Las causas que propician el cáncer dependen de las condiciones físicas y ambientales de las personas. Así, sólo un 5 por ciento de los casos de cáncer se deriva de un factor hereditario.

El cáncer puede ser evitable

Un 10 por ciento se deriva de factores ambientales (contaminación, sustancias tóxicas presentes en el ámbito laboral, radiación por ondas de móvil o celular), y un 80 por ciento de las causas restantes se deriva de los malos hábitos alimenticios, del consumo de sustancias tóxicas, del sedentarismo y de una mala regulación hormonal (en el caso de pacientes femeninas).

Como se ve, son pocos los casos en los que el cáncer surge por razones ajenas a nuestra voluntad. Resulta triste, y al tiempo esperanzador, tener el conocimiento de que son los hábitos de las personas los que mayormente producen una enfermedad de tales dimensiones.

Sí, es evitable. Podemos reducir la probabilidad de padecer cáncer en un 30%. Todas aquellas personas que han tenido casos de esta enfermedad en sus familias, saben de sobra lo que sufren los enfermos y sus familiares. Entonces, si se puede evitar, ¿por qué no intentarlo?

Nuevos hábitos

  • En primer lugar, el primer paso a dar es dejar el tabaco. Este vicio está presente como causa en casi todos los casos de cáncer. Su humo es perjudicial para casi todos los órganos de nuestro cuerpo. El tabaco es un veneno que acorta la vida. Cuanto antes se sea consciente de esto, más rápidamente podremos dejar de fumar y alargar nuestra vida.
  • Han de ingerirse dos litros de líquido diarios. El agua y otros líquidos no alcohólicos son depurativos, limpian el cuerpo y erradican las sustancias tóxicas que éste acumula.
  • Es de especial importancia tener unos hábitos regulares y saludables (lavarse los dientes tres veces al día ayuda a evitar el cáncer de boca). Comer, cenar, dormir, etc., siempre a las mismas horas ayuda a evitar males como el cáncer de colon.
  • Seguir una dieta rica en frutas y verduras (son antioxidantes y ricas en vitaminas C y E), legumbres, fibra, minerales, e incluir la soja en ella (la soja es rica en proteínas vegetales que pueden suplir, en cierta medida, el consumo de grasas animales).
  • Lograr un consumo muy moderado de carnes rojas y centrar la alimentación en carnes de pescado y pollo.
  • Evitar la sal en las comidas (hay otras muchas especias que potencian el sabor de los alimentos y cuyo consumo no supone un riesgo para el organismo).
  • Mantener una buena condición física (el ejercicio moderado y continuo también es depurativo, hace que eliminemos toxinas y que nuestro cuerpo no envejezca prematuramente).
  • Evitar productos ahumados (mirar la composición. Pueden contener sustancias tóxicas o carcinogénicas).
  • Reducir el consumo de alcohol (íntimamente relacionado con el cáncer de colon, boca, laringe, hígado, etc.).
  • Pedir información en los centros de trabajo. En muchas ocasiones se trabaja con sustancias y productos cancerígenos y no se tiene constancia de ello.
  • Realizar chequeos médicos con regularidad (el doctor puede decirnos a tiempo si conviene que dejemos algún hábito específico que pueda llevarnos a padecer algún tipo de cáncer).
  • Tener una vida sexual responsable (el cáncer de cuello de útero se deriva, en muchos casos, de una enfermedad venérea conocida como herpes genital que se contrae al mantener relaciones sexuales sin protección).
  • Evitar la incidencia directa de los rayos del sol en la piel (la causa principal de melanoma, un tumor cutáneo, es la exposición desprotegida a los rayos solares).
Y, de nuevo, como en casi todos nuestros malos hábitos, para dejarlos precisamos de nuestra voluntad. En este caso, la garantía que ofrece es más que motivadora. Pongámosla a prueba.