 posibles colaboradores de la guerrilla, pero el buen hacer del párroco local, Ambrosio Eransus, evitó una tragedia.

Los fusilamientos de Mesas de Ibor

La comarca de Los Ibores (Cáceres) era una de las más propicias para dar cobijo a los numerosos maquis que actuaban por la zona. Las partidas de los míticos "Francés", "Chaquetalarga" y "Quincoces" resistían gracias al apoyo que recibían de una gran parte de la población. Pero en 1945 la penetración masiva de guerrilleros por el Pirineo desde Francia estimuló la actividad de todos los grupos guerrilleros de la Península.

El 17 de abril de 1945 treinta y ocho hombres pertenecientes a distintos grupos entraron en la localidad de Mesas de Ibor cuya guarnición (un cabo y tres números) fue rápidamente reducida con el balance de un guardia civil muerto. Tras llevarse el armamento, munición y otros enseres, se retiraron a las sierras cercanas.

Tras recibir los primeros informes de los hechos, Gómez Cantos decidió asumir personalmente la dirección de las investigaciones. La mañana del día 18 partió hacia la localidad cacereña con su fiel escolta y, nada más llegar, ordenó el inmediato encarcelamiento tanto del Alcalde como del Secretario del Ayuntamiento de Mesas. El cabo y los dos números que sobrevivieron al ataque guerrillero fueron fusilados aquella misma tarde.

El fin de sus días

Tras el drama acontecido en Mesas de Ibor, el teniente coronel Gómez Cantos fue cesado, procesado y separado del mando por sentencia de Consejo de Guerra celebrado a últimos de 1945, reconociendo el tribunal el delito de abuso de autoridad pero, al mismo tiempo, apreciando el atenuante de que el acusado actuó impulsado por "poderosos motivos de índole moral y patriótica".

El 6 de enero de 1947 ingresó en prisión aunque no cumpliría la pena en su totalidad. Murió el 29 de mayo de 1977 en un populoso barrio de Madrid sin que sus vecinos nunca supieran la verdadera identidad de aquel anciano al que todos respetaban.