La malaria es una enfermedad parasitaria trasmitida por la picadura de la hembra del mosquito Anopheles. Una vez se produce la picadura y la subsiguiente infección, los parásitos –esporozoítos– se trasladan al hígado, donde maduran y se convierten en merozoítos. Estos penetran en el torrente sanguíneo e infectan los glóbulos rojos.

La malaria puede transmitirse de la madre al feto y también a través de transfusiones sanguíneas. En buena parte de los países tropicales y subtropicales, la malaria constituye un problema de salud de primer orden. Cada año aparecen entre 300 y 500 millones de nuevos casos de malaria, la mayoría de ellos en África, y de los cuales, más de un millón no logran superar la enfermedad. En definitiva, se trata de una de las enfermedades que entraña más peligro para los viajeros que se desplazan a estas zonas.

El control de la malaria, así como de su propagación, se ha convertido en un problema grave, ya que los mosquitos han desarrollado resistencia a los insecticidas, al igual que los parásitos han hecho lo propio con los antibióticos.

Tipos de malaria

Existen cuatro tipos de malaria: el Plasmodium vivax, el Plasmodium ovale, el Plasmodium malariae y el Plasmodium Falciparum. Este último es el más grave, ya que afecta una mayor proporción de glóbulos rojos y puede resultar letal a las pocas horas de la aparición de los primeros síntomas.

Ciclos de la enfermedad de la malaria

Existen dos ciclos diferentes; el que se lleva a cabo en el mosquito, donde hay reproducción sexual y que recibe el nombre de ciclo esporogónico.

El otro es el que se efectúa en el hombre, con reproducción asexual y que se conoce como ciclo esquizogónico. En esta parasitosis, el mosquito es un huesped definitivo y el hombre el intermediario.

Sintomas de la malaria

Los síntomas de la malaria, en un primer momento, no se distinguen de una afección viral leve, y suelen presentarse entre los diez días y las cuatro semanas una vez se ha producido la infección. La mayoría de los síntomas se deben a la liberación masiva de merozoítos en el torrente sanguíneo, siendo los más habituales:

  • Dolor de cabeza.
  • Escalofríos.
  • Fiebre.
  • Convulsiones.
  • Ictericia.
  • Anemia.
  • Astenia.
  • Molestias abdominales.
  • Sudoración.
  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Heces sanguinolentas.
  • Dolor muscular.
  • Coma.

Prevención de la malaria

El primer paso consiste en recabar información sobre la zona donde se va a viajar. Buena parte de los habitantes de las zonas donde la malaria es una enfermedad endémica han desarrollado inmunidad a la misma. Los viajeros carecen de ella, por lo que deberán tomar los oportunos medicamentos preventivos. El tratamiento debe iniciarse unas dos semanas antes del viaje y continuar con posterioridad; hasta un mes después de haber abandonado la zona de riesgo.

Los medicamentos dependerán de la zona a la que se haya viajado. Entre los más frecuentes están mefloquina, doxiciclina, cloroquina, hidroxicloroquina o Malarone. A pesar de estas medidas preventivas debe evitarse la picadura del mosquito Anopheles –ya que el tratamiento no es efectivo al 100%– usando prendas de vestir que cubran manos y piernas, así como mallas protectoras en las ventanas y repelentes contra los mosquitos.

En los niños la enfermedad es aún más virulenta, por lo que se recomienda evitar esos viajes no solo para los niños, sino también para las mujeres embarazadas.

Vacuna para la malaria

Las vacunas para la malaria se hallan aún en fase de estudio y desarrollo. En la actualidad, la profilaxis es la medida más adecuada para prevenir la malaria. Los ensayos clínicos realizados hasta el momento han sido bastante prometedores y se prevé que en un plazo relativamente corto pueda disponerse de una vacuna eficaz.

Tratamiento de la malaria

En el examen físico se identificará la existencia de hepatomegalia o esplenomegalia. El diagnóstico se confirma con frotis de sangre que se toma a intervalos de 6 a 12 horas.

La malaria requiere hospitalización, especialmente cuando se trata de malaria por Plasmodium falciparum. La cloroquina es el antipáludico que suele utilizarse, aunque es posible que exista resistencia al antibiótico, por lo que es posible que deban utilizarse otro tipo de antibiótico, dependiendo del lugar donde se produjo la infección. Paralelamente pueden ser necesarios otros cuidados médicos, como los líquidos intravenosos y ayudas respiratorias.

El tratamiento adecuado en la mayoría de los tipos de malaria suele ser satisfactorio, con la excepción de la malaria por Plasmodium falciparum con complicaciones. Entre las complicaciones que pueden presentarse en los casos de malaria está la anemia hemolítica, la insuficiencia renal o hepática, la meningitis, la ruptura del bazo o la insuficiencia respiratoria.

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