El mal de Chagas debe su nombre al médico brasileño Carlos Chagas. Se trata de una enfermedad parasitaria tropical que tiene su mayor incidencia en los países del centro y del sur de América, aunque debido a la inmigración también se dan bastantes casos en Estados Unidos.

Emparentado con el Trypanosoma africano, causante de la enfermedad del sueño, el mal de Chagas es uno de los problemas de salud más graves en América del Sur. Según los datos de la OMS, entre 16 y 18 millones de personas están infectadas en Latinoamérica. También en España, fruto de la inmigración, se calcula que puede haber cerca de 70.000 personas infectadas.

Etiología del mal de Chagas

Las causas más frecuentes para contraer la enfermedad tienen que ver con el contacto con animales portadores de este parásito, como armadillos, murciélagos, marsupiales, roedores o incluso perros y gatos. La picadura de este parásito supone cerca del 80% de los casos. Vivir en ambientes insalubres o la pobreza –en las zonas donde prolifera este parásito– son otros factores de riesgo importantes.

Otra vía de contagio consiste en recibir una transfusión de sangre de un portador del parásito, aunque la enfermedad no esté activa. También puede suceder vía trasplacentaria, de madre a hijo, o a través de la leche materna. Incluso con la ingestión de alimentos muy contaminados es posible contraer la enfermedad de Chagas.

Sintomatología del mal de Chagas

La enfermedad de Chagas suele diferenciarse entre la fase aguda y la fase crónica. La primera puede ser asintomática, o bien presentar leves síntomas como fiebre, malestar general, inflamación en la zona de la picadura o hinchazón de un ojo. Superada la fase aguda la enfermedad remite sin presentar ningún otro síntoma.

Después de la fase aguda, la enfermedad entra en remisión y no se presenta ningún otro síntoma durante muchos años. La fase crónica, cuando finalmente se presenta, es sintomática, afectando el sistema nervioso, el sistema digestivo y el corazón. Se estima que alrededor de un 30% de las personas infectadas que no reciben tratamiento terminarán desarrollando la fase crónica. Los síntomas abarcan:

  • Estreñimiento (megacolon).
  • Miocardiopatía.
  • Demencia.
  • Dolor abdominal.
  • Desnutrición (debido a los problemas de deglución).
  • Problemas digestivos (megaesófago).
  • Trastornos del sistema nervioso.

Prevención, diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico debe incluir un examen físico y la búsqueda de signos como la inflamación de los ganglios linfáticos, arritmias, taquicardias, hepatomegalia o esplenomegalia. Paralelamente deben llevarse a cabo exámenes como una radiografía del tórax, un hemocultivo, una ecocardiografía, un electrocardiograma, una extensión sanguínea periférica y un enzimoinmunoanálisis de adsorción.

La fase aguda de la enfermedad de Chagas debe ser tratada, al igual que debe hacerse con los niños nacidos con la infección. Igualmente debe procederse, en la mayoría de casos, con la fase crónica.

Los antibióticos no han mostrado demasiada efectividad. Para combatir el mal de Chagas suelen utilizarse dos fármacos; el benznidazol y el nifurtimox. Sin embargo debe tenerse en cuenta que ambos presentan efectos secundarios a tener en cuenta, sobre todo para las personas mayores. Los más destacables son las cefaleas, el vértigo, falta de apetito, erupciones cutáneas o problemas para dormir.

En cualquier caso, la prevención debería ser la primera medida a tomar y en la que invertir los mayores esfuerzos, educando a la población sobre las medidas profilácticas que se deben implementar y proporcionando toda aquella información –por ejemplo asociaciones– que ayuden a frenar la expansión de esta enfermedad. En primer lugar empezando por la propia vivienda, manteniendo limpio y ordenado su interior, eliminando las grietas donde pueda anidar el insecto, alejando del hogar corrales donde puedan vivir animales portadores del parásito y utilizando insecticidas específicos.

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