Encuadrada con frecuencia entre los trastornos del movimiento, el mal de Parkinson también presenta una serie de síntomas en la que se incluyen alteraciones de la función cognitiva, la función autónoma y la expresión de las emociones. Suele aparecer a partir de 60 años, aunque hay casos en que se manifiesta incluso antes de los 40 años. El mal de Parkinson es el segundo trastorno neurodegenerativo más frecuente, solo por detrás del mal de Alzheimer, y afecta tanto a hombres como a mujeres, aunque con una mayor incidencia en estas últimas.

La enfermedad de Parkinson; un trastorno neurodegenerativo

La enfermedad de Parkinson es crónica, de larga duración y con una sintomatología que empeora con el tiempo. Aunque hay muchos estudios e investigación al respecto, a día de hoy se desconocen las causas que desencadenan esta enfermedad. Se sabe que no es contagiosa y, mayoritariamente, no hereditaria. Se cree que la respuesta habrá que buscarla en la combinación de una predisposición genética junto a algunos factores ambientales.

El mal de Parkinson es una enfermedad de difícil diagnóstico, ya que los síntomas, en los primeros estadios, se confunden fácilmente con los trastornos propios de la vejez. Por todo ello, el diagnóstico debe basarse en el historial clínico y en un estudio neurológico.

Esta enfermedad también se conoce como parkinsonismo primario o enfermedad de Parkinson idiopática, indicando este término, precisamente, que se desconoce la causa.

Síntomas del mal de Parkinson

Los primeros síntomas del mal de Parkinson se producen gradualmente y no se distinguen fácilmente de los achaques propios de la edad avanzada. Los afectados pueden sentir leves temblores o dificultad para realizar ciertas tareas. Se pueden percibir leves cambios en el habla, en la escritura, así como sentirse cansados, irritables o deprimidos sin una razón que lo justifique. Todo esto transcurre en un periodo de tiempo que se puede prolongar considerablemente antes de que aparezcan los síntomas más clásicos. Estos primeros cambios, no obstante, suelen ser percibidos por amigos y familiares.

Los cuatro síntomas primarios del mal de Parkinson son:

  • Temblor.
  • Rigidez.
  • Bradicinesia (lentitud en los movimientos voluntarios).
  • Inestabilidad postural.
Por lo general los síntomas comienzan por un lado del cuerpo, afectando posteriormente a ambos lados a medida que avanza el proceso degenerativo. Aun así, suele haber un lado más afectado que el otro. Además de los síntomas básicos anteriormente descritos, hay otros síntomas cuya incidencia varía de un individuo a otro:

  • Depresión.
  • Cambios emocionales.
  • Cambios en el habla.
  • Problemas urinarios y restreñimiento.
  • Dificultad al tragar o masticar.
  • Problemas de la piel.
  • Problemas para dormir.
  • Demencia u otros problemas cognitivos.
  • Hipotensión ortostática.
  • Calambres musculares.
  • Dolor.
  • Fatiga.
  • Disfunción sexual.

Asociaciones para el mal de Parkinson

Tratamiento del mal de Parkinson; medicamentos, neurocirugía y rehabilitación

A pesar de los avances en el terreno de la investigación, en la actualidad no existe cura para el mal de Parkinson, por lo que el tratamiento se centra en el alivio de los síntomas asociados y en mantener la funcionalidad del enfermo el mayor tiempo posible.

Hay tres formas de hacer frente a la enfermedad; mediante el tratamiento farmacológico, el quirúrgico y el rehabilitador. Los medicamentos se dividen en tres categorías. En la primera categoría están los medicamentos que inciden de un modo directo o indirecto en el aumento del nivel de dopamina en el cerebro. La segunda categoría afecta a otros neurotransmisores cuya función reside en la disminución de los temblores y de la rigidez muscular. La tercera categoría de medicamentos sirve para controlar los síntomas no relacionados con el movimiento.

La neurocirugía era uno de los métodos más utilizados hasta la década de los sesenta, pero debido a las complicaciones y riesgos y, sobre todo, a la aparición de medicamentos efectivos, cayó en desuso. Hoy en día, fruto de los adelantos tecnológicos, la neurocirugía ha vuelto a ocupar un lugar destacado para muchas personas que ya no responden al tratamiento con medicamentos.

El tratamiento rehabilitador tiene también gran importancia, ya que los medicamentos solo consiguen en parte mejorar los síntomas motores.

Levodopa y Parkinson

Levodopa es el medicamento más antiguo y el que presenta una mayor eficacia en el tratamiento de los síntomas asociados al mal de Parkinson.

La carencia de dopamina es la responsable de la enfermedad. La levodopa, administrada en forma de comprimido por vía oral, llega al cerebro, donde se convierte en dopamina y ayuda a controlar los síntomas. Se trata de un medicamento bien tolerado, aunque también tiene aspectos menos positivos, ya que no es efectivo para algunos síntomas como la inestabilidad, el bloqueo o la demencia. Por otra parte, aunque sus efectos no se pierden con el tiempo, los tratamientos prolongados requieren un suministro de levadopa cada vez más elevado, puesto que la cantidad de neuronas dopaminérgicas muertas también es mayor.

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